Capítulo III: El blanco destiñe.
Säbel se despidió de Saku y Linkaín en la planta en la que estuvieron con el líder de los Guerreros Grises, en una de las dos puertas que habían en el pasillo. El simple “Adiós” de la guitarrista era realmente frío. Cuando se fue, la muchacha miró a Linkaín.
-Esto… ¿La señorita Säbel está enfadada?
-Ya te dijo ella que no. –Dijo suspirando Linkaín. –Ella es así.
Subieron al ascensor y el hombre picó en la planta dieciséis. En la siguiente planta, la campanita sonó y las puertas se abrieron, dejando entrar a un hombre más bajo que Saku, robusto, con una larga barba con trenzas y una larga cabellera castaña. No llevaba el mismo uniforme que los demás, tan solo unos pantalones cortos y una camisa sin mangas, todo de color gris, dejando ver sus cortas pero musculosas extremidades. En la mano llevaba un grueso martillo plateado el cual acariciaba con el grueso pulgar de su mano derecha.
-Hola Senzo. ¿Qué tal el día? –Preguntó el orador con una sonrisa y dándole una palmada en el hombro al hombre.
-Agotador amigo mío… ¿Te puedes creer que he tenido que lidiar con dos cimitarras que no se aguantaban entre ellas? Son más tontas que mis pelotas…
-¿Por qué? –Preguntó inocentemente Saku.
-Porque se tiran todo el día juntas y no se hablan la una a la otra. –Dijeron al unísono Linkaín y el barbudo entre risas, a lo que Saku entendió la broma y se puso colorada. –Oh, vamos. –Dijo Senzo a la muchacha. –Es una broma. ¿Acaso no te han hecho bromas en el colegio, niñita?
-Yo crecí en un orfanato, señor. –Dijo molesta la monja. –Y todos actuábamos correctamente, sin hacer burdas bromas como esa.
-¡Por Odín! –Senzo se giró a Linkaín. -¿Tan blanca es esta niña?
-Si, Senzo… Pero ahora está con nosotros.
-Le haremos ver la luz de Darg. –Dijo levantando un puño al aire. -¡Por Darg!
-¡Por Darg! –Secundó levantando la mano también y riendo Linkaín mientras se volvía a detener el ascensor. –Nos bajamos aquí hermano.
-Pásate por el taller luego a tomarte una cerveza, me han traído unas cuantas desde Alemania. –Las puertas del elevador se abrieron, mostrando un largo pasillo con paredes gris claro. –Nos pasaremos la noche en vela.
-Eh, que yo tengo que hacer un informe. –Linkaín tomó del hombro a Saku y la empujó hacia fuera.
Saku siguió al castaño mientras el ascensor se cerraba. El largo pasillo gris tenía varios cuadros de lugares que la monja no había visto en su vida. Las puertas eran de madera bastante gastada.
-Señor Linkaín, beber es pecado. –Dijo la monja cuando pasaron la primera hilera de cuadros.
-Entonces los curas son unos pecadores. –Contestó el castaño.
-¡No! ¡Ellos no beben! –La voz de Saku fue demasiado fuerte y resonó en todo el pasillo, Linkaín se giró y se puso el índice delante de los labios pidiendo silencio.
-Saku, estamos en el nivel dieciséis, los dormitorios. ¿Acaso en el orfanato no te enseñaron a respetar el sueño de los demás? –Dijo él serio.
Saku se puso roja como un tomate y se tapó la boca con ambas manos.
-Eso está mejor. –Siguió susurrando Linkaín, y emprendieron de nuevo el camino. –Has de saber que esta planta solo se usa para cambiarse de ropa y para dormir. Aquí duermen la enorme mayoría de los trabajadores de Gryphon, desde los asistentes de los Guerreros Grises hasta los comerciantes de la empresa. Como has comprobado, Gryphon es una empresa que trabaja tanto de día como de noche, así que esta planta ha de permanecer en silencio constantemente a no ser que estés en el cuarto asignado para tu sueño. ¿Ha quedado claro?
-Si… disculpe…
Saku agachó la cabeza ante la reprimenda de Linkaín, pero no lo hizo por vergüenza. El hombre tenía razón, había actuado como una niña y se lo merecía, pero no esperaba que fuera una reprimenda tan… suave.
Continuaron caminando hasta llegar a una de las puertas de madera, en la cual había un picaporte de color gris oscuro. Linkaín abrió sin preguntar siquiera, y Saku lo siguió. Se encontraron con una decoración muy distinta a lo que había visto hasta ahora. Era espaciosa, mucho. El suelo era de parquet, y a los dos lados habían sendas camas ajustadas a la pared, la de la derecha con sábanas de color blanco, y la de la izquierda con sábanas de color gris. El cabecero y a los pies de la cama habían sendas placas de madera barnizada para sujetar los colchones, y además, había en la parte de la almohada una lámpara con un interruptor. En el lado de la cama blanca no había más que un armario y unas estanterías vacías, y al lado del armario, cerca de la puerta de entrada, había un escritorio perfectamente ordenado. En el lado de la cama gris había más o menos lo mismo, solo que habían algunos cuadros colgados, dibujos encima del escritorio, las estanterías llenas de libros, con muchos de ellos sin siquiera un nombre en la solapa. Entre ambas camas había, al fondo, una puerta de madera cerrada.
-Espero que sea de tu agrado, Saku. –Dijo Linkaín mientras dejaba entrar a la monja. –Será mejor que duermas lo que queda de noche y mañana te presentaré a los demás.
Parecía como si la chica no le escuchaba. Estaba embelesada por la habitación, era más de tres veces el tamaño su pequeña celda en el convento, y todo ese lujo… lámparas, armarios, escritorios… En el orfanato solo podía poner su ropa en un arcón.
-¿Me oyes Saku? –Preguntó el hombre, y ella dio un pequeño respingo y se giró con una sonrisa nerviosa.
-Si, perdone… Que descanse señor Linkaín.
-Oh, no me llames señor, me hace sentir viejo. –Respondió él y empezó a cerrar la puerta, pero la volvió a abrir. –Vendré a buscarte seguramente a las once, si es que no hay cambio de planes. Estate preparada para entonces. ¿De acuerdo?
Ella asintió con la cabeza y Linkaín cerró la puerta, dejándola sola. Aquel lugar era cálido, mucho más cálido que las celdas del convento o las habitaciones comunales del orfanato. Caminó con lentitud hasta las estanterías repletas de libros, y se subió de rodillas encima de la cama de sábanas grises para poder leer algunos de los tomos. Esos tomos eran extraños, despedían un aura poderosa… Aunque, en realidad, su sexto sentido para notar ese tipo de cosas llevaba embotado desde que había puesto un pie en Gryphon. Todo le parecía mágico y, a la vez, mundano. Todo en aquel lugar parecía llamarle la atención de alguna manera. Shadow, Linkaín, Säbel, la mujer que habló con Taanis, el chico de piel amarilla que habló con ellos en el ascensor, el propio ascensor, el hombre con barba llamado Senzo, aquellos libros… hasta las camas tenían cierto aire mágico.
Suspiró. Debía descansar, aquel día había sido muy extraño, y todo empezaría a la mañana siguiente. Se colocó en una posición más cómoda en la cama, con las piernas fuera, y empezó a desabrocharse los zapatos. Todo lo que había pasado en tan solo dos días la tenía totalmente abrumada… Pero debía superarlo, por el bien de su misión.
Se quitó ambos zapatos y suspiró con fuerza, y giró la cabeza para mirar las sábanas de la cama, de un color gris bastante oscuro. Pasó su mano por ellas, alisándolas y notando su suavidad… hasta que escuchó el chapoteo.
Miró por todas partes, pero no vio nada ni a nadie. Pensó que alguien estaría en el baño, pero a parte de la puerta cerrada y de la entrada no sabía si había baño o no. Volvió su mirada hacia la puerta de entrada, y el aire se le congeló en los pulmones al ver como alguien parecía estar subiendo a la cama donde estaba sentada por el pie del lecho. Aparecieron dos brazos pálidos, femeninos, y poco a poco se impulsaron como si la persona en cuestión saliera de una piscina. Lo primero que Saku vio fue el cabello mojado, rojo como el fuego; lo segundo, que esa persona parecía irradiar oscuridad a su alrededor.
Pero lo que la hizo gritar fueron los ojos rojos como ascuas de la chica.
-¿Por qué gritas? –Preguntó la recién llegada, subiendo totalmente a la cama.
Saku temblaba mientras intentaba pensar. Pero… ¿Qué podía pensar? Una chica de cabellos y ojos como el fuego acababa de aparecer de la nada, vistiendo únicamente un baby doll rojo transparente que dejaba casi nada a la imaginación, y un fino tanga rojo... ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Qué pensar? El rostro de la monja estaba blanco como el papel.
No podía hablar, solo seguía mirando fijamente a la recién llegada. Esta la miró de arriba abajo, y una sonrisa felina, acompañando sus movimientos para arrodillarse en la cama, afloró en sus labios.
-Dime… ¿Por qué ese grito…?
Esta vez la monja dio un pequeño respingo. La voz de ella era juvenil, alegre, pero al mismo tiempo sensual y lasciva… Oscura, esa era la palabra que asomaba a su mente. Empezó a hablar para explicarse, pero tartamudeó un poco por el temblor.
-Me… me asustó… señorita…
-No debes temerme, no muerdo… casi nunca… -La pelirroja seguía sonriendo. Pícara, oscura y lascivamente. Saku recogió las piernas para alejarlas de la chica. –Debería ser yo quien gritara… porque no esperaba tener una compañera de habitación tan… bonita…
La pelirroja, a falta de nombre, comenzó a gatear lentamente en dirección a la monja. Esta solo pudo hacer lo que le dictaba su cuerpo: retroceder por la cama, evitando que se le acercara.
-Esto… usted es… muy amable… gracias…
Y al decir eso, lo notó. La superficie de la cama había terminado, y no le dio tiempo a detener su caída por la sorpresa. Con un pequeño estruendo cayó al suelo de la habitación, de espaldas, y tras el golpe, entre lucecitas y estrellitas en los ojos, solo atinó a quejarse una sola vez antes de fijarse en que la muchacha estaba prácticamente encima de ella, con la cara peligrosamente cerca.
-¿Te has hecho daño…? –Susurró con voz provocativa la chica, y ante el sonrojo general del rostro de Saku, la pelirroja pasó una de sus manos por el rostro de ella. –Sería una lástima ver moratones… en este lindo cuerpecito…
-Se… Señorita, por favor. Estamos en… ¡Estamos en una posición muy impúdica! –La novicia pugnaba por separarse de ella, pero sus brazos no le respondían como quería. –¡Y usted viste una ropa demasiado atrevida!
-No, no tiene nada de impúdico… -La cara de la pelirroja estaba cada vez más cerca del rostro de Saku. Tanto, que al hablar la novicia notó como el aliento de la chica calentaba su mejilla. –Y mi ropa es perfecta la mires por donde la mires…
La monja temblaba de los pies a la cabeza. Temblaba de miedo. ¿Miedo? Si, debía ser miedo. Aquellos ojos rojos, aquel cabello como el fuego, esos labios carnosos, esas curvas… ¡No! ¿Qué estaba pensando? Era una mujer, y además, una mujer no debería sentirse atraída por otra mujer. Era un pecado, era algo en contra de los designios de dios. “Dios hizo al hombre y a la mujer para complementarse” decía una y otra vez, viendo impotente como la chica se le acercaba.
Hasta que se abrió la puerta de entrada.
-Saku, me había olvidado decirte… -La voz de Linkaín, el cual había sido el oportuno visitante, murió en sus labios al encontrarse el panorama. Abrió un momento los ojos más de lo normal y su sonrisa burlona desapareció por unos instantes. –Pixy… ¿Se puede saber qué estás haciendo?
La pelirroja se apartó al instante del rostro de la novicia, la cual notó como su cuerpo volvía a moverse con normalidad y se santiguó con velocidad mientras la chica se dirigía hacia el castaño y lo abrazó por el cuello.
-Oh, vamos Linkaín. No me dijisteis que iba a tener una compañera de cuarto tan guapa, ni tan mona, ni tan tierna… -Saltó de alegría aún sujeta al castaño. -¡Demonios, dan ganas de comérsela a besos!
-No… ¡No se me acerque otra vez! –Gritó Saku abrazándose totalmente colorada. –Usted es… vistiendo así… actuando como una… ¡Una furcia!
-Oh, pequeña, no sabes divertirte. –Dijo Pixy mirándola divertida.
-Pero… ¡Mírate! ¡Actuando como una gata en celo, vistiendo… no me atrevo ni a llamar ropa esa minúscula prenda de vestir donde se te ve todo! –La monja, roja como el fuego, había explotado. Se levantó como pudo y miró a Linkaín. -¡Exijo cambiar de habitación, por favor! ¡Yo no puedo dormir con alguien que va por la habitación prácticamente desnuda delante de otros y actúa… de ese modo!
El castaño miró sorprendido a Saku, y luego a Pixy. Su mirada pasó por el cuerpo esbelto de la pelirroja, la cual al notarlo hizo una postura sexy, agachándose y colocando sus manos en las rodillas y levantando el trasero. Linkaín miró divertido a Saku.
-¿Qué hay de malo en como viste? Cada uno usa el pijama que quiere.
-¿Pijama…? –Saku abrió los ojos escandalizada. ¿Es que no lo entendía? –¡Eso no es un pijama! ¡No es ni tan siquiera un pedazo de tela! ¡Adán y Eva tenían más ropa usando las hojas que ella!
Ante ese comentario Pixy no pudo resistirse y empezó a reír, caminando hacia la cama de sábanas grises. Al instante, Saku se fue hacia el castaño que seguía con la sonrisa burlona en sus labios, y se plantó con los brazos en jarras.
-Quiero cambiar de habitación, por favor.
-¿Ya estás más calmada? –Preguntó él sin perder el matiz de diversión de su rostro.
-No, solo quiero marcharme de este cuarto. –Dijo ella muy seria.
-Bien, pues he de decirte que esa es una petición imposible. –Contestó él cruzándose de brazos. –Las órdenes son órdenes, Saku. Deberías saberlo mejor que nadie. Así que si se te ha asignado a esta habitación, tú dormirás en esta habitación.
-Pero… Señor Linkaín, por favor. ¿No ve lo impúdica que va? No he visto tanta decadencia desde los relatos de Sodoma y Gomorra.
Pixy rió y Linkaín se rascó un momento la cabeza.
-Pues que quieres que te diga, sigo pensando que le queda perfecto.
-Ay, primo, tu siempre tan galante. –Dijo Pixy sentándose con las piernas cruzadas en el lecho gris y mandándole un beso con sus labios. –Si es que eres un amor.
-Señor Linkaín, por favor, quiero cambiar de habitación. –Reiteró Saku reprimiendo un escalofrío.
-No. –Dijo Linkaín, y esta vez fue un “no” con rotundidad, más parecido al tono que usaba Säbel, y la monja dio un respingo. –Dormirás aquí, no se hable más. Y Pixy… -El hombre se acercó a la pelirroja y le puso la mano encima de la cabeza, acariciándola. –Al menos espera a que tenga el uniforme gris para empezar a seducirla.
-Oh, vamos, así es más divertido. –Riendo, Pixy se dejó acariciar la cabeza con expresión de felicidad. –No pude resistirme. Entre que tiene ese uniforme y estaba en mi cama no pude, en serio.
-Vale, pero tranquilízate, no queremos matarla antes de tiempo. –Riendo, se volvió hacia Saku de nuevo. –Saku, voy a hacer las presentaciones formales. Esta es Pixy, una Guerrera Gris igual que yo. Será tu compañera de cuarto, y seguramente será ella quien te explique muchas de las cosas que hacemos durante las noches que compartáis habitación, así que espero que os llevéis bien.
-Pero… -Empezó a decir ella, pero una mano de Linkaín se levantó con la palma abierta.
-Basta de llevar la contraria. –Dijo Linkaín. –Pensé que tendrías algo más de disciplina, la verdad.
Saku se puso colorada como un tomate e hizo una pequeña reverencia con la cabeza. Acto seguido susurró.
-Perdone, señor Linkaín, no volverá a pasar…
-Eso está mejor. –La sonrisa burlona de él volvió a sus labios. Se dirigió de nuevo a la puerta y salió al pasillo. –Mañana Pixy te acompañará a la sala de reuniones. ¿Me has oído Pixy?
-A tus órdenes primito. –Dijo desde su cama la chica pelirroja, estirándose cuan larga era.
-Y Saku, se que Pixy puede parecer peligrosa, pero es un trozo de pan. Buenas noches. –Y cerró la puerta.
La monja miró a la otra chica, y un escalofrío le recorrió el cuerpo. ¿Trozo de pan? Por favor, si debía ser la encarnación de Masabakes, la Diablesa de la Lujuria, en este mundo. Abrió los ojos. Eso eran palabras mayores incluso para ella que estaba al servicio de Dios. Se santiguó enseguida, y Pixy, al verla, empezó a reír.
-¿De qué te ríes? –Dijo ella mirándola desafiante. –No creo que haya hecho nada gracioso, y deberías tener más respeto por el señor. Él es nuestro creador.
-Meeeec… -Dijo ella como si fuera una bocina de automóvil. –Error, cariño. Será tu creador, pero no el mío.
-¿Osas blasfemar? –Exclamó alarmada la novicia, y volvió a santiguarse, esta vez, sacando el pequeño crucifijo que llevaba desde siempre. –No te lo aconsejaría, los blasfemos como tu arderéis en el infierno.
-Lucifer dijo “Prefiero reinar en el Infierno a ser un esclavo en el Cielo”. –Pixy se miró las uñas con indiferencia. –Y después de tantos años aquí como Guerrera Gris, créeme, entiendo lo que quiso decir. Tu querido Dios, cariño, no es más que un ególatra que lo quiere todo para él.
-¡No puedo seguir escuchando esto! –Saku se giró y se dirigió a la puerta, totalmente enfurecida por lo que Pixy decía. –No pienso compartir cuarto con una hereje. Eso sería lo último.
Tomó el pomo gris de la puerta e intentó abrir, pero por alguna razón parecía estar completamente pegado. No se movía absolutamente para nada, ni por mucha fuerza que le pusiera. Empezó a golpear la puerta con su cuerpo, intentando que cediera.
-Es inútil. –Dijo Pixy mirándola divertida desde su cama. –Las órdenes ya están dadas. Shadow dijo que dormirías en este cuarto, y en este cuarto te quedarás.
-Le pediré que me deje cambiar de habitación. –Repuso con furia la monja. –Seguro que si le explico lo que eres, primero me cambiará de habitación y luego te expulsará. No puedo creer que en una institución como los Guerreros Grises haya una hereje de tu nivel.
Solo notó como un viento cálido pasaba por detrás de ella, y al girarse, se encontró con que Pixy había llegado hasta ella en un abrir y cerrar de ojos, colocó sus dos manos alrededor de la cara de Saku, apoyándolas en la puerta, y encerrando a la monja entre la madera de la entrada y su cuerpo. La miró a los ojos con esas dos teas ardientes que tenía por globos oculares, y por un momento, Saku pensó que incluso ese rojo estaba encendido con fuego auténtico.
-Querida, te voy a dar dos advertencias. La primera es que no creas que estás en una situación muy ventajosa, pues eres una recién llegada que acusaría a una Guerrera Gris veterana… Eres una novata, eso es lo que eres. –Dijo Pixy sonriendo de una manera siniestra. –Lo segundo… no tienes ni idea de lo que soy. –La sonrisa siniestra de la pelirroja se hizo aún más grande, y los ojos parecían dos ascuas encendidas ante la mirada aterrada de Saku. –Pero a diferencia de ti, Shadie si lo sabe. Entre los Guerreros Grises no hay distinciones por lo que somos… Porque somos Guerreros Grises. Estamos más allá de la Luz de tu Dios y de la Oscuridad de Lucifer.
-Estás equiparando este sitio al nivel del Altísimo… -Dijo ella santiguándose de nuevo. –Eso es una blasfemia incluso mayor.
-Tienes mucho que aprender… -Dijo la pelirroja apartándose de ella, y caminó, contoneándose como una gata, hacia su cama. -¿Sabes lo que significa ese uniforme que llevas?
Por primera vez, Saku pegó un respingo de agradable sorpresa. ¿Acaso se lo iba a decir? No, debía ser fuerte, aquella mujer era peligrosa en muchos sentidos, y no podía bajar la guardia. Buscó a tientas su báculo, pero no estaba. Se puso nerviosa. Sin él no podía usar su don, y miró alrededor. ¡Allí estaba!
En las manos de Pixy.
-Devuélveme eso. –Caminando con decisión hacia Pixy, le extendió la mano para que se lo entregara.
-Oro y plata… -Dijo examinando el cilindro, y con un movimiento, la pelirroja lo extendió, sorprendiendo a Saku. –Con el interior lleno de agua bendita. ¿No es así?
Al decir lo que llevaba el báculo en su interior, la novicia pegó otro respingo. ¿Cómo podía saberlo? Es más… ¿Cómo había conseguido extender el báculo si, en teoría, solo podía abrirlo ella?
-Es de manufactura vaticana. ¿A que si? –Preguntó Pixy con una sonrisa extendiéndole el báculo a Saku. Esta lo tomó y lo cerró de nuevo. –Es el diseño estándar. Lo usan muchos novicios. Da buenos resultados para los novatos, pero a medida que el poder crece, ese juguete se queda corto.
Saku retrocedió dos pasos, sorprendida. ¿Cómo sabía todo eso? ¿Acaso había algún espía de los Guerreros Grises en la Iglesia? Pero lo más preocupante era lo último que había dicho. En realidad, llevaba tiempo notándolo en sus propias prácticas que sus poderes quedaban atrapados dentro de sí, que no podía exteriorizar lo que quería conseguir a través de su báculo.
Sacudió su cabeza y miró hacia la puerta cerrada.
-¿A dónde lleva esa puerta?
-Al baño. Pero no podrás cerrar la puerta, está prohibido. –Dijo Pixy mirando aburrida a la madera. –Son órdenes de Säbel…
Saku no la escuchó, y tomó la almohada y algunas sábanas de su cama blanca. No pensaba dormir en la misma habitación que esa hereje, vamos, sería lo último que haría. Abrió la puerta y, si no hubiera estado tan enfadada, hubiera admirado el cuarto de baño. Un enorme espejo con decoraciones de rosas enfrente de la puerta separaba la taza del W. C. y la enorme bañera. “Peor sería dormir con ella” se dijo, y extendió una sábana en la bañera, se estiró en ella y colocó su cabeza en la almohada para intentar dormir. Colocó su espalda en dirección a la puerta y cerró los ojos. No tardó mucho en notar como Pixy se sentaba en el borde de la bañera.
-No te aconsejo que duermas ahí… -Le dijo con voz dulce. –Yo ya lo hice la primera vez que vine aquí… Te levantarás con un dolor de espalda monumental…
-Me es igual. –Contestó tajante Saku sin girarse.
-Se lo que se siente… -Suspiró Pixy. –El ser arrancada de todo lo que crees, todo lo que sabes, todo lo que entiendes… Yo estuve igual que tú una vez, hace mucho tiempo.
-Ni que fueras mayor que yo. –Espetó enfadada Saku. –Debes tener mi misma edad.
Por toda respuesta, Pixy rió un poco más, y se levantó.
-No voy a comerte ni a “ensuciarte” por dormir en la misma habitación que yo. –Dijo la pelirroja acariciando la cabeza de Saku. Esta tuvo un escalofrío. –Mañana tendrás mejor visión, así que si quieres dormir bien te aconsejo que uses la cama.
-Estoy bien aquí.
Pixy negó con la cabeza, suspirando, y atravesó la puerta, dejándola abierta. Se dirigió a su cama, abrió las sábanas y se metió en el interior. Extendió su mano hacia un interruptor al lado de la cabecera y apagó las luces.
Saku no lo notó. Se había quedado dormida cuando Pixy había abandonado el baño.
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Abrió los ojos lentamente. ¿Qué hora era? ¿Las demás hermanas habrían empezado los rezos de la mañana? ¿Y la Madre Superiora, estaría aún en su despacho? Debería dormir un poco más, su cuerpo se lo pedía, pero sus obligaciones eran tantas… La oscuridad la envolvía, no veía más allá de su propia nariz… e incluso ni eso. Se restregó los ojos. Debía rezar, aunque fuera un poco. Había tenido una pesadilla horrible.
-¡Saku! ¡Despierta, tenemos que prepararnos!
Se levantó como un resorte, con los ojos abiertos. No, no había sido un sueño, ni una pesadilla. Era la cruda realidad. Estaba estirada en una bañera, en el baño de una habitación que, teóricamente, debía compartir con una blasfema y una hereje.
La luz de la puerta parecía venir de una luz natural, y se veía la sombra de Pixy caminar de arriba abajo.
-Date prisa, hemos de desayunar y vestirte. –Dijo desde la habitación la pelirroja sin entrar. –He tenido que ducharme en el cuarto de Nayru porque estabas dormida en la bañera aún.
Se levantó rápidamente, y se inclinó de nuevo casi al instante. La espalda le dio un fuerte tirón, un pinchazo como si hubiera estado durmiendo en muy mala posición. Suspiró… Claro que había dormido en mala posición en aquella bañera, debería haber hecho caso a Pixy y dormir en la cama.
¡No! ¿Dormir cerca de esa hereje? ¡Nunca!
Miró por todas partes, buscando un punto de salida. No tenía fuerzas para lidiar con la pelirroja, así que sería mejor que intentar escapar por otro lado. Encima de la bañera, detrás de una pequeña cortina, había unos pocos rayos de luz. Se enderezó como pudo por el dolor de espalda y apartó la cortina, cerrando los ojos por el golpe que el sol dio en sus ojos cansados. Miró ilusionada al exterior.
Y cuando vio la altura a la que se encontraba recordó que estaban en un piso dieciséis.
Cuando miró hacia la entrada, se encontró con que Pixy entraba en el baño y encendió la luz, cegándola por un momento.
-Vamos perezosa, hay que prepararse para la reunión. –Saku consiguió enfocar su vista lo suficiente para ver a la pelirroja abrir un cajón y sacar un par de pinzas.
Se fijó mejor en su atuendo. Era exactamente igual al de Säbel y Zelcia el día anterior, y en el muslo derecho llevaba una cartuchera con una pistola dorada con la culata de madera. Se giró a ella y puso sus manos en sus caderas.
-Mírate, sin vestirte, sin prepararte… Tienes una cara de muerta que no te aguantas. ¿Quieres que te maquille? Puedo disimularte las bolsas de los ojos.
-Ña… yo no uso de esas cosas… -Dijo mientras se dirigía a paso de tortuga hacia la entrada.
-Si vas a ese paso no acabaremos nunca.
-Pues adelántate, ya te alcanzaré yo… -Se sentó en su cama, intentando pensar. -¿Dónde está mi maleta…?
Pixy la miró extrañada y empezó a reír.
-Primero… ¿Cómo vas a alcanzarme si no sabes donde estás? Y segundo… ¿Qué maleta? –Caminó hacia el armario que estaba en el lado de la monja, lo abrió y sacó una falda a cuadros grises, una camisa blanca parecida a la chaqueta de los Guerreros Grises y una corbata azul. Luego los dejó encima de la cama a su lado. –Ponte eso, es tu uniforme.
Saku miró las prendas y su mente empezó a perder esas nubes que la cubrían. Recordó más o menos que ahora tendrían una reunión, y tomó la camisa entre sus manos. Era de un material muy fino, pero a la vez resistente. Sabía eso porque, desde niña, había aprendido a distinguir la calidad y resistencia de las prendas para poder aprovecharlas. Miró a los lados, y se fijó en Pixy que estaba peinándose el rojo cabello con un cepillo negro con una joya en el pomo. La miraba extrañada.
-Vamos, vístete. –Dijo la pelirroja.
-Esto… ¿Podrías dejar que me vista… sola…? –La pregunta iba con una carga adicional de pudor que solo hizo que Pixy sonriera.
-La puerta no se cierra, así que me daré la vuelta. Pero no tardes querida. –Se giró hacia el baño y encendió la luz, iluminando el espejo enorme y peinándose con parsimonia.
Saku se quitó el vestido que usó durante todo el día anterior, teniendo algún problema con la corbata, y se miró la espalda. Tenía algo de su piel enrojecida, pero por el resto no vio ninguna otra marca que pudiera ser peligrosa. Se empezó a poner la falda, mientras miraba a Pixy de reojo. Parecía como si todo lo que pasó anoche fuera simplemente un vago recuerdo, pero ocurrió realmente… Y la pelirroja no parecía recordarlo, o simplemente, no le daba ninguna importancia.
Se vistió con toda la rapidez que pudo, intentando evitar que Pixy la viera sin ropa, pero cada vez que miraba, Saku solo veía a la otra chica peinándose. Cuando estuvo presentable, con los cabellos completamente revueltos por la noche y legañosa, se dirigió al baño con Pixy. Aguantaría estar cerca de ella si eso significaba poder lavarse un poco la cara.
-Tienes una cara horrible. –Dijo la pelirroja al verla entrar, separándose para que usara la pica del lavabo. –Sería mejor que te escondieras las ojeras con un poquitín de maquillaje. No suelo decir esto pero… -Sonrió con gracia mientras Saku abría el grifo de agua fría. –Te lo dije.
La monja se lavó la cara con energía. No le gustaba el tono que usaba la chica.
-La belleza es algo efímero. –Contestó ella secándose la cara con una toalla. –Así que no me molesta lucir mal.
-La belleza es efímera para los que no saben apreciarla. –Le dijo la pelirroja, y acto seguido dio la vuelta a su cepillo para el pelo y apretó la joya del pomo. –Gami, quiero desayunar. ¿Me haces un par de huevos fritos con bacón? Y un poco de zumo de naranja natural, anda. –Miró a una sorprendida Saku y le sonrió. -¿Quieres desayunar algo?
-¿Esa cosa nos puede hacer el desayuno? –Preguntó con los ojos abiertos la monja. Aquella tecnología no la había visto nunca en el convento…
-No, mujer –Dijo riendo la pelirroja y le enseñó el cepillo. -, esta cosa, como tu dices, tiene un comunicador directo con mi asistente. Él será quien nos traiga el desayuno.
-Pues… no había visto algo así nunca… –susurró la chica mirando el cepillo. –Parece cosa de magia.
-Los religiosos siempre condenáis la tecnología. –Dijo suspirando Pixy. -¿Te gustan los huevos fritos? ¿Y el bacón?
Por toda respuesta, se escuchó el rugido del estómago de Saku.
-Pero no quisiera molestar… -Dijo la monja roja como un tomate.
-¿Te gustan o no? –Preguntó de nuevo la pelirroja.
-Si… eso estaría bien, por favor. –Contestó Saku con una sonrisa.
-Gami… -Pixy volvió a apretar el botón. –Quiero que sean dos de cada, para mí y para otra persona. –Saku, mientras veía como la pelirroja salía del cuarto de baño, se dio cuenta de algo. Estaba siendo cortés con la hereje. ¿Habría sido un hechizo de la lasciva compañera que le había tocado? Debía tener cuidado, eso no era un paseo, era una misión. –Tienes cinco minutos para hacer el desayuno. Si no me lo traes en ese tiempo, te meteré por el orto una semilla estelar. ¿Ha quedado claro?
Saku salió del cuarto de baño en el momento en el que escuchaba un fuerte grito desde el cepillo, y Pixy se giró a ella. Se le acercó con cara disgustada, a lo que la monja se asustó. ¿Un ataque? ¿Ahora?
-Tienes el cabello hecho polvo. –Dijo la Guerrera Gris, tomándole de un mechón de cabello. –Siéntate, te peinaré mientras esperamos.
Saku dejó escapar casi todo el aire de sus pulmones, y un escalofrío le recorrió la espina dorsal. ¿Otra chica iba a peinarle? No lo hacía desde que tenía cinco años, y en ningún momento una hereje así. Sin embargo, un sentimiento de curiosidad y tranquilidad la envolvió, y como si un gatito amaestrado se tratara se sentó en la silla más cercana, mientras la pelirroja empezaba a cepillarle los rebeldes cabellos castaños.
-Por el bosque de los ahorcados… ¿Qué champú usas, cariño? Tienes el pelo lleno de nudos y muy estropeado. –Se detuvo en el cepillar para deshacer un nudo con sus propias manos.
-¿Champú…? Yo solo uso una pastilla de jabón. ¿Eso es malo? –Preguntó curiosa la monja.
-Malo no, malísimo. –Le contestó Pixy y terminó de deshacer el nudo. Lo soltó con desagrado, tanto en su movimiento como en su cara. –Con razón está tan estropeado. La salud de tu pelo pide a gritos champú revitalizante. Esta noche te lo lavaré a conciencia.
Se puso blanca. ¿Lavarle el pelo? ¿Dormir de nuevo en esa habitación? Debía decir o hacer algo, no quería, simplemente, llegar a esa noche en esa habitación. Pero cuando fue a abrir la boca, dos golpes sonaron en la puerta. Pixy dijo un simple “adelante” y la puerta se abrió, dejando ver al chico de piel amarillenta que le lloró a Linkaín y que vio la noche anterior cuando llegó al ascensor. Llevaba un traje bastante informal de color gris y corbata negra, y en sus manos llevaba una bandeja con dos platos que inundaron la habitación de un profundo olor de bacón recién hecho. Los brazos, que llevaba descubiertos con la camisa de manga corta, eran muy velludos… Más bien, eran peludos, con un color rubio entre el canario y el tigre. Llevaba puesto su gorro de lana negro tapándole casi todo el negro pelo de la cabeza. Su cara no tenía vello, ahora que se fijaba la monja, pero seguía estando algo amarillenta.
-Buenos días, Pixy. –Saludó el recién llegado caminando hacia donde estaban en la tarea de peinado. –¿Esta es la nueva compañera de cuarto?
-Si, es una monada. ¿Verdad? –La pelirroja dejó de peinar por un momento a Saku y la abrazó por detrás, con cara de felicidad. Después de estrujarla un poco ante la mirada de incomprensión de la blanca, volvió a soltarla y seguir peinándola. –Pero aún está muy blanca, y es muy tímida. Tiene un largo camino por delante. –Miró al recién llegado dejar las bandejas en la cama de la monja. –Gami… ¿Has tardado…?
-Tres minutos y medio. –Dijo suspirando el chico mirándola con una cara de cansado que se podía ver a leguas.
-Entonces hoy te libras del castigo. –Pixy sonrió y empezó a alisar el cabello de Saku con las manos.
Por su parte, la blanca solo miraba ahora al recién llegado. Desde que entró en el recinto había perdido la habilidad de sentir lo diabólico, lo malvado, lo pagano, pero desde que entró en contacto con Pixy sus sentidos se dispararon dentro de aquel embotado sentido. Sentía que la chica era un peligro, pero cuando entró el chico ese sentimiento de peligro empezó a sonar como un pequeño zumbido detrás de la oreja. No sabía lo que era, pero ese chico tenía algo en su forma de ser que la ponía en guardia. Cuando este se acercó para ponerle delante el desayuno, ella se puso tensa.
-¿Es para ti, verdad? –Preguntó con una sonrisa él.
-Esto… si… -La monja lo miró. Tenía un aire bastante místico a su alrededor. –Esto… ¿Tú también eres un pagano?
Él la miró con los ojos abiertos y empezó a reír secundado por Pixy. Saku se puso roja porque sabía que se estaban riendo de ella.
-Pagano, esta es nueva. –Dijo el chico, y se giró a la pelirroja. -¿Acaso no sabe nada aún?
-La reunión es ahora. –Dijo Pixy empezando a trenzar el cabello de Saku. –Ahí le explicarán muchas cosas. Oye Gami. ¿Qué tenemos programado para hoy?
-Oh, dame un segundo. –El chico sacó una libreta de su bolsillo trasero y empezó a pasar páginas. –Veamos, dentro de una hora tenéis la reunión, supongo que no te pondrán al cuidado de esta muchachita por lo blanca que es. Después tienes que preparar unos informes de la misión que hiciste hace un par de noches, y a mediodía no tenemos nada programado, así que podrás comer donde quieras.
-Siempre como donde quiero. –Rió la pelirroja atando el cabello de Saku. –Tráeme el espejo de mano.
Gami se metió en el baño y trajo un pequeño espejo redondo de estructura plateada, y Pixy se lo quitó de las manos. Lo colocó delante del rostro de Saku, y la chica se vio reflejada. Se sorprendió, pues veía que con simplemente haber cambiado de peinado parecía una chica distinta.
-¿Te traigo el estuche de maquillaje? –Preguntó el chico.
-¿Tu que dices, Saku? –Preguntó con una sonrisa la pelirroja. -¿Te disimulo las ojeras?
¿Y si la dejaba? Era la primera vez que se sentía hermosa… ¡No! Eso era vanidad, algo que no debía sentir. Debía seguir los dictámenes de Dios y no sentirse superior a nadie.
-Gracias, pero preferiría que no. No uso de esas cosas. –La voz de Saku, por el contrario, sonaba con poca convicción.
Pixy, por su parte, sacó el espejo con una sonrisa extraña y se sentó en la cama empezando a comer su desayuno. Saku miró hacia su propio plato. Tenía tanta hambre que no le importaba que eso hubiera sido preparado por un posible hereje. Se llevó un pedazo de bacón a la boca y se estremeció. Hacía tanto tiempo que no comía aquello…
Mientras ella comía, prestaba atención a la conversación de Gami y Pixy. Eran una extraña pareja, ella pelirroja y él con ese extraño sombrero de lana. Estaban hablando de las actividades del día que la Guerrera Gris debía atender, mientras que Saku seguía pensando en su misión. De momento había encontrado una hereje entre los Guerreros Gris, no sabía si su líder lo sabría, como bien aseguraba ella, pero si era así, su misión empezaba a ser peligrosa. Aunque la impresión que le dio Shadow no era precisamente la de un hereje.
Cuando terminó de comer se fijó que Pixy y Gami se estaban pasando lápices por el aire, como si estuvieran flotando.
-¿Cómo hacéis eso? –Preguntó curiosa ella.
-¿Esto? Es levitación básica. –Dijo Gami haciendo que un par de lápices dieran dos vueltas antes de llegar a las manos de la pelirroja. –Es bueno entrenar lo básico para no perder la costumbre.
-Tú también podrías hacerlo. –Dijo Pixy guardando los lápices en el bolsillo de Gami, también con levitación. –Es la magia más básica de todas, y tú podrías aprenderla.
-Yo no aprenderé magia. –Dijo con firmeza la monja. –La magia va en contra de las enseñanzas de Dios.
-Oh, pero… Linkaín me dijo que usaste un hechizo de fuego. –Comentó Gami extrañado. -¿No incendiaste un contenedor de basura?
-¿Eso? Eso no fue magia. –Dijo contrariada Saku. –Aquello fue mi Don de Dios. A los que somos amados por Dios se nos concede ese poder.
Pixy la miró con ojos tristes, y Gami con una mirada interrogante.
-¿Qué… que ocurre? –Preguntó la monja.
-Me das mucha lástima… -Dijo Pixy levantándose y caminando hacia la puerta. –Tienes tanto que aprender que me extraña que te hayan dejado venir.
-Será mejor ir hacia la reunión. –Dijo Gami sacando de nuevo su pequeña libreta. –Síguenos, Saku.
Ella se levantó, pensando. ¿Qué querían decir con eso de que ella había usado magia? La magia era el producto del demonio, de todos esos seres que se hacían llamar dioses fuera de la religión de Cristo, y de los herejes como Pixy, pero ella usaba su Don de Dios. Le habían enseñado a usarlo desde que tenía uso de razón, pues las monjas le decían que tenía talento para usar ese don, y que Dios la amaba mucho pues su poder era muy alto. Incluso sus palabras mágicas eran en latín, como la habían enseñado desde siempre. Y ahora Pixy y Gami decían que sus poderes eran magia, algo diabólico… Claro, pensó, es normal pensar eso cuando venía de una hereje y un posible pagano. No veían la gracia de Dios. Debía enseñárselo desde ahí.
Caminaron por el pasillo de las habitaciones hasta llegar al ascensor. Delante de este mismo se encontraba otra persona con el traje de los Guerreros Grises. Esta vez era un chico más o menos de la misma altura que Saku, con el cabello corto y medio castaño y pelirrojo. Cuando llegaron, se giró a ellos.
-Oh, sois vosotros. –Dijo con una voz profunda y cansada. -¿Qué tal todo?
-¿Estás bien, Drako? –Preguntó Pixy extrañada. –Ni que te hubieras pasado la noche pegando ostias.
-Precisamente, eso vengo haciendo. –Contestó masajeándose las sienes el chico. –Claro, ya sabes que para acabar con poseídos y fantasmas lo mejor es enviar a alguien de los blancos, pero Nayru tenía que hacer cosas, Wallace estaba preparando no se qué y claro, yo fui el único idiota disponible.
-Quien te mandaba a ti haber sido un templario. –Dijo riendo Gami.
¿Templario? Aquella orden de caballeros era tan antigua que Saku se extrañó. No podía ser un Templario, habían sido disueltos hace mucho tiempo.
-Es lo que hay… -Dijo cansado el chico cuando se abrieron las puertas. –Saber exorcizar es un arte, ya lo sabéis. Y yo soy de los mejores exorcistas que tenemos.
-Y el mejor del mundo, idiota. –Dijo Pixy riendo. –No he visto a nadie exorcizar como tu, que en una hora puedes sacar incluso diez sombras en un solo cuerpo.
¿Además un exorcista? Aquello empezaba a extrañarle mucho a la monja. A todas luces, ese chico parecía un seguidor de Dios, pero hablaba con toda la tranquilidad del mundo a Pixy y a Gami. Además, notaba un aura extrañamente familiar en el muchacho llamado Drako.
Cuando se cerraron las puertas, fue cuando se dio cuenta de la presencia de Saku. La miró con los ojos bien abiertos. Sus ojos eran de un amarillo oscuro parecido al oro, y su piel era algo pálida.
-Tu… ¿Eres nueva? –Preguntó a la monja. Agachó un poco la cabeza con la mano en la barbilla y la miró de arriba abajo.
-Esto… Si… Mi nombre es Saku… -Dijo cohibida ella.
Empezó a rodearla mientras Pixy hablaba con Gami. La miraba con una mirada crítica y a la vez curiosa. Saku empezó a sentirse muy incómoda, le recordaba a cuando, de pequeña, había hecho una travesura y la Madre Superiora empezaba a dar vueltas a su alrededor, del mismo modo, para que confesara.
-Por lo que veo, tienes uniforme blanco. –Dijo con voz queda él. –Es decir, que tienes mucho que aprender. ¿Ya sabes a cargo de quién estarás?
-Esto… No lo recuerdo bien… llegué ayer… -Saku cada vez estaba más nerviosa, le sudaban las manos y se le secaba la boca.
-Seguramente te pondrán con Nayru o Wallace. –Dijo más para sí que para ella. –Porque yo tengo mucho que hacer en estos días y no te podría enseñar nada. –El chico se detuvo frente a ella. –Por cierto, mi nombre es Drako. Drako von Kántor.
-Encantada, señor Kántor, yo soy Saku Zelda Sheikav. –Dijo extendiéndole la mano. Drako la miró extrañado y la tomó suavemente.
-¿Sheikav…?
-Así es señor… ¿Conoce mi apellido? –La monja abrió los ojos extrañada. Sus padres habían muerto en el mismo orfanato donde ella creció, pero nunca le dieron un apellido, por eso se lo colocaron en la iglesia.
-Sheikav… –El hombre soltó la mano de ella y se colocó la misma mano en la barbilla, con cara pensante.
Saku se quedó expectante, por si iba a hablar, pero acto seguido sonaron las campanillas del ascensor y las puertas se abrieron.
Al mirar, la monja vio un largo pasillo de color blanco grisáceo, muy parecido al de los azulejos de los bancos. El pasillo era del tamaño de la puerta del ascensor, y solo se veía una puerta a lo lejos y varias obras de arte a los lados, en las paredes. Drako fue el primero en salir, sin decir una palabra más, seguido de Gami y Pixy. Esta última empujó ligeramente a Saku para que avanzara. Ella seguía, sin embargo, esperando una respuesta de Drako. Respuesta que, asumió, no llegaría en ese momento.
Caminaron en las baldosas pulidas, haciendo sonar sus zapatos. Los únicos que hablaban eran la pelirroja y el del gorro de lana, pero también se callaron cuando llegaron a la puerta del fondo. Drako golpeó con los nudillos, y acto seguido la abrió. Entraron todos.
Saku siempre recordará el día en el que entró en esa sala. Era sencilla pero, a la vez, extraña. A los lados tenía varias puertas de distintas formas, en las paredes blancas habían símbolos de distintas religiones, desde la cristiana hasta las más paganas y antiguas que podía encontrarse, como las celtas o las nórdicas. En un lado había un enorme mapa del mundo, con muchas chinchetas de colores. En el centro de la sala había una gran mesa gris circular, en la cual ya estaban sentados Linkaín y Säbel con varios papeles. Pixy fue corriendo hacia ambos, y los abrazó como si fuera una niña pequeña. Por primera vez vio a Säbel esbozar una leve sonrisa al acariciar la cabeza de la pelirroja. El castaño, por su parte, cuando se liberó del abrazo de Pixy se dirigió a Drako.
-Bienvenido Drako. Espero que el exorcismo de ayer fuera un éxito.
-Por supuesto Linkaín. ¿Por quién me tomas? –Dijo sonriendo este mientras apretaba la mano del orador. –Oye. ¿Sabes donde está Nayru?
-Debe estar al caer. ¿Por qué?
-Debo hablar contigo. –Ambos hombres se dirigieron a una zona apartada, cerca de la insignia de la cruz de Santiago.
Saku se quedó ahí de pie, sin saber que hacer, hasta que Gami se le acercó.
-Ven, siéntate. No querrás pasarte toda la reunión levantada. ¿Verdad?
-Pero… ¿Dónde me siento…?
-Oh, da igual donde te sientes. –Gami la llevó hasta una silla y él se sentó a su lado. –El único lugar donde no puedes sentarte es entre Säbel y Linkaín. Ese es el sitio de Shadow.
La puerta volvió a abrirse, y entraron otras dos personas. En esta ocasión fue Taanis acompañado de una mujer delgada de largos cabellos negros. Sus ojos verdes se escondían detrás de unas gafas finas de color negro, y llevaba una larga cadena con una cruz de un tamaño considerable, como si fuera el pomo de una espada, atada a su cintura.
-Buenos días. –Dijo Taanis sentándose sin prestar atención a donde y dejando encima de la mesa un grueso libro de colores oscuros, empezando a leerlo por la página que le correspondía.
-Buenos días tengáis, hermanos. –La voz de la mujer era suave, agradable y limpia. Saku se sonrojó al instante.
-Nayru. ¿Puedes venir un momento? –Dijo Drako desde el fondo de la sala, junto a Linkaín.
La mujer caminó con paso firme por la sala, pasando por detrás de Saku. La monja sintió un escalofrío al pasar a su lado, con tanta fuerza, que tuvo que sujetarse los brazos. Cuando ella estaba con los dos hombres, Gami le acarició los brazos en un abrazo.
-Si, suele crear esa impresión en los que son como tú. –Explicó a una extrañada Saku. –No te preocupes, pronto te acostumbrarás.
-¿Tu también lo notas? –Preguntó con suavidad.
-Esto… Yo noto otras cosas, llevo mucho más tiempo que tú. –Dijo Gami con una sonrisa.
-Pero… ¿Desde cuando? Si no pareces mucho más mayor que yo…
-Las apariencias engañan, Saku… Sobretodo en Gryphon. –Le contestó al mismo tiempo que se abría la puerta de nuevo.
-¡Siento llegar tarde, Taanis! –Gritó una mujer con un uniforme parecido al de Saku, solo que era de color gris y la corbata que llevaba era blanca.
-Tranquila, Eratia. Ni hemos empezado. –Dijo el interpelado pasando de página sin prestar mucha atención a que la mujer se sentaba a su lado, dejando una libreta en la mesa.
Saku se fijó más en la mujer. Era más o menos igual de alta que Taanis, sus cabellos eran grises atados a la espalda en una coleta y sus ojos eran negros como la noche. Era bella, pero… Por un momento, le había parecido que no era una mujer lo que había gritado.
-¿Extrañada con Eratia? –Preguntó Gami.
-Si… No se, me da la sensación de que… Pensarás que estoy loca pero… -Se agachó para susurrarle. –Me dio la sensación de que era un hombre cuando entró…
-Oh, tranquila, Eratia es así. –El de piel amarilla hizo un ademán con la mano como restándole importancia. –Ya descubrirás más cosas en otro momento, ahora es mejor no explicarte lo duro antes de hora.
Iba a responder, pero la puerta volvió a abrirse y entraron otras dos personas. Zelcia y un joven que tendría la misma edad que Saku. Esta vez Zelcia llevaba una espada envainada en el costado, mientras que el muchacho, de cabellos marfileños y ojos de un azul muy pálido llevaba una bolsa de cuero a su costado. Zelcia se sentó sin decir más que un simple “Nos días” y el muchacho se acercó a Säbel.
-Oye, Säbel. ¿Quién ha hecho este informe? –Preguntó con una voz jovial y divertida.
-Oh, Wally, deja a la primita tranquila. –Dijo Pixy que, en ningún momento, había soltado del abrazo a la guitarrista. –Yo nunca hago informes además…
-Si, luego tengo que echarte a ti la bronca. –Contestó el chico con cara de enfado. –No es bueno que todos los informes los haga Gamasan, tú también debes hacer algunos.
-Gami está ahí para hacer el trabajo que yo le doy. –Espetó Pixy. –Para eso me lo asignaron. ¿No?
Saku no entendía lo que estaban discutiendo, y Gami parecía reírse con ello.
-Están discutiendo del porqué los informes que, en teoría, tendría que hacer Pixy, los hago yo.
-Tú eres el asistente de Pixy. ¿Verdad? –Preguntó la monja.
-Así es. Ella se encarga del trabajo de campo, yo del papeleo.
-¿Y no te molesta? –Preguntó Saku extrañada. –Siempre encerrado sin hacer nada fuera.
-Oh, para nada. Te lo creas o no es un buen trabajo.
-Bueno, el próximo informe hazlo tú. –Dijo la voz del chico, y se sentó al lado de Zelcia suspirando y sacando varios papeles.
-Se llama Cid Wallace, es uno de los estrategas y mayores en rango entre los Guerreros Grises. –Dijo Gami a Saku. –Pero todos le llamamos Wallace o Wally.
-Parece que tiene mi misma edad.
Gami volvió a suspirar, negando con la cabeza, a la vez que la puerta se abría por enésima vez y se vio a Smooky entrar con una katana a su cinto. El cabello esta vez lo llevaba peinado hacia arriba y hacia atrás, enfatizando su rostro con sonrisa lobuna.
-Vaya, veo que soy el último. –Dijo sentándose en una de las sillas más lejanas y poniendo los pies encima de la mesa. -¿Solo falta Shadow?
-Así es. –Dijo Pixy mirándolo con furia. –Y por si no te has dado cuenta, esta es una mesa de reuniones, así que baja esos sucios pies de perro que tienes.
-Oh, parece que la niñata tiene ganas de probar mis pies en su boca. –Dijo desafiante el rubio. –Si querías que te partiera los dientes solo tenías que pedirlo, idiota.
-Oh, mira como se pone el chucho pulgoso. –Pixy soltó a Säbel y se levantó, poniendo las dos manos encima de la mesa. –No eras tan gallito cuando tus hermanos mataron a todos esos Moradores del Cristal y Shadow te echó la bronca.
-¿Por qué no hablamos de ti, mejor? –Preguntó Smooky con cara de enfado, bajando los pies y acercándose también. -¿Quién fue la que dejó escapar aquel cargamento de espadas endemoniadas solo por estar pensando más con el coño que con la cabeza?
-¿Esas tenemos? ¿Quién babea cada vez que ve a una perra en celo y se olvida de las órdenes?
-¿Y quién se moja cada vez que un tío la llama guapa?
-¡No me provoques chucho! –Pixy, roja de furia, colocó un pie encima de la mesa mostrando su pistola y una buena porción de su pierna.
-¡Atrévete, vamos!
-¡Pienso cortarte el rabo, y no el de atrás precisamente!
-¡Y yo pienso meterte una rata en pleno útero a ver si aprendes de una jodida vez! –El rubio se levantó con tanto ímpetu que la silla cayó al suelo. Sus ojos refulgían como llamas verdes.
-¡De hoy no pasa, puto chucho!
-¡Aquí te espero, zorra de mierda!
-¡Ya basta!
La voz de la chica de cabellos negros llamada Nayru sonó en toda la habitación, haciendo que al instante tanto la pelirroja como el rubio se quedaran quietos. Es más, parecía como si todo sonido se hubiera quedado en un plano existencial exterior cuando Nayru se acercó con paso decidido a la mesa. Lo único que se escuchaba en la sala ahora eran los pasos de la mujer y el modo en el que todos contenían el aliento. Pixy bajó rápidamente su pierna y se alisó la falda, mientras que Smooky colocaba la silla en su sitio y se quedaba de pie. Nayru colocó sus dos manos encima de la mesa y les sonrió a ambos.
-Chicos, estamos a punto de celebrar una reunión y tenemos una recién llegada, y no queremos asustar a la pequeña antes de hora. ¿Verdad?
Saku, que estaba pálida, no consiguió ver a Nayru cómo sonreía, pero lo que si vio fue que ambos, Pixy y Smooky, se pusieron pálidos y se sentaron de nuevo, aunque esta vez Smooky se sentó correctamente y Pixy se abrazó con fuerza a Säbel, la cual le volvió a acariciar la cabeza con expresión tranquila. Nayru se giró a Saku, la cual se había abrazado al brazo de Gami del susto, y se acercó a la monja.
-Encantada de conocerte, Saku. Mi nombre es Natalia Arael Yiogion Rigios Umbelina.
Saku abrió los ojos un momento. Tantos nombres de golpe después de aquella discusión que casi le hacía daño aún en los oídos de todas las vulgaridades que se habían dicho en menos de un minuto eran bastante difíciles de guardar en la memoria.
-Puedes llamarla Nayru. –Dijo Gami al soltarse del abrazo de Saku.
-Si, también puedes llamarme así. –Rió la mujer y estrechó la mano de la monja. Al instante una sensación de paz y tranquilidad la invadió. La levantó de la silla y le dio dos besos, uno en cada mejilla, que hicieron que Saku se pusiera roja como un tomate. –Es normal que no se recuerden mis nombres, así que todos ellos me llaman Nayru.
-Esto… encantada de conocerla… señorita Nayru… Soy Saku Zelda Sheikav…
-Lo se, Linkaín me ha hablado de ti. –La sonrisa de la morena hizo que Saku se calmara bastante. Nayru se sentó al lado de la monja. –Hoy conocerás algunas de nuestras misiones.
La puerta se abrió entonces y todos los asistentes sorprendieron a Saku levantándose para mirar la entrada. La monja los imitó. Ahí estaba, el líder de los Guerreros Grises, Shadow. Llevaba el uniforme de los varones y parecía que no había dormido lo suficiente, pero de eso no estaba muy segura Saku. Se encaminó con pasos firmes al sitio que había entre Säbel y Linkaín, y cuando se sentó, todos se sentaron de nuevo. Había sitios vacíos pero parecía que a nadie le importaba.
-Bien, buenos días muchachos. –Empezó a decir Shadow y sacó unos cuantos papeles. –No tengo mucho que decir hoy, salvo presentaros a nuestra nueva adquisición. Levántate, Saku. –Dijo el de cabellos blancos. Saku se levantó he hizo una pequeña reverencia. –Viene de un orfanato eclesiástico, y ha decidido así por las buenas ser una Guerrera Gris.
-Esto… la verdad es que…
-Eso es muy sospechoso. –Dijo Wallace sin importarle interrumpir a Saku. –Sin embargo, es muy notable de que es del bando del Cielo… aunque tiene un aura muy extraña.
-Saku estará a mi cargo. –Comentó Nayru mirando a Wallace. –Ya he sido informada de eso. ¿Se ha decidido ya quien será su asistente?
-He decidido que será uno de los trabajadores de las plantas de abajo que ya está al corriente. Su nombre en clave es “Metal”. –Dijo Linkaín extendiendo una hoja a la morena. Saku solo llegó a ver que llevaba una foto con un clip al papel. –Se le ha informado de que será el asistente de Saku para…
-¡Pero si es muy negro! –Exclamó Nayru.
-Ala, como nos pasamos con el racismo. –Rió Wallace con gracia.
-Sabes que no me refiero a su color de piel o su etnia. –Dijo Nayru dándole unos golpecitos al papel. –Es muy peligroso ponerle a él de asistente para la pequeña Saku.
-Ya lo se. –Dijo Linkaín serio. –Sin embargo, creo que será una buena idea ver cómo Saku se desenvuelve con él.
-Pero… ¿No podías haber elegido alguien más gris? Hay varios cazadores, incluso algunos hechiceros que hace poco consiguieron el uniforme gris. –Preguntó ella, y acto seguido, tomó a Saku del brazo. –Anda, siéntate ya.
-Ah… si… –Y la monja se sentó completamente roja.
-Es demasiado blanca. –dijo Linkaín. –Podríamos decir que incluso es más blanca que cuando nos conocimos tu y yo, Nayru. Así que imagínate lo que te estoy diciendo.
-Bueno… Pero sigo pensando que debería tener a alguien más neutral.
-Terapia de choque. –Dijo Säbel. –Para ambos.
Nayru abrió la boca, pero no habló. Se tomó la barbilla con la mano y se puso pensativa, y poco después asintió.
-Si, de acuerdo. Tienes razón… Sin embargo, creo que debería estar alguien neutral para calmarlos.
-Gamasan se puede encargar de eso. –Dijo Pixy. Saku se fijó en que estaba seria, algo poco normal en ella desde que la conoció, incluso llamaba a Gami con un nombre más largo. –La última misión que hice la puedo redactar yo perfectamente, y salvo las reuniones y algunas tareas que tenemos, el resto del día puede estar para controlar la situación entre los dos.
-Gamasan. ¿Tú que opinas? –Preguntó Linkaín mirando al chico del gorro de lana.
-Por mi no habrá problema. Últimamente mis tareas han sido más bien suaves, salvo algunos informes propios, pero eso igualmente puedo hacerlos en el rato en el que vigilo a los dos. –Comentó Gami. Saku no entendía como se habían puesto en un plan tan serio cuando minutos antes estaban todos de broma.
-Entonces perfecto. –Dijo Linkaín. –El siguiente punto a tratar es sobre el nacimiento del Espíritu de las Flores. Wallace, ¿alguna novedad?
-Nuestros informadores nos han dado las pistas de que el asentamiento que escolta al espíritu estará cerca de la cordillera de los Vosgos, en Francia. –Wallace se levantó con unos papeles para hacerse notar. Todos lo miraron a él. –Sin embargo, no está todo sabido sobre el día en el que dicho espíritu nacerá, pues dicen algunas investigaciones de que nacerá la semana próxima, pero no están verificadas.
-Tendremos el tiempo suficiente para preparar un grupo para protegerlos. –Dijo Zelcia con su voz pausada. –De momento, no tenemos muchas más informaciones.
-Me parece perfecto. –Contestó Linkaín.
Saku intentaba seguir el ritmo de la reunión. Estaba totalmente descolocada, pues aquel ritmo tan serio no casaba con el tipo de personas que había conocido en ese instante. Pixy y Smooky habían dejado sus facetas siniestras, mientras que Linkaín había perdido su característica sonrisa burlona… Sin embargo en cuanto empezaron a hablar sobre “espíritus” se puso alerta. Estaban hablando de seres demoníacos como si fuera lo más normal del mundo en ellos, y además hablaban de protegerlos. ¿Acaso no veían que así lo único que conseguían era ayudar al ángel caído?
-Disculpen. –Dijo seria la monja, y los demás callaron. –Pero no puedo evitar escuchar que dicen que van a proteger a un espíritu… ¿Se refieren a un espíritu pagano?
-Así es. –Contestó Wallace. –El Espíritu de las Flores del que hablamos es, a todas luces, lo que los Blancos de la Iglesia llaman “Espíritu Pagano”. Es un antiguo espíritu que controla las estaciones de crecimiento de las flores y, junto a su igual, el Espíritu de la Vegetación, hacen crecer toda la flora de varias regiones.
-Sin embargo, si un solo Espíritu de las Flores o de la Vegetación muriera, el equilibrio en el crecimiento se vería afectado. –Explicó Smooky sumamente serio. –También afectaría a la Tejedora, ya que la haría más poderosa, y a la vez, la naturaleza perdería energía.
-Pero… Los espíritus paganos solo afectan negativamente a este mundo. –Dijo extrañada Saku. –Es decir, son creaciones del diablo para tentar a los buenos creyentes.
-Se nota que eres una recién llegada de una iglesia… -Dijo suspirando Nayru. –Querida, no es así para nada. Tienes mucho que aprender. Dios creó muchas cosas, pero los Espíritus de la Naturaleza son necesarios en realidad.
-Pero si lo fueran… ¿Por qué van en contra de la creación de Dios? –Preguntó cada vez más contrariada la chica. -¿Por qué no ayudan a Dios?
-Me parece que ya te lo conté, Saku. –Dijo Zelcia cruzando las manos encima de la mesa. –Todo ente sobrenatural, ya sea espiritual, mágico o místico, es simplemente llamado “demonio” por la Iglesia. O, como tu bien has puntualizado: Espíritu Pagano.
-Además, nadie dice que vayan “En contra de la creación de Dios”… si es que fue él quien creó el mundo, claro. –Secundó Smooky a la pelogris. –Un espíritu de la naturaleza ayuda a la naturaleza… Por lo tanto, le quita trabajo a cualquier Ente Divino que esté al cuidado de esa zona.
-Un solo Ente Divino, como es Dios, no tiene la potestad ni el poder suficiente de controlar todo el universo. –Dijo Shadow con su tono firme. –Por eso existen los espíritus, muchacha.
Saku se quedó callada. No podía creer que fueran a proteger a un espíritu pagano… Pero su misión era clara, debía ver sus procedimientos.
-¿Tienes alguna otra pregunta? –Preguntó Zelcia a la monja.
-No… lo siento, no quería ser maleducada…
Asintieron. El resto de la reunión fue más o menos amena. Informaron sobre el ataque en el concierto de música de Guilty Sky, dando una cifra sobre el número de entes vampíricos que abatieron, y el número de soldados de Dios que tuvieron que silenciar. También escuchó como Pixy explicaba la misión en la que estuvo, pero no prestó mucha atención pues en ese momento se fijó un poco más en todos los presentes.
Cada uno tenía algo que los representara, ya fuera un detalle o un objeto. La primera en quien se fijó fue en Nayru, a su lado. Llevaba en su mano un rosario de cuentas con una cruz pequeñita en la mano, y en sus orejas llevaba unos pequeños pendientes de cadena con una cruz en cada uno, totalmente plateadas. Delante de ella todo estaba perfectamente ordenado: El papel en un lado, las fotos en otro, los lápices ordenados por color y grosor, la carpeta colocada correctamente detrás de las hojas. Parecía totalmente ordenada, y si algo cambiaba de sitio por una ráfaga de aire o por un movimiento de la mesa, ella inmediatamente lo colocaba en su sitio.
El siguiente en el que se fijó fue el que seguía a Nayru: Drako. A veces tenía un movimiento característico de alguien que tiene el cabello largo, pero su corto pelo le hacía quedarse quieto y rascarse la cabeza muy de vez en cuando. Llevaba un pendiente en el oído izquierdo que no se había fijado hasta ese momento la monja, pero no podía distinguirlo desde donde estaba, y parecía que tenía algunas cicatrices en la cara y una cadenita en el cuello.
El siguiente era Smooky, el cual no dejaba de golpear la mesa con uno de sus dedos. Extrañamente, al fijarse en sus manos, Saku vio que sus uñas eran muy largas… demasiado para tratarse de un hombre o incluso de una mujer, y todas acababan en punta. Se le veía nervioso, activo, pero controlándose para no retrasar la reunión.
Al lado de Smooky se encontraba Wallace. Hasta ese momento Saku pensó que lo había imaginado, pero desde que se sentó había una baraja de cartas al lado de sus papeles y carpetas. De vez en cuando las barajaba y miraba la primera, pero siempre la dejaba cuando le dirigían la palabra, siguiendo el ritmo de la conversación. A la vez llevaba una cruz grabada en una especie de agarre para el nudo de su capa.
La siguiente era Zelcia. Al igual que el día anterior, se mantenía seria y serena, pero no dejaba de cruzar las manos o los brazos. Saku notaba por su cara que estaba en una posición problemática, como que aquel lugar era muy pequeño para ella, También le vio un símbolo extraño pintado en la palma de la mano, parecido a un número tres y una letra eñe con gorro… No lo había visto nunca.
La chica que parecía ser la asistente de Taanis, Eratia, estaba al lado de Zelcia. Apuntaba todo lo que se decía en la reunión, y lo hacía de manera directa, sin detenerse ni para respirar. No la veía bien, pero pudo verle que en las muñecas tenía cicatrices que parecían como si les hubiera cosido las manos a los brazos.
El rubio Taanis era, dentro de lo que había visto, uno de los más normales en ese grupo. Al llegar había abierto un libro y no se había despegado de él hasta que llegó Shadow, y en ese momento lo acariciaba como si fuera un peluche o un pequeño animal. Llevaba varios tipos de anillos en los dedos, y una pulsera con varios símbolos extraños que no llegaba a ver desde ahí.
Pixy… bueno, Pixy seguía inquieta, moviéndose hacia delante y hacia atrás todo el rato. En la habitación no se fijó mucho por sus ganas de dormir y sus constantes intentos de alejarse de la pelirroja, pero ahora veía como se retorcía las manos o se mordía las uñas. En las palmas, de vez en cuando, podía verse una sombra rojiza, como si tuviera una herida que no sangrara.
Por su parte… cuando se fijó en los tres siguientes, Säbel, Shadow y Linkaín en ese orden, encontraba que se complementaban los dos gemelos y que Shadow solo observaba y daba pocas instrucciones. No actuaba como un líder, ese papel lo dejaba en manos de los gemelos. Tal como le había dicho la noche anterior, las órdenes de Shadow eran absolutas, pero cuando no las daba él, las daban los otros dos. Linkaín era el que hablaba por los dos, pues Säbel solo decía unas pocas palabras. Lo que si llegó a fijarse fue que cuando hablaban los otros, ambos se quedaban callados, y a veces parecía como si el chico asintiera sin que nadie le dijera nada. Además, se fijó por primera vez en que ambos llevaban un anillo. No los llegaba a distinguir bien, pero Linkaín lo llevaba en la mano izquierda y Säbel en la derecha. Por su parte, Shadow prescindía de cualquier tipo de alhaja o complemento. Su semblante no cambiaba en ningún momento.
Y por último llegó a Gami, el cual se sentaba al lado de Linkaín. Le parecía que de vez en cuando, bajo el gorro, algo se movía, pero no le daba mucha importancia. Sus ojos eran de un marrón cercano al chocolate, y a veces movía la cabeza hacia los lados, como siguiendo un partido de tenis sin que hubieran más espectadores. Su corbata negra estaba desanudada, y apuntaba de vez en cuando algunas notas.
-Bien… -Dijo de repente Shadow, colocando las manos sobre la mesa. –Ahora que ya nos hemos puesto al corriente, quiero que me escuchéis bien. Últimamente ha habido muchos movimientos, tanto de Blancos como de Negros. No actuéis a la ligera, e informad de esto a todos vuestros contactos.
Todos asintieron. Saku solo podía imitarles.
-Bien… Se levanta la sesión de hoy. –El líder de los Guerreros Grises se levantó y, como un resorte, todos los demás lo imitaron.
-Bien, Saku. –Dijo Nayru con una sonrisa. –Creo que lo primero que debes hacer es ver a Senzo.
-¿Senzo? –Preguntó la monja. -¿Es ese hombre bajito con barba tan maleducado?
-Si, ese mismo. –Dijo sonriente la de gafas. –Él te proporcionará algo de equipo.
Saku acompañó a Nayru mientras el resto empezaba a hablar de sus propios planes. Cuando salieron de la sala de reunión, la monja se dio cuenta de que estaba a solas con la mujer.
-Disculpe, señorita Nayru…
-Llámame Nayru a secas. –Dijo la interpelada. –Mientras no me llames “mamá” como algunos graciosos, todo irá bien.
-Bien… Pues… ¿Qué papel tiene cada uno de los que estaban en la reunión hoy?
-¿Papel? –La de gafas apretó el botón del ascensor y la miró extrañada. -¿Te refieres a qué hacen aquí?
-Si, así es.
-Bueno… -Nayru se cruzó de brazos, pensativa. –Algunos de ellos, tales como Wallace y Zelcia, se encargan de las estrategias y del trabajo de planificación… Muchos de los demás somos guerreros de campo, como Smooky o Drako. –El ascensor se abrió y ambas entraron. La de gafas apretó la última planta. –Otros, como yo misma, nos ocupamos de heridas y exorcismos.
-Guerreros de campo… ¿Son luchadores?
-Si, así es. Otros preparan hechizos y sellos para luchar. –Nayru se rascó un momento detrás de la oreja y la miró. –Tu tienes un gran potencial mágico. Puede que Taanis te pudiera enseñar algo.
-Yo no uso magia. –Reiteró Saku de nuevo. Era la segunda vez que la comparaban con los brujos. –Yo uso mi Don de Dios.
-Cariño, el Don de Dios es una mentira. –Contestó Nayru suspirando. –Eso es lo que se les dicen a los novicios que entran a estudiar magia en las iglesias.
Saku abrió los ojos mucho, pero no dijo nada. Parecía que algo sabía esa mujer sobre los enseñamientos de la Iglesia.
-Lo que tú llamas “Don de Dios” –continuó la de gafas. –es simplemente poder mágico. Los poderes divinos, o el auténtico “Don de Dios”, solo pueden usarlo los ángeles.
-¿Cómo sabe usted eso? –Dijo la monja, algo enfadada.
-Oh, es simple. –La campanita sonó y las puertas se abrieron. –Porque yo sí puedo usar el Don de Dios.
La hizo avanzar hacia el interior de la planta con una mirada completamente estupefacta, la cual cerró los ojos por el fuerte olor a metal fundido, a ceniza y a sudor que había en el interior de aquella planta. Intentó mirar, y se encontró una gran sala en la cual habían cientos… puede que miles de estanterías con diferentes tipos de armas amontonadas, todas envueltas en su vaina. Espadas, lanzas, bastones, hachas… había de todo tipo, y todas parecían despedir un aura mística. En el centro de la habitación había una enorme mesa de trabajo con diferentes tipos de moldes. El suelo estaba cubierto de paja la cual ocultaba discretamente la piedra oscura que pisaban. Al fondo de la enorme sala se podía ver una gigantesca chimenea con un poderoso fuego en la parte más baja, acompañado de un banco de trabajo con una silla y varias herramientas encima, y un hombre bajo golpeando algo con un martillo y gritando obscenidades.
-Esta es la última planta de Gryphon, la herrería de Senzo. –Nayru miró a Saku con una sonrisa mientras caminaban, sorteando de vez en cuando algún libro o botella de licor tirado en el suelo. –El bueno de Senzo es nuestro experto en herramientas.
-… y si sigues quejándote. ¿Dónde vas a acabar? –Gritó en ese momento Senzo dando otro golpe que sonaba a metal. –En Asgard las espadas no lloran por esto, coño ya.
-¿Está loco? –Preguntó Saku tímidamente.
-No, puede escuchar el espíritu de las armas. –Contestó la de gafas, y cuando estuvieron al lado del hombre, le tocó el hombro a este. –Senzo. ¿Tienes un minuto?
El barbudo se giró, dejando ver que en las manos enguantadas llevaba unas tenazas, sujetando la hoja de una espada al rojo vivo, y en la otra un poderoso martillo de plata. Sonrió a la mujer.
-Por Freya, si es Nayru. –Se giró a un cubo de agua y metió la hoja en ella, dejando salir una gran nube de vapor. –Vale, te dejaré descansar un rato, pero luego seguiré contigo.
Acto seguido, Senzo dejó la hoja húmeda encima de un banco de trabajo al lado de la enorme chimenea y soltó las tenazas a su lado, junto al martillo. Se sacó los guantes, tomó un trapo algo sucio que había encima del banco y se empezó a secar la sudorosa cara. Las miró.
-¿Qué puedo hacer por ti, querida? No me dirás que se te ha roto esa espléndida cruz sagrada que te hice. ¿Verdad?
-Oh, no, Senzo… Vengo para ver si puedes proporcionarle algo a esta muchachita. –Dijo con una sonrisa la morena mientras acercaba a Saku un poco más.
-Oh, pero si es la niña que iba ayer con Linkaín. –Exclamó el barbudo soltando una risotada. –Aquella que no sabe aceptar bromas.
-Esas bromas son de muy mal gusto. –Dijo la monja enfadada. –Pero soportaré su mala educación solo porque Nayru lo hace.
Senzo soltó una fuerte carcajada y dejó el trapo encima de la silla. La miró y extendió la mano.
-Déjame ver qué usas para luchar, muchacha.
Saku lo miró extrañada, y miró a Nayru. Esta solo asintió. La monja sacó el pequeño cilindro y, con un movimiento rápido, lo extendió para formar su báculo. Se lo dejó en la mano al barbudo, el cual inmediatamente resopló.
-Bah, menuda porquería. –Dijo y empezó a pasarle los dedos por el asta. –Oro y plata… Y agua bendita… Agua escupida, diría yo. –hizo un par de movimientos como si el báculo fuera una maza, y después lo lanzó por encima de su hombro con desprecio. -¡¿Cómo puedes usar algo tan mierdero, ostia?!
Ante el grito, la monja se apartó un poco asustada.
-Pero… pero…
-Senzo, tranquilo. –Dijo Nayru apoyando su mano encima del hombro del herrero. –Es una novata. ¿Recuerdas?
-Pero muchacha, esta niña tiene un báculo de entrenamiento de mierda. –Explicó Senzo girándose y recogiendo el báculo de Saku. –Sin alma, sin espíritu, hecho en serie, sin haber sido forjado por un experto o un artesano… Me entristece saber que esto ha sido usado sin alma.
-Yo… Yo he usado ese báculo toda mi vida y… siempre me ha dado buenos resultados… -Soltó con una vocecilla Saku, tomando el brazo de Nayru como si fuera un pilar defensor.
-Esto tiene manufactura eclesiástica. –Dijo el herrero dándole una y otra vuelta al arma. –Es típico de los Blancos. Les das una forja y se creen sabedores del artesanado supremo. ¡Pues que les jodan! –Y en un arranque de furia, lanzó el báculo a una pila de armas que estaban rotas o maltrechas.
-¡Mi báculo! –Gritó Saku, pero no se atrevía a soltarse de Nayru.
-¡Ese ya no es tu báculo! –Dijo enfadado Senzo mientras caminaba hacia el fondo de la sala. -¡Seguidme!
El herrero, furioso, las condujo hacia una de las enormes estanterías, mientras que Saku se agarraba fuertemente a Nayru. Esta tan solo sonreía mientras observaba como el barbudo rebuscaba entre algunas armas envueltas en sábanas sucias. Saku se fijó entonces que en el brazo de ese hombre había un tatuaje azul con la forma de una letra T, como si fuera una cruz sin el rabillo más alto, pero invertido y con varias letras que parecían paganas en su interior.
-El señor Senzo tiene un tatuaje que no me gusta nada… -Dijo en voz baja a Nayru. –Parece una cruz invertida, y eso es símbolo de satanistas. Deberíamos ir con cuidado con él.
-Eso no es una cruz cristiana, Saku. –Explicó Nayru colocándose las gafas bien mientras Senzo sacaba una daga y, al lanzarla, se clavó en la estantería al lado de ellas. –Eso es el símbolo del Martillo de Thor.
-¿El Martillo de Thor? –Saku, extrañada, repitió lo que dijo la de gafas. –Pero esa religión es una religión pagana sobre los falsos dioses nórdicos.
-Cuidado con lo que dices, niña. –Dijo Senzo sacando de debajo de una lona una larga maza. –No consentiré que insultes a mis dioses, y mucho menos a mi familia. –Examinó la maza y la lanzó por encima de sí, cayendo en la estantería de detrás.
-Senzo es un enano. –Dijo Nayru ante la extrañada mirada de la chica. –Se crió en Asgard, la ciudad de los Dioses Nórdicos, y sus padres eran… pues eso, dioses.
-Pero… La religión nórdica se extinguió. –Contó Saku mirando como Senzo sacaba un paquete nuevo. –Fue abolida por la Iglesia.
-Corrección. –Dijo Senzo sentándose en el suelo. –La Iglesia intentó acabar con nosotros, pero por Odín que los enanos de Asgard somos mucho más peligrosos cuando nos rodean que cuando nos tutean.
Abrió el paquete y sacó de su interior una maza bellamente hecha con metales que parecían plata y bronce, con símbolos de aves alrededor de la esfera que coronaba el mástil, el cual brillaba con tonos rojizos por el bronce, y en su interior se podía observar, a través de las pequeñas columnas de metal cobrizo, una pequeña esfera plateada.
-Todo objeto tiene un alma. –Dijo Senzo levantándose con la maza en sus manos. –Todo ser, vivo o no vivo, material o inmaterial, tiene un alma dentro de sí que lo hace único. Los Blancos lo llaman “Objetos Poseídos”, sin embargo, cuando un objeto pierde su alma, pierde sus capacidades mejorativas.
-¿Mejorativas…? –Preguntó extrañada la monja.
-Se refiere a que ese arma no puede volver a crecer. –Nayru se colocó sus gafas de nuevo. Cada vez bajaban por el puente de su nariz más rápido por el sudor que le producía estar en la fragua. –Pierden la capacidad de ser más poderosas.
-Pero los espíritus… Deben descansar. –Dijo Saku extrañada. –Y los malos espíritus deben salir de este mundo.
-No todos los espíritus son blancos o negros, niña. –Dijo el enano colocándose delante de ella. –Hay muchos que lo único que quieren es proteger a la gente. Como este pequeño.
-Esa maza… ¿También está poseída? –Preguntó asustada Saku.
-Un arma poseída es diferente a un arma espiritual. –Explicó Senzo con tono catedrático. –Un arma poseída te jode la existencia, un arma espiritual te ayuda en todo. Tu báculo de entrenamiento no tenía un alma, por lo que impedía que tus habilidades crecieran junto con tu potencial. Este pequeño estoy seguro de que te ayudará a crecer y… ¿Quién sabe? A lo mejor te vuelves una gran Guerrera Gris.
Saku miró un momento a Nayru, y esta solo le asintió con cara cansada. Aquel sitio tenía demasiada temperatura para la ropa que llevaba la de gafas, la cual se había desabrochado un par de botones de la chaqueta para que algo de aire fresco entrara. Saku se acercó al enano y miró el nuevo báculo que le tendía. Lo tomó en sus manos, y como por arte de magia empezó a escuchar un pequeño maullido. Miró por todas partes con el báculo en las manos, pero no vio nada.
-¿Lo oíste? –Preguntó Senzo con una sonrisa.
-Ha sido como… un “miau”… -Contestó la monja mirando extrañada al enano.
-Bien… ¡Bien! –Dijo alegre el barbudo, dando una palmada. –Esto es muy bueno. Si, realmente bueno. Has podido escuchar el alma de tu nueva arma a la primera. No todos lo hacen. ¿Sabes?
-¿Es eso… bueno…?
-Por supuesto que si. –El herrero golpeó unas cuantas veces el brazo de la chica, casi empujándola contra la Guerrera Gris. –Eso significa que estará a gusto contigo. Ese báculo está hecho de una mezcla de bronce y mineral de hierro, junto a plata pura y un núcleo místico hecho con una pata de nekomata. El alma de ese gato de dos colas está dentro de tu báculo. Será tu amigo si lo tratas bien.
-¿Una… pata…? –Dijo asustada al mirar el báculo. No le hacía mucha gracia.
-Si. Todos los núcleos de armas tienen algún tipo de forma física. La cruz sagrada de Nayru, por ejemplo, tiene un núcleo hecho con madera y savia de un árbol milenario japonés, mientras que su forma física está hecha de plata y platino puros. –El enano comenzó a caminar otra vez hacia la fragua, seguido de ambas chicas. –Hay armas especiales, como las armas de esos gemelos, o las cartas del niñato, pero en esencia todas tienen su núcleo… y su alma.
Saku asimilaba esa información poco a poco. El poder del alma era muy grande, lo sabