Montañas de Xián

En la Guerra. Victoria. En la Paz, Vigilancia. En la Muerte, Sacrificio.

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Era un sábado.

Un sábado de Noviembre. Uno de los últimos. Aquella mañana, Ferrik había despertado temprano, pues hacía poco que empezó su trabajo nuevo y se había acostumbrado a hacerlo. Decidió hacer las compras, como cada sábado, y por un extraño pensamiento, encendió el ordenador.

Quería ver su e-mail. Esperaba buenas noticias.

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Desde el último capítulo, Ferrik ha hecho muchas cosas. Se ha comprometido con Sadne, llevan ya más de dos años juntos, y se ven casi siempre que pueden. Han habido problemas, claro, pero... ¿Qué pareja no los tiene? Todo ha podido solucionarse.

Poco tiempo pasó cuando Ferrik se fue a Madrid por primera vez, pero ese día ya se separó de una parte de sí mismo. Tamber se marchó... Se marchó, según ella, para siempre. Sin embargo, al paso del tiempo, se volvieron a ver. Estaba radiante, con su cabello negro unas veces, rojo otras. Siempre iba con una sonrisa en la cara, y siempre animaba a Ferrik.

Un tiempo después, Tamber tuvo que ser hospitalizada para una intervención quirúrgica. Salió adelante. Tamber era una persona con mucha fuerza.

Y un día... Ferrik encendió su ordenador. Había recibido un mail de parte del criado ocupado del cuidado de Tamber. En el mail, le explicaba que había tenido un accidente de tráfico. Tamber estaba grave, pero ella no se rendía.

Unos días después, esperaba buenas noticias.

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Abrió el correo.

Vio las palabras del mail.

Las buenas noticias se volvieron malas. Terribles. Las peores que podrían haberle mandado.

Tamber había muerto a las 8 de la mañana hora de España... la hora justa a la que Ferrik se había despertado aquel sábado de Noviembre.

Algo fue arrancado de raíz de dentro de Ferrik. Sintió como se rompía por dentro. No podía pensar con claridad. Solo pudo llamar a su única luz, pero no pudo contactar con ella hasta pasado un rato. Se echó a llorar... Se echó a llorar por la pérdida de alguien a quien respetaba, a quien admiraba, pero ante todo, a quien quería.

Ferrik tardó un tiempo en sobreponerse. Un par de días después de su partida, el chico soñó por primera vez algo nítido después de mucho tiempo.

Estaba sentado en una valla de madera en un campo de hierva. Llevaba puesto un traje violeta y una espada al cinto. Esperaba. ¿A qué? No lo sabía, pero sabía que debía esperar.

Su espera dio resultado.

A su lado, se sentó ella. Radiante, con un vestido blanco como la nieve y sus cabellos rojos como el fuego. Se sentó para hablar con él.

-No estés triste, si tuvo que pasar, pasó. -Le dijo. -Tienes que cuidar de Sadne, es un cachorrillo demasiado sensible, y tienes que cuidar de ti. Hermano, cuídate mucho. Siempre estaré contigo. Adios.

Acto seguido, Tamber se giró a él, le di un último beso en la mejilla, un beso de despedida... Y detrás de ella apareció de nuevo. Sin embargo, Ferrik no tenía miedo, si no ira, cuando fue envuelta en el manto de tinieblas de la Pálida Dama. Él gritó, lleno de dolor, y cuando saltó para enfrentarse a ella... Despertó.

Despertó llorando, pensando en todo lo que había pasado, en todos los recuerdos que tenía. Decidió guardar los pocos recuerdos que tenía de ella como un tesoro.

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Un tiempo después, ya restablecido, decidió hacer algo que su corazón se negaba a hacer, pero que sabía que debía crear.

Se sentó frente a su ordenador. Abrió una pestaña. Accedió con su cuenta. Y empezó a escribir:

"Era un sábado. Un sábado de Noviembre..."

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Para todos aquellos que haya leído "La Vida de Ferrik", espero que no os importe este último y especial capítulo. Tamber se ha ido, pero seguirá viva en mis recuerdos y en los recuerdos de todos aquellos que la hayan conocido. Solo os pido una cosa.

No la olvidéis, pues cuando se olvida a alguien, es cuando realmente se muere.

Gracias.

La última época de la extraña forma de vivir de Ferrik la recuerda como un borroso sueño, así que trataré de explicarla lo mejor posible...

Tamber fue internada en una residencia estudiantil. Aquel tiempo, Ferrik desconocía las verdaderas intenciones que hubieran podido albergar los corazones de las personas.

La residencia era antigua y vieja. La dirigían monjas ancianas con muy mal genio, y que impedían que Tamber saliera a entrenar o a ver a Ferrik, aunque nunca se olvidará de la primera vez que fue a visitar a Tamber. Él iba con una camiseta de un famoso grupo de Heavy Metal, en la cual salían calaberas, llamas, estrellas y penes, y también fue con pulseras de pinchos. Las monjas lo miraban con cara de decir "Este ser es Satán en persona" y escondieron a muchas niñas que iban y venían. Ferrik solo sonrió.

Tiempo... aquel tiempo la Pálida Dama estaba muy tranquila, y Ferrik lo sabía. Poco a poco, continuaba su relación con Arwen y Sadne. La primera, como dueña del corazón de Ferrik, o eso creía él. La segunda, como una persona muy querida por el chico. Pasó el tiempo, los lazos con Arwen y Sadne se estrecharon. Ambas tenían el teléfono de Ferrik y hablaban entre ellos, aún cuando Arwen vivía en otro continente. El chico se sentía agusto hablando con ambas chicas, ajeno a lo que sucedería.

Sadne visitó en dos ocasiones a Ferrik. La primera, para el Salón Internacional del Manga de Barcelona. Se conocieron, pasearon, Ferrik le enseñó un poco de su ciudad a Sadne y se despidieron quedando para verse al día siguiente en el Salón. Cuando terminó el Salón, se despidieron. Una despedida rápida, fría, sin mucho sentido.

La segunda visita de Sadne fue cuando todo cambió. La muchacha fue a la ciudad de Ferrik durante la Semana Santa, unos días después del cumpleaños de Ferrik. El último de los días, Ferrik besó a Sadne en los labios. Aún Ferrik se pregunta si lo hizo consciente o inconscientemente, pero aquel hecho desencadenaría un montón de situaciones extrañas y no tan buenas para él.

Sin embargo, su corazón estaba en perfecto estado de salud. No se lo explicaba, ni él ni los médicos, y poco después de su encuentro con Sadne, los médicos le citaron.

-Ferrik. -Le dijo uno de ellos. -Te vamos a hacer unas pruebas, y... creemos que van a ser las últimas.
-¿Las últimas? ¿A qué se refiere?
-Pues... creémos que puedes estar curándote...

Ferrik se quedó perplejo, pero una sonrisa oscura asomó a sus labios.

-¿De que te ríes, chico?
-De nada... ¿Cuando haremos las pruebas?
-Ahora mismo.

Fueron largas pruebas, pero Ferrik las aguantó con valor, y volvió a casa. No le dijo nada de esas pruebas a nadie (¿O sí? No lo recuerda bien ya...). Sin embargo, un día le llamaron a casa, diciéndole que fuera al hospital a buscar los resultados.

Llegó a casa. Estaba solo. No había nadie. Tamber seguía internada y sus padres estaban fuera. No quería abrir el sobre solo, así que llamó a la única persona que podía hacerle compañía.

-Buenos días... ¿Está Sadne?
-Si, soy yo. ¿Que ocurre?
-Tengo... los resultados de las últimas pruebas... ¿Puedo leerlas mientras hablamos...?
-Claro.

Ferrik abrió el sobre y sacó el sobre. Comenzó a leer.

-Después de varios años blablabla... El paciente número blablabla... De nombre Ferrik blablabla... Presentamos las siguientes cifras y datos sobre su estado blabla... Por la presente... Afirmamos que el paciente está completamente curado y puede llevar una vida completamente normal...

(Seguramente es posible que Sadne pueda decir que no fue así la conversación, pero son retazos de lo que Ferrik recuerda.)

Y... tampoco recuerda si mientras hablaba con Sadne por teléfono lloró...

Sin embargo, esa noche. Esa precisa noche, Ferrik lloró hasta quedar dormido. Y cuando abrió los ojos, se encontró con el páramo negro, y delante, la Pálida Dama, con la guadaña en la mano.

-Hoy vendrás conmigo, Ferrik. -Dijo ella.

Sin embargo, cuatro grandes columnas rodearon a Ferrik, impidiendo que la Pálida Dama se le acercara. Cada columna tenía una empuñadura de espada que sobresalía de la maciza piedra.

-No, Pálida Dama. Esta vez te vas a ir sola. -Dijo agarrando la espada más cercana. (¿Era blanca? ¿O azul...? No lo recuerdo...) -Esta vez, yo me quedo, tú te vas. Y no quiero volver a verte nunca más.

Y Ferrik luchó por primera y última vez contra la Pálida Dama. La lucha fue interminable a la vez que instantánea.

Y Ferrik despertó. Despertó en su cama, en su cuarto, sudando, sonriendo, con lágrimas en los ojos. Solo una palabra salió de sus labios antes de volver a dormirse, esta vez, sin sueños de terror.

-Vencí...

La Vida de Ferrik continuó. Al día siguiente fue hasta el hospital y les enseñó a los hipócritas de los médicos que no tenían ni puñetera idea de lo que era la salud. Él estaba vivo. VIVO. Y eso no se lo podía negar NADIE. Aquellos médicos que dijeron que no viviría para cumplir los 15 se tuvieron que tragar sus palabras, más ahora, cuando Ferrik tiene 20 años y vive con la tranquilidad de haber vencido a la Pálida Dama.

Sin embargo... no todo fueron fiestas... Pues Ferrik descubrió la verdad sobre Tamber, sobre su familia y sobre sí mismo. Tamber no era familiar de Ferrik, solamente estaba ahí "de paso", y un verano... hará ahora unos dos años... Tamber se marchó con su familia de verdad...

También pasó que Ferrik dejó la relación con Arwen, algo que le dolió a la chica en gran medida, aunque ahora vuelven a ser amigos. Sin embargo, con Sadne es muy distinto. No han dejado de ser amigos, sin embargo, ahora son también enamorados el uno del otro.

El día 15 de Agosto, Sadne y Ferrik cumplirán dos años de noviazgo. Dos años que, contra todo pronóstico, Ferrik ha vivido al 100%.

La pérdida de Tamber. El amor de Sadne. Los obstáculos que Ferrik ha superado. Todo eso hacen al muchacho fuerte como para poder seguir adelante. Y volvió a encontrarse con la Pálida Dama, pero esta se fue escaldada por la cólera de Sadne.

Sin embargo, la Pálida Dama te da sorpresas... el día 2 de Enero, Koln fue seducido por ella, y pronto, muy pronto, Ferrik perderá también a su abuelo, pues ella sigue de cerca los pasos del anciano.

Pero Ferrik seguirá adelante. Se lo dijo una vez, y se las dirá todas las veces que quiera.

"No quiero volver a verte hasta dentro de 100 años. PUTA".

Y aquí termina La Vida de Ferrik. Sin embargo, Ferrik continúa su viaje. Continúa jugando al juego llamado "Vida", junto a Sadne. Junto a sus amigos... Alejado de Tamber... Pero también alejado de la Pálida Dama.

Fin... y comienzo...

Después de aquel incidente con el muchacho, Ferrik estubo un tiempo con un humor de perros. Cualquier cosa le afectaba y le ponía de los nervios, pero al paso de los días, se le fue bajando el enfado.

Comenzó a frecuentar una página electrónica en la que hacían una pequeña historia. Dicha historia estaba basada en un juego que a Ferrik y a Tamber le gustaba mucho, y el ambiente que había en el grupo de personas que hacían dicha historia era muy bueno.

El chico se hizo muy amigo de uno de ellos, llamado Ameros, el cual encarnaba a otro personaje, el cual se hizo amigo del de Ferrik. Entre los dos lucharon y lucharon y se hicieron grandes compañeros de armas, y Ferrik y Ameros se hicieron grandes amigos. Un tiempo después conocieron a Demarlde, una chica que también se unió al grupo, y entre los tres hicieron grandes gestas en la historia. Se lo pasaban bien haciendo la historia, y se pasaron varios años haciéndola (¿O fueron meses...?). También conocieron a Koln y a su hermana Neneke, la cual se hizo gran amiga de Tamber.

Los personajes evolucionaron lentamente y se convirtieron en un grupo de guerreros muy poderosos. Se apoyaban unos a otros, tenían sus rencillas, luchaban entre ellos y juntos, pero siempre caminando hacia delante. Al mismo tiempo, los que estaban detrás de ellos se hicieron grandes amigos, y al poco tiempo todos pasaron a formar parte de un gran foro.

Dicho foro fue, por así decirlo, una pequeña casa en la que se refugiaban para hablar de lo que fuera. Allí, Ferrik conoció a otras dos personas que cambiarían su vida. Una de ellas se llamaba Arwen, la otra Sadne. Ambas eran chicas. Arwen era mayor que Ferrik, y Sadne era tres años menor que él.

Ferrik y Tamber hicieron muy buenas migas con ambas chicas, y al poco tiempo Ferrik pensó que Arwen era la persona que se había ganado su corazón. Durante un tiempo, a través de internet, estuvieron, de alguna manera, queriéndose.

El chico también tenía una buena relación con Sadne. Al tiempo, llegó a quererla mucho más de lo que él hubiera esperado de alguien que conoció por internet. La quería de la misma manera que quería a Tamber en esa época. Poco se esperaba lo que ocurriría.

Durante aquella temporada, Ferrik tenía muy pocos ataques, pero los que tenía eran realmente fuertes. Hubo dos ocasiones en las que Ferrik tuvo que estar hospitalizado, y por dichos ataques perdió un curso entero.

Sin embargo, tenía el apoyo de todos ellos. Ameros, Tamber, Arwen y Sadne. Las cuatro personas que consiguieron salvarle de una oscuridad muy grande.

Y un día, Ferrik notó algo extraño al despertarse.

No había soñado con la Pálida Dama.

Comenzaba el verano. Ferrik trabajaba con su padre, y Tamber consiguió trabajo en una tienda de ropa. El periodo de tiempo se acortaba, y un día, Ferrik tuvo que ir al hospital. Le hicieron muchas pruebas y lo mandaron a casa. Los doctores no salían de su asombro. El chico debería haber muerto hace varios años, sin embargo ahora estaba fresco como una rosa.

A mediados de Julio, llegó una sorpresa. Tamber había sido despedida por agredir a un cliente, el cual le había puesto la mano en el trasero. Los argumentos no convencieron a la gerente, y fue despedida. Los padres de Ferrik decidieron mandar a Tamber a un colegio interno para señoritas. Debería estar internada allí varios cursos, o eso le dijeron a Ferrik en aquel entonces.

El día en que se tenía que marchar (¿O fue después? ¿O antes? Aquella época es tan borrosa...), Tamber se acercó a Ferrik y se lo llevó aparte. Ferrik tenía 17 años y ella 16.

-Ferrik... -Tamber, por alguna razón, tartamudeaba bastante. -Quiero... tengo... tengo que decirte algo...
-Tamber. ¿Tienes fiebre? Tienes la cara completamente roja. -el chico le puso la mano encima de la frente, pero ella le agarró la mano.
-No, Ferrik, no tengo fiebre... Ten por seguro que esto que te voy a decir es muy dificil de expresar pero... tengo que decírtelo... -Tamber respiró hondo, y de repente abrazó a Ferrik y le dijo al oído. -Ferrik... te quiero mucho...
-Y yo también, Tamber. ¿A que viene esta muestra de afecto tan repentina? -Preguntó el chico extrañado.
-No me refiero... al afecto... Yo... te quiero, Ferrik... Mucho más de lo que se me permitiera por quien soy... Te amo, Ferrik...

Acto seguido, Tamber se alejó de él y se marchó corriendo, dejando a Ferrik anonado.


Continuará...

La herida del muchacho se cerró rápidamente, pero durante un tiempo tubo que llevar una pequeña venda. Entre Tamber y Ferrik hicieron que nadie se diera cuenta, pues siempre llevaba ropa de manga larga y una muñequera de estilo Heavy Metal, con pinchos, para que no se notara que tenía la mano vendada.

En varios días, ya cuando pensaban que estaba arreglado, Ferrik se dirigió con Tamber a casa de su amiga, y su padre le sacó la venda al muchacho. La herida había cicatrizado bastante bien y solo le quedaba una simple marca en el brazo. Era muy pequeña, pero se veía claramente.

-Nadie sabrá qué es. -Dijo el doctor. -Y si no se lo dices, podrías hacerlo pasar por una herida normal y corriente.

Ferrik solo asintió, y Tamber y él se marcharon de la casa. Únicamente debía tener puesta una pequeña venda parecida a una tirita, y en un tiempo, se la podría quitar.

El tiempo pasó. Tamber y Ferrik fueron a unas cuantas competiciones representando a su Dojo, pero quien luchaba era Tamber. Ferrik era el encargado de llevar a las chicas componentes del equipo de su Dojo. Lo que más impresionava del grupo era el modo en que esperaba Tamber. Se sentaba de espaldas, se quitaba la parte superior del traje de karate y se colocaba una cinta roja en la frente. Hasta ahí, no había problema... solo que la camiseta reglamentaria que deben usar las chicas debajo del traje de karate de Tamber había sido... ligeramente modificada. Ella lucía una camiseta negra con el número "666" en letras rojas, y cuando se giró para luchar... Simplemente, ganó el primer combate por abandono del rival.

Pasó cerca de un año. Tamber había ganado varias medallas, igual que Ferrik, en las competiciones, y el muchacho estaba realmente feliz.

Una tarde, Ferrik salió de paseo solo, y se encontró con una amiga de antes del incidente de las escaleras. Ella le saludó afectuosamente y ambos comenzaron a hablar animadamente. Él le preguntó por su hermano, un chico de la edad de Tamber, pero ella le comentó que su hermano estaba aún algo resentido con Ferrik por el incidente, pero que estaba en casa, junto con Tamber, charlando. Ella le invitó a subir a casa, y Ferrik, sabiendo que Tamber estaría también, aceptó la propuesta.

Subieron en ascensor, pues era un piso alto, y cuando se acercaron a la puerta, escucharon un grito desde el interior. La amiga de Ferrik se apresuró en abrir la puerta, y cuando entraron y se dirigieron al comedor, se encontraron con una escena... por describirla de alguna manera, terrorífica.

Tamber, en el suelo, con la ropa algo rasgada y con la ropa interior rota, y al hermano de la amiga de Ferrik, encima de ella, medio desnudo. Tamber gritaba intentado apartarse del chico, pero este la agarró con fuerza, pero se giró al notar que alguien había entrado en la casa.

Ferrik estaba inmovil, en la entrada del salón, mirando la escena.

Y algo se rompió dentro de él.

No había dolor.

No sentía el dolor.

No le importaba lo más mínimo su pecho.

Solo sentía que debía ayudar a Tamber.

Se acercó al muchacho y, antes de que se levantara, le golpeó con la pierna en el estómago con tanta fuerza que lo levantó un poco del suelo. Lo apartó de Tamber, lo dejó en el suelo, y comenzó a golpearle con el puño en la cara. Un puñetazo detrás de otro. Todos directos a la boca y a las mejillas, al mentón, a los ojos. El chico escupía sangre, pero a Ferrik no le importaba. Se levantó y comenzó a golpearle con las piernas en el pecho, en el costado, en el estómago. Acabó saltando encima del chico con todas sus fuerzas mientras veía cómo este intentaba escapar.

Al final, no sabe cuando terminó de golpearle. Cuando recuperó la cordura, estaba sentado en el sofá de la casa de su amiga. Al chico se lo habían llevado al hospital, sus padres irían allí directamente, y la hermana estaba con Tamber, la cual estaba totalmente descontrolada. Cuando Ferrik se levantó, se encontró con las dos chicas.

-Yo... lo siento... no quería... él estaba... -Ferrik no se atrevía a mirar a su amiga, pero esta le puso una mano en el hombro. Cuando la miró, Ferrik vio que ella no le miraba con reproche.
-No te culpo de lo que has hecho. Si no hubieras saltado tú, hubiera saltado yo. No te preocupes, tienes mi testimonio, y mis padres ya lo saben. Id a casa, os irá bien.

El chico miró un momento a Tamber. Esta estaba vestida con ropas sin romper, pero no se atrevía a mirar a la cara a Ferrik. La chica se separó diciendo que tenía que ir a hacer unas cosas a su cuarto y dejó solos a Tamber y a Ferrik. El chico bajó la cabeza y dijo.

-Lo siento...
-No tienes que disculparte... -Dijo ella, y se acercó a Ferrik. Con un pañuelo, comenzó a limpiarle la cara. -Estas... sucio...
-Debo lavarme... -Dijo él con una sonrisa nerviosa. -Debo estar hecho un adefesio...
-No tanto como cuando saliste de aquella fosa mientras trabajabas. -Dijo ella con un matiz de burla.
-Cierto, si... -Ferrik, después de reir, abrazó a Tamber. -Perdona... lo siento... Por mi culpa...
-¿Por tu culpa? ¿Acaso tú le dijiste que hiciera eso? -Dijo la chica, abrazando a Ferrik.
-No... Pero si no hubiera pasado aquello... lo de las escaleras... Tú no tendrías que haber pasado por esto...
-Ferrik... -Tamber temblava. -Esto... ¿Es lo mismo que cuando los chicos aquellos...?
-... Sí... No podía pensar...
-Dabas... miedo... -Dijo ella, y abrazó a Ferrik más fuerte. -Dabas... mucho miedo...
-Ahora ya pasó todo... -Dijo él y la apartó un poco. -Volvamos a casa... ¿Te parece?

Ella, con lágrimas en los ojos, asintió. Ferrik se lavó la cara, se despidió de su amiga, y se marcharon hacia donde ellos vivían.

Al cabo de poco tiempo, se volvieron a encontrar con la chica. Esta les dijo que sus padres habían decidido que mandarían a su hermano a una escuela/internado en cuanto saliera del hospital, pues tenía fracturados varios huesos del cuerpo. Le pidió disculpas por parte de su hermano a Tamber, pero ella le dijo que si lo volvía a ver, le rompería los dientes de una patada.

Poco tiempo después... comenzó la recta final de la lucha de Ferrik... Tamber se volvió mucho más fuerte... y él... él conoció a sus aliados y amigos...

Continuará...

Ferrik salía y entraba del hospital a términos regulares, pero los dolores comenzaron a ser permanentes en él. Le dolían por el día y por la noche, a todas horas, en diferentes intensidades. Había veces en las que le dolía tanto que casi no podía moverse, y otras en las que casi no notaba el daño.

Pero el dolor estaba ahí. No se iba, ni cuando estaba descansando, ni cuando, después de convencer a sus padres, volvió al dojo.

El tiempo que había pasado fuera del dojo le había pasado factura. Había olvidado varios de los movimientos, y su peso había aumentado, a la par que su altura, pero en poco tiempo consiguió que su cuerpo se pusiera en forma. No adelgazó, pero todo el peso extra que tenía se pasó a sus músculos. Además, en aquel tiempo comenzó los entrenamientos con Tamber, la cual, a parte de Artes Marciales también hacía Judo. Era considerada una de las luchadoras más fieras de todo el Dojo. Nadie la quería por enemigo, y solo tenía once años.

Por Ferrik, la gente le tenía como "El Pacificador", pues cuando Tamber se enfadaba, la única manera de hacer que se calmara era hablando con Ferrik. El muchacho era tan o más fuerte que Tamber, pero no se enfadaba con nadie y era el que, aún habiendo vuelto después de mucho tiempo sin estar en la línea de batalla, era el que ayudaba a los cinturones blancos a integrarse. Todos sabían que la pareja eran algo "extraños", porque casi siempre estaban juntos, como si guardaran algo solo para ellos.

El tiempo fue pasando lentamente. Hacer ejercicio le hacía a Ferrik muy bien, y su cuerpo cambió bastante. Se volvió más robusto y fuerte, pero era de los pocos que no querían ir a competiciones. Sin embargo, Tamber se moría de ganas de ir, y siempre que podía le preguntaba al Sensei si podría ir a la siguiente. Por el Sensei no había problema, el problema eran sus padres, pues no tenían suficiente tiempo para llevarles. Así pues, las competiciones pasaban y Tamber no podía participar, y se enfadaba con los que llegaban con medallas, diciéndoles que si ella hubiera estado en la competición les habría ganado de un punto completo. Los que venían se lo tomaban a broma. ¿Cómo una niña de once años podría hacer frente a uno de quince?

Y las noches pasaron con lentitud, y la Pálida Dama se relamía los labios con los dolores de Ferrik. Cada noche le decía que pronto le atacaría por sorpresa.

Y ese día llegó. Poco después de cumplir trece años, Ferrik tuvo uno de los ataques más fuertes hasta la fecha. Los médicos que le atendieron pensaban que no había nada más que hacer. El dolo era tan grande que Ferrik pensaba que, finalmente, la Dama le vencería.

Poco después, Ferrik estaba durmiendo en casa, pero había algo en su mirada. Había un... vacío... que no se podría expresar en palabras. Nadie sabía qué pasaba por la mente del chico, y nadie se atrevía a preguntar. Un día, los padres de Ferrik se marcharon a casa de uno de sus tíos, dejándole al cargo de la casa, y Tamber tardaría en volver pues estaba en casa de una amiga de ella. Ferrik no sabía qué hacer ya, estaba desesperado. Y puede que la desesperación moviera su mano.

El muchacho se levantó lentamente del sillón donde estaba apostado y se dirigió hacia la cocina. Cogió el cuchillo más pequeño que encontró, pues sabía que eran los que más afilados estaban, y se dirigió al baño. Allí, se miró al espejo. Miró la cara de aquel chico de débil corazón y a rebosar de miedo.

-Se acabó el juego... -Le dijo a su reflejo, y vio que el reflejo lloraba. -Se terminó la lucha. Ya estoy arto. Si eso es lo que quieren todos, allí voy. Se acabó lo que se daba... -El reflejo no dejaba de llorar, y Ferrik no sintió el corte en el brazo. -Dentro de poco estaré en el infierno, o donde sea que vaya a ir a parar, pues seguro que él... no me dejará estar allí arriba...

Ferrik no dejaba de ver el reflejo del espejo, y comenzó a escuchar una risa a lo lejos. Él también comenzó a reir.

-Teníais razón, señora... antes o después tenía que irme con usted... -Vio como en el reflejo las lágrimas comenzaban a escasear, y que todo se volvía oscuro. -Pronto estaré allí... ya se me puede llevar...

Ferrik cayó de rodillas con el brazo sangrante en la pica del lavabo. Todo se volvía oscuro y borroso, y la risa comenzaba a estar cada vez más cerca. Cerró los ojos. Pronto acabaría todo. Los dolores desaparecerían.

Pero un grito proveniente de la risa le dijo que algo no andaba bien. La risa se apagó, y la oscuridad comenzó a disiparse. Cuando abrió los ojos, estaba en la cama de Tamber, estirado, con un hombre encima suyo mirándole las pupilas. De fondo escuchaba a Tamber llorar y otra voz que no reconocía. El hombre le dijo que era el padre de la amiga de Tamber, y que ella le había llamado llorando que había encontrado al chico desangrándose en el lavabo.

El hombre era médico, y le había curado como buenamente pudo y le puso vendas en el brazo para que se ocultara la herida.

-Con un poco de suerte, solo te quedará una pequeña cicatriz. Ahora solo me falta avisar a tus padres para...
-¡NO! -El grito de Ferrik fue inmediato, y era más una súplica que un grito. -No hace falta, en serio... ya se lo diremos nosotros... muchas gracias por todo...

El hombre le pasó la mano por los cabellos y se marchó de la habitación, cuando entró como una exalación Tamber para abrazar al chico. Cuando se hubieron marchado, Tamber se apartó, se secó las lágrimas y comenzó a gritarle.

-¡IDIOTA! ¡GRANDÍSIMO IMBÉCIL! ¡¿CÓMO SE TE OCURRE HACER ESO?! ¡NO DEBES HACERLO, NI PENSARLO NUNCA MÁS! ¡¿ME HAS ENTENDIDO?!

Y acto seguido, la niña volvió a abrazar a Ferrik, rompiendo a llorar otra vez, mientras el chico solo pensaba una y otra vez. "¿Qué he estado a punto de hacer...?"

Continuará...

P.D.: Ferrik a día de hoy aún tiene la cicatriz...

Desde aquel día, Ferrik se ganó, por así decirlo, un respeto y un odio por parte de sus compañeros. Algunos le daban los buenos días y las buenas tardes, y ni le dirigían la palabra. Otros le daban su apoyo, pues estos también habían sufrido cosas parecidas con los matones, pero no podían saber como se sentía Ferrik.

Poco después de eso, el dojo al que iba cerró por traspaso, y Ferrik y Tamber tuvieron que dejarlo durante un tiempo. En ese corto periódo, Ferrik aumentó de peso, pues ya no hacía ejercicio, y con ello, aumentó los riesgos de que el tiempo se le acortara. Tamber no tenía problemas, pues ella, todo lo que comía, lo quemaba haciendo otras cosas.

Pasó el tiempo. Ferrik se estancó en un peso durante todo ese tiempo, y sabía que era peligroso. Los médicos estaban sorprendidos por el aumento de peso del chico, pero no podían hacer nada.

Y, poco a poco, se acercó el año en el que Ferrik debería, segun los médicos, dejar este mundo.

Cuando cumplió los doce años, el pecho le dolía casi cada día. En un mes tuvo que estar cuatro veces en el hospital por ataques fuertes. Los médicos pensaban que pronto terminaría todo, que la lucha que había tenido Ferrik hasta ese momento llegaría a su fin en pocas semanas, por no decir días, y le mandaron, un día que estaba ingresado y solo, pues Tamber estaba en clase y el resto de su familia trabajando, al cura de la capilla del hospital.

Era un hombre relativamente joven, de unos 30 años como mucho, con ropa oscura y el alzacuellos, y el pelo corto y castaño claro. Tenía una presencia bastante apacible, pero a Ferrik no le pareció tan bueno como lo pintaban.

-Me han dicho que estás muy enfermo. -Dijo el cura.
-Aquí solo estamos los que tenemos un pie en la tumba, señor. -Dijo con frialdad Ferrik.
-No debes pensar así, hijo. -Dijo él, sentándose en un lado de la cama de Ferrik. -Has de pensar que todo tiene un propósito. ¿No te lo enseñaron en la Iglesia?
-Si, señor. Me enseñaron que todos tenemos un camino, pero yo no quiero creerlo. -Contestó Ferrik algo enfadado. -No quiero pensar que Dios solo quiere que viva un tiempo y luego me deje morir como a un perro en la carretera.
-El Señor tiene sus motivos para hacer lo que hace, hijo. -Le dijo a Ferrik.
-Pues si el Señor quiere que muera, lo tendrá muy dificil. No pienso dejarme matar, ni por los médicos ni por Él. -Respondió Ferrik muy enfadado. -Porque. ¿Qué propósito puede tener Dios para que un niño muera? ¿Qué quiere enseñarle, condenándole a muerte desde tan pequeño? Usted que es cura sabrá decírmelo. Dígame. ¿Lo sabe?
-No tengo respuesta para eso, Ferrik. -Dijo él poniéndole una mano en el hombro. -Pero has de tener Fé en Él, porque el Señor nos cuida y nos ve.
-Pues que deje de cuidarme y de mirarme. -Dijo apartando la mano del cura de mala manera. -Si cuidándome voy a vivir menos, que me deje tranquilo. Si mirándome hará que siga teniendo estos dolores, que deje de mirarme. Lo único que quiero es vivir, y si él quiere que muera, me pondré en su contra. No puedo creer en un Dios que quiera matar a sus hijos.
-El Señor te ha dado la vida, hijo. -Respondió algo horrorizado el cura. -Te ha dado todo este tiempo. ¿Y aún así le darás la espalda?
-Dios no me ha curado. -Dijo Ferrik, frío como el hielo. -El Señor Todopoderoso, por lo visto, no tiene tiempo para atender a las súplicas de un niño que, según los médicos, morirá en el próximo año. Si es tan bueno... si es tan poderoso... ¿Por qué diablos no quiere curarme? -Ferrik se calmó un poco y continuó. -Si Dios no quiere ayudarme, me valdré de mí mismo para sobrevivir. No pienso morir, ni porque Él lo diga.

El hombre no sabía si el chico lo decía por despecho o por desesperación, pero Ferrik sí sabía porqué lo decía. A su ver, Dios le había abandonado a su suerte, así que él debería luchar por sí mismo. No pensaba dar su brazo a torcer.

-Sigo pensando que deberías tener fé en Él, Ferrik. -Dijo en un último intento el cura.
-Déjeme tranquilo de una maldita vez. -Fue la contestación de Ferrik. -Las personas como usted no entienden a las personas como yo. Dios no es misericordioso. Dios me ha dejado solo, así que yo continuaré solo, con mis propios medios, con las personas que me quieran ayudar de verdad, no como él, pues parece que a él no le importo mucho, que digamos. -Ferrik, al acabar, se giró hacia el otro lado de la cama. -Y ahora, váyase antes de que le tire la bandeja del desayuno a la cabeza, por favor. No quisiera hacerle daño.

El cura se levantó, desanimado, y se marchó, dejando solo a Ferrik. Este seguía pensando en sus cosas, y ahora, más que nunca, estaba decidido a sobrevivir.

Aquella noche, Ferrik soñó, como tantas otras, con la Pálida Dama, pero esta vez no jugaron a nada, no apostaron la vida del chico, porque él tenía algo que decir.

-No estoy dispuesto a seguir jugando a esto toda la vida, señora. -Dijo sentado en el oscuro suelo. -¿Hasta cuando tendré que jugar con usted?
-Hasta que pierdas, pequeño. -Dijo ella también sentada. -Porque estás enfermo, y tu día se aproxima.
-Le propongo un trato.
-¿Un trato? A ver, cuenta.
-Si vivo hasta cumplir los 18, es decir, si han pasado 10 años desde que enfermé, y no he perdido... Quiero que me deje tranquilo hasta que me llegue mi siguiente hora. -Ferrik sabía bien lo que tenía que decir.
-Es una apuesta arriesgada, pero vivirás con miedo todo ese tiempo. Así que trato echo. De todas maneras, no vivirás mucho más. -Repuso ella con una sonrisa.
-Eso, señora, está por ver.

Y a partir de entonces, Ferrik le pidió a Tamber que le ayudara.

-Ayúdame a volverme fuerte, Tamber. -Le dijo una tarde. -Quiero ser tan fuerte que nadie quiera ponerse en mi contra.
-¿Y porqué no nos apuntamos de nuevo al Dojo? No está lejos, y podríamos ir los dos solos.

Ferrik contempló la idea. No le desagradaba del todo. Si tenía un cuerpo sano, su corazón podría estar sano al menos el tiempo necesario.

Continuará...

Desde la quemada de los cuadros, Ferrik cambió casi radicalmente. Comenzó a jugar como lo hacía antes, entrenaba con muchas ganas en el dojo y se divertía mucho más con Tamber. En el colegio, sus profesores estaban encantados. Parecía una persona distinta, mucho más mayor que antes. Hablaba de una manera demasiado culta para su edad, y tenía una educación que bien podrían pensar los demás que tuviera más edad.

Las visitas al hospital se volvieron frecuentes. Cada dos semanas tenía que estar allí para hacerse pruebas nuevas, para saber si estaba peor o mejor, y los médicos estaban contentos con la forma de ser de Ferrik. Llegaba, se dejaba hacer las pruebas y se marchaba sonriente y educadamente, acompañado de su madre unas veces y de Tamber otras.

Pasó el tiempo, y de las dos semanas se volvieron al mes. Cada mes hacían pruebas, y poco a poco el tiempo fue pasando. Ferrik tenía diez años. Los dolores eran escasos, poco a poco iba olvidándose de ellos. Lo que no podía olvidar eran las noches.

Cada noche, al esconderse el sol, Ferrik comenzaba a temer el momento en que le decían "A la cama". Ferrik y Tamber dormían en la misma habitación, sin embargo no podía ayudarle en el Páramo Oscuro. La Pálida Dama ya no le trataba con tanta diligencia. Ahora comenzaban a jugar a videojuegos también, juntando el ajedrez. Se notaba que el ente tenía algo de nerviosismo, pero no decía nada.

El chico era una persona que se llevaba bien con todos. Tenía un pequeño grupo de compañeros con los que hablaba casi siempre, y jugaban todos juntos.

Sin embargo, todo eso cambió una tarde.

Esa tarde, Ferrik terminó las clases, y se dirigió hacia las escaleras con una amiga suya. Cuando llegaron al primer escalón, preparados para bajar, ella se tropezó... ¿O puede que la empujaran? Realmente, nadie supo exactamente como fue. Lo que si se supo, es que Ferrik estaba al lado de ella, y que ella cayó por las escaleras, rompiéndose algunos huesos. Muchas personas fueron corriendo para ver como estaba la chica, pero otros miraron a Ferrik. El chico fue uno de los primeros en bajar corriendo para ver como estaba su amiga, pero no le dejaron acercársele.

Poco después, llegó una ambulancia y se llevaron a la chica. Lo que Ferrik no podía esperar es que, cuando llegara a la clase, se encontrara con que casi todos los compañeros que tenía le ignoraban completamente. Cuando se sentó, los que estaban a su lado no le dirigieron la palabra, incluso cuando él mismo les preguntaba alguna cosa, ellos ni le miraban.

Claro que habían algunos que le siguieron dando su amistad, como el caso de Lienda. Lienda era el único amigo que realmente llegó a tener Ferrik en esa época. Siempre estaban juntos cuando los demás le dejaban solo.

Finalmente, Ferrik encontró la manera de que no le afectara tanto el silencio de sus ex-amigos. Adoptó una pequeña sonrisa y una indiferencia total, o casi total, a los comentarios de los demás.

Todos los niños culpaban a Ferrik. El niño lo sabía, y Lienda también, aunque le quitaba siempre hierro al asunto. Hasta que llegó un día en el que no se pudo seguir evadiendo las cosas.

Aquel día, Lienda había faltado por ciertos asuntos personales, y Tamber había salido antes que Ferrik de las clases, así que ese día, Ferrik estubo solo durante todo el día. Cuando salió del recinto escolar, se le acercaron cinco de los ex-amigos que tenía, y le dijeron:

-Tú estás loco. ¿Como se te ocurre tirarla por las escaleras?
-Yo no la tiré. -Contestó seriamente Ferrik. -No se que pasó, pero yo nunca haría eso.
-No seas mentiroso. Un moribundo siempre es un mentiroso.
-¿Moribundo...? -Ferrik estaba bastante pálido.
-Si, nos enteramos de que te estás muriendo. ¿Es cierto? Porque sería una suerte, porque así no tendríamos que hacerlo nosotros ahora que te daremos una paliza.

Dicho esto, uno de ellos le golpeó en la cara con el puño y lo tiró al suelo, y cuando se le acercaron, Ferrik escuchó a lo lejos una voz.

-Te quitarán el poco tiempo que tienes... ¿Que vas a hacer?

Después, escuchó una risita.

Ferrik se levantó de un salto y miró a los que se le acercaban.

-No lo permitiré... no me lo quitaréis... Yo no fui...
-Cállate, loco. Vamos a darle una paliza, va. -Dijo el que era el cabecilla.

Una hora más tarde, Ferrik seguía enfadado, iracundo con aquellos que le habían acusado injustamente y le habían querido golpear. Le golpearon, sí, pero después descubrieron como las gasta alguien que lucha por su vida. El chico estaba con el labio partido, un ojo morado y muchas contusiones por todo el cuerpo, pero cuando se marchó cojeando del parque que había al lado del colegio allí dejó a los otros cinco, los cuales tampoco salieron indemnes, pues ellos se marchaban también, algunos cojeando, otros agarrados entre ellos para no caerse.

Llegó a su casa y Tamber estaba sola en casa, y le preguntó que qué había pasado. Ferrik se lo contó todo, incluso que se había enfadado con esos chicos, y que había sido mucho más fuerte que un enfado normal.

-No quiero volver a enfadarm así... -Decía Ferrik sentado mientras Tamber le curaba como podía el ojo. -Me da miedo, no pude controlarme.
-Tranquilo, Ferrik. Como nos encontremos con ellos seré yo quien les de una paliza.
-Lo siento, Tamber.
-No te disculpes, burro. -Tamber sonrió y dejó la pomada que había usado en Ferrik. -Ala, ya está. No pienses más y vamos a jugar un rato antes de ir al dojo. ¿O quieres que no vayamos hoy?

Ferrik sonrió y no quiso ir ese día a entrenar. Se quedó en casa con Tamber, jugando con ella, algo preocupado.

Continuará...

P.D.: La Ira no se ha ido aún...

Esa mañana, Ferrik se levantó después de estar toda la noche en vela desde su despertar. Su madre, al ver al niño, decidió que sería mejor que se quedara en casa, para que descansara, y cuando le dijo a Tamber que se vistiera, la pequeña se abrazó a Ferrik y dijo "No, me quedo con él."

Por mucho que su madre quisiera lo contrario, no conseguiría separar a Tamber del niño. Suspiró, y les dejó solos en la habitación.

Tamber abrazó de nuevo a Ferrik, pero este solo miraba al vacío. No reaccionaba ante nada, y la niña no sabía que hacer. Al final, el niño le pidió a Tamber que le prestara papel y sus acuarelas. "Tengo ganas de pintar", le dijo a la niña.

Durante todo ese día, Ferrik no llegó a pintar nada, y al llegar a la noche, volvieron a dormir. La tormenta de la noche anterior arreciaba de nuevo, y Tamber dormía con Ferrik en la misma cama. Y esa noche, se volvió a presentar ante el niño la mujer de negro.

-Hola, Ferrik. -Le dijo con una sonrisa cuando se encontraron en el páramo negro. -¿Cómo has estado?
-Mal. -Le contestó el niño. -Me siento muy mal. El pecho me duele, la cabeza me da vueltas, y no he hablado con Tamber de nada.
-Eso está bien. -Dijo la Muerte. -Nadie debe saber que estás mal, Ferrik. Menos la pequeña Tamber.
-Pero... ¿Por qué? Yo no quiero estar así...
-Es lo mejor. ¿Jugamos a las cartas? -Dijo ella sacando una baraja.

Durante un tiempo, creo recordar que fue un año aproximadamente, Ferrik continuó siendo una persona silenciosa. Jugaba mucho menos con sus compañeros, y su relación con Tamber se enfrió mucho. Casi todas las tardes se encerraba en su habitación, desde que llegaban del colegio hasta que era la hora de irse al Dojo para entrenar, y nadie sabía qué era lo que hacía allí dentro. Una vez, Tamber intentó entrar, pero la puerta estaba cerrada.

Todo él estaba rodeado de un muro de hielo que impedía que nadie entrara.

Y cada noche, la Pálida Dama, como la llamó Ferrik, venía hasta él para jugar a algo. Las cartas, el parchís, la oca, los dados, el escondite, el pilla-pilla... habían tantos juegos que era dificil seguirlos todos, pero por una extraña razón, Ferrik siempre ganaba en esos juegos. Era el primero en sacarse todas las fichas en los tableros, y el primero en tener las parejas suficientes para ganar en las cartas. Encontraba a la Pálida Dama cuando se escondía, y esta no le encontraba cuando era él quien se ocultaba, y cuando le perseguía en el Pilla-Pilla, Ferrik corría muchísimo, porque cuando le seguía, la Pálida Dama ponía una cara muy extraña, con una sonrisa muy grande y unos ojos que daban miedo. Y siempre que le preguntaba "¿Puedo jugar con Tamber? La echo de menos..." la Pálida Dama le decía que nadie debía saber lo que le pasaba, y que era mejor que no se lo dijera a Tamber.

Pero un día, en el que estaba él solo en la habitación que compartía con Tamber, sacando su único pasatiempo que había tenido en todo ese largo año, y comenzó a hacer uno nuevo, se dio cuenta de que algo malo estaba pasando. Llevaba un año entero sin hablar con la niña, pero no le importaba mucho en ese momento.

Sacó sus cuadros. Cuadros al oleo que había echo él solo con sus aquarelas. Eran cuadros extraños, de tonos oscuros, paisajes que daban miedo, árboles retorcidos que estallaban en llamas... Sin embargo, ese día estubo pintando un paisaje verde oscuro. En medio de ese páramo, había una pira, una hoguera, con una persona atada a ella. Tenía dos alas de ángel y sus cabellos eran cortos y negros. El ángel estaba ardiendo en la hoguera. Ferrik pensó que era el mejor que había echo hasta ese momento, y decidió enseñárselo a Tamber, pero se fijó en el ángel antes de salir.

El ángel tenía la cara de Tamber.

Sorprendido, Ferrik gritó en su habitación, y Tamber llegó hasta él corriendo, y cuando vio al niño, que estaba de rodillas con la mirada perdida, se asustó pensando que le había dado otro ataque. Cuando se le acercó, Ferrik se aferró a la niña y la abrazó, temblando. Ella solo le abrazó, con una sensación de felicidad, añoranza y tristeza en el corazón. Ferrik le habló por primera vez en mucho tiempo.

-Quémalos... -Le decía bajito Ferrik a Tamber. -Quémalos todos, que no quede ninguno de ellos, por favor...

Tamber se apartó un poco del niño, y miró en dirección a los cuadros. Cuando los observó, se volvió a Ferrik y le obligó a mirarle.

-Ferrik, tranquilo. Son solo cuadros. -Pero Ferrik no la miraba, solo veía el vacío en sus ojos. -Mírame, por favor. Solo son unos cuadros feos que no valen la pena. A tí no te daban miedo los cuadros, no te daban miedo los monstruos. Solo te dan miedo las arañas. ¿Por qué ahora te dan miedo estos cuadros? Tú eres muy fuerte, y te atreves con todo, pero llevas mucho tiempo que me das miedo...

El niño la miró por primera vez en mucho tiempo. Tenía el pelo más largo y en una coleta, pero seguía siendo Tamber.

-Tengo miedo. -Dijo al final Ferrik. -Cada noche viene una mujer a mis sueños diciendo que se me va a llevar... ¿Que puedo hacer, Tamber? Me dice que nadie debe saberlo, mucho menos tú. ¿Por qué tengo que estar solo?
-¿Por qué le haces caso a esa desconocida? -Le preguntó Tamber a Ferrik. -¿Acaso crées que dice la verdad?
-No se nada... No se lo que quiero... Solo se que me duele el pecho cada día y que cada noche me encuentro con ella. -El niño temblaba de arriba a abajo. -Estoy solo ahí donde voy... Por eso pensé que debía estar solo... Tamber... tengo mucho miedo...
-No digas tonterías, Ferrik. No luchas solamente tú. ¿No has visto como luchábamos todos nosotros? Tú luchas, pero nosotros también luchamos. -Tamber, con lágrimas, se levantó y agarró los cuadros de Ferrik. -Te lo voy a demostrar. Puedes creerme, no permitiré que te vayas. Ven conmigo.

Tamber agarró con la otra mano a Ferrik y le llevó al patio de su pequeño piso. En esa hora, estaban los dos solos, y no había nada que impidiera que hiciera lo que hiciera, la niña ayudara a Ferrik. Le dejó en el patio un momento, fue a la cocina y agarró una caja de cerillas. Volvió con él y, en medio del patio, prendió fuego a todos los cuadros que había pintado Ferrik y que nadie había visto, ni que vería jamás.

-Recuerda que mucha gente se preocupa por tí, Ferrik. -Le dijo ella abrazándole mientras él miraba como ardían las obras. -Me volveré fuerte, muy fuerte, para que tú me mires y sepas que también tienes otras fuerzas. No luches tú solo. Pide ayuda de vez en cuando. Y habla conmigo siempre, por favor... te echo muchísimo de menos...

Ferrik solo miraba las llamas. El humo subía rápidamente, y de las llamas salía un calor reconfortante. Poco a poco, el niño abrazó a Tamber y comenzó a contarle todo lo que le pasó.

Y, cuado recogieron las cenizas de los cuadros, cuando las tiraron por el inodoro, cuando ambos se sentaron en el sofá y estuvieron abrazados. Cuando pasó todo esto, Ferrik sonrió. Sonrió como no lo había echo desde hace mucho tiempo y, poco a poco, se fue durmiendo. Y esa tarde no soñó con la Pálida Dama. Soñó con fuego, con un prado verde oscuro y con una nube que se alzaba del fuego en el cual solo se escuchaba una risita feliz, y cuando la fogata se apagó, el prado verde oscuro se volvió una playa de un río con aguas cristalinas.

Nadie le molestó esa tarde.

Continuará...

P.D.: Ese fue el día en el que comenzó la lucha.

Todo comenzó un día de otoño. Era un otoño largo y pronto llegaría el invierno, con sus nieves y sus lluvias. Y su frío. Pero hasta ese momento quedaban varios días.

Ferrik solo pensaba en que pronto llegaría el día en que terminaran las clases, y que una vez más, llegaría sonriente ante su familia y cantaría la canción que les hacían aprender en el colegio delante de su familia. Ese día salió del colegio y se encontró con Tamber en el patio de la escuela, y ambos salieron tranquilamente en dirección a su madre, que les estaba esperando.

Era un día como cualquier otro. Se levantaban, se aseaban, se vestían y marchaban con su madre al colegio. Estudiaban por separado en sus respectivas clases y, a la hora del patio, jugaban como cualquier otro niño. A la hora de salir, marchaban a casa y jugaban o hacían sus tareas. Ese era el día a día de Ferrik y de Tamber. Sin embargo, ese día cambiaría todo.

Cuando salieron, Ferrik le contó a Tamber que le dolía mucho el pecho. La niña le dijo que sería a causa del resfriado que había tenido pocos días antes, pero cuando casi estaban con su madre, Ferrik no dejó de quejarse. "Me duele mucho" decía el pequeño. Sin embargo, la madre no le dio más importancia de la que se le da a un resfriado mal curado. Los tres se marcharon para casa, pero antes de llegar, Ferrik dijo "Me duele..." y, en medio del asfalto, el niño cayó al suelo, retorciéndose de dolor y agarrándose el pecho.

La madre de Ferrik pidió ayuda, y en poco tiempo llegó hasta ellos una ambulancia, en la cual entró Ferrik en una camilla, mas no muy tranquilo, pues seguía gritando y apretándose el pecho, y su madre. Tamber quedó al cuidado de unos amigos de ella, pero no estaba en mejor estado. Nerviosa, surodosa y con grandes temblores, no paraba de pedirle a la madre de su amiga que le llevara al hospital a donde llevaban a Ferrik. "Decía que le dolía mucho y yo no le di importancia..." decía Tamber.

Mientras, Ferrik llegó al hospital desmayado por el dolor. Cuando despertó, estaba en una sala blanca, con una pequeña bata blanca en vez de su camiseta de los Power Ranger y sus pantalones de deporte, y estaba estirado en una cama igual a la que usó cuando se le infectó el tobillo cuando tenía cinco años, o eso piensa él. Le dolía el pecho y el brazo, y se miró en esa dirección. Tenía una aguja clabada en ella, y esta estaba unida a un tubo, el cual iba hasta un gotero con un líquido extraño incoloro. Pero lo que más le dolía era el pecho, pero ya no tanto como para gritar. Miró para ver donde estaba. La habitación era pequeña, para dos camas sólamente, y estaba solo. La puerta estaba medio abierta y ahí vio a su madre, que estaba hablando con un médico. Cuando la llamó, la madre entró y le abrazó, y el médico entró con ella. Al cabo de un rato, Ferrik y el doctor se quedaron a solas, y este le comenzó a hablar.

-Ferrik, pequeño... tengo que decirte lo que pasa. -Le dijo como si Ferrik fuera un adulto. -Estas enfermo, hijo. Estás muy enfermo.
-Pero hace poco yo pasé la gripe, puede que esté malo de eso. ¿No? -Preguntó Ferrik.
-No, Ferrik... Lo que tu tienes es algo mucho peor. Has dormido mucho tiempo. ¿Sabes? Son más de las seis de la tarde.

Ferrik solo pensó "Me he perdido el capítulo de los Power Rangers y el de los Caballeros del Zodiaco, y encima hoy que luchaban contra Piscis..."

-Bueno, deme una pastilla y me cura. -Dijo el niño, ahora con ganas de irse a su casa.
-No es tan sencillo, Ferrik. -Le contestó el médico, y en ese momento entró otra persona, una señora "médica". Ambos se pusieron a hablar y el médico se volvió a Ferrik, presentándola, y continuando la charla. -Verás... Sabes como respiramos. ¿Verdad?
-Si, por los pulmones.
-Y sabes como es que vivimos. ¿Verdad?
-También, por el corazón. Salía en el cuerpo humano. No puedes vivir sin corazón. -Dijo orgulloso el niño de lo que había aprendido cuando era mucho más pequeño.
-Pues... verás, Ferrik. Tus pulmones y tu corazón no funcionan bien. -Le dijo el doctor.
-Tienes una enfermedad que hace que funcionen mal. -Secundó la doctora. -Por eso te dolió tanto el pecho cuando ibas por la calle.
-Pero... si el corazón no funciona, no funciona nada. -Les dijo a los doctores Ferrik, ahora con miedo. -¿Me pondré bueno?
-Ferrik... Tu corazón no se pondrá bueno. -Explicó la doctora. -Es más... tu corazón irá funcionando peor mientras pase el tiempo.

En ese momento, por la puerta entró Tamber, corriendo y llorando, en dirección a Ferrik, y le abrazó. Después de cientas de preguntas de si se encontraba bien, Ferrik y Tamber escucharon lo que les dijo el doctor.

-Ferrik... Estás muy enfermito. -Dijo con mala cara el doctor. -Tu corazón... está muy malo... y tus pulmones no le pueden ayudar... Con suerte... vivirás cinco años más.
-¿Me... voy a morir? -Preguntó casi sin voz el niño.
-... Si, Ferrik... no vivirás para cumplir los quince años... -Le dijo la médica, y ambos doctores se marcharon.

Los dos niños se quedaron en silencio, y Tamber abrazó a Ferrik. En sus brazos, el niño comenzó a pensar. "Me voy a morir... Me voy a morir y aquí no hay bolas de dragón para resucitarme... Me moriré..." y, abrazando a la pequeña, comenzó a llorar, silenciosamente, mientras Tamber también lo hacía sin que él la viera.

Al cabo de un rato, la madre de Ferrik entró, con los ojos rojos, y comenzó a vestir al niño. "Iremos a casa -Le dijo. -Así podremos ver Bola de Dragón. ¿Vale?" Pero Ferrik ya no lloraba, ni Tamber tampoco. En la cara del niño solo había una expresión de vacío sin precedentes.

"Voy a morir. -Seguía pensando. -Pronto me iré al cielo... no viviré más de cinco años... no llegaré a cinturón negro... no podré saber como acaba Fly... por no tener, no tendré ni novia...".

Ese día, Tamber y Ferrik estuvieron toda la noche durante la cena en silencio. El padre de Ferrik le intentó animar, pues él tenía esperanzas, pero se notaba que no estaba del todo seguro.

Esa noche fue la primera de una larga historia. A las once de la noche se apagaron las luces del cuarto de Ferrik y de Tamber, y los dos se pusieron a dormir.

Ferrik despertó en un lugar que no conocía. El suelo era de color negro, y el cielo era también negro. Parecía que estuviera en el espacio, solo que ahí no habían estrellas como las que salían en los libros. Comenzó a caminar por ese lugar, hasta que, a lo lejos, pudo ver a una niña con un abrigo de color negro sentada en el suelo. Se fue corriendo a verla, y cuando llegó, resultó que no era una niña, si no una chica mayor que él. Era una chica muy guapa, de largos cabellos negros, unos ojos negros muy bonitos y una piel muy blanca. Se levantó, miró a Ferrik y le dijo.

-Así que tú eres Ferrik... Eres un niño mucho más mono de lo que creía. -Le dijo sonriendole la chica.
-¿Cómo es que sabes como me llamo? -Preguntó Ferrik.
-Porque, de allí donde vengo, todos sabemos como se llaman todos, Ferrik. -Dijo la chica. -Todos los que vivimos allí sabemos como se llaman todos los que están aquí.
-¿Y donde estamos?
-No lo sabe nadie. -Contestó ella. -Solo lo puede saber el que llega primero, y ese eres tú. ¿Tú lo sabes?
-No. ¿Que haces aquí? -Preguntó Ferrik.
-He venido a buscarte, Ferrik. -respondió la chica. -Para que vengas conmigo. ¿Te gustaría venir conmigo, Ferrik?

La chica le tendió la mano, y el niño estubo tentado de agarrársela, pero cuando fue a tocarla, notó que la chica no le sonreía, que tenía cara de pena, y se apartó.

-Mmm... no es que no quiera, pero... ¿Por qué estás tan triste? -Preguntó Ferrik.
-Porque eres muy pequeño, y no me gustaría llevarme a un niño tan pequeño. -Contestó ella.
-Entonces, me quedo. Me quedo donde estoy. ¿Te parece bien?
-A mi sí, pero has de saber que algún día, tendrás que venir conmigo, y si es más pronto que tarde, mejor. -Dijo la chica.
-¿Eres la Muerte? -Dijo de repente el niño.
-¿Cómo lo sabes? -Respondió la chica con asombro.
-Leí en un libro que la Muerte se nos presenta con la forma de una bella mujer, blanca como la nieve. -Contestó el niño. -Por eso supuse que eras la Muerte. ¿Quieres matarme?
-Yo no mato, pequeño. -Dijo ella. -Yo llevo a otros lugares, que muchas veces, son mejores que este. Pero, sí, te mueres allí donde estás viviendo.
-Pues no voy. -Dijo el niño. -Me quedo, me quedo y me quedo. No me voy contigo.
-Pero tendrás que hacerlo al final. -Contestó con una sonrisa la Muerte. -¿Que te parece si hacemos una apuesta?
-¿Que quieres decir?
-Si tu ganas en lo que te digo, yo no te llevaré, pero si te gano yo, te llevaré. ¿Estás de acuerdo? -La mujer, con una sonrisa, miró al niño.
-... Vale. Con tal de no morirme, haré lo que sea. -Dijo el Ferrik.

Y Ferrik despertó. Era de noche aún, y había tormenta. Tamber se había levantado de su cama y estaba durmiendo con él en la suya. No había rastro de la chica.

Continuará...

P.D.: Esta es una historia extraña, solo para mentes que estén preparadas. Gracias por los comentarios que pueda haber, y siento si nadie entiende nada. A parte de esta historia, pondré cosas que hayan ocurrido. Nos vemos.

Guerrero Gris

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Estudiante de Psicología, escritor en ratos libres, creador de juegos de rol cada tanto, padre de familia, aficionado a los videojuegos, Ásatrù. Bastante por hacer. ¿No?

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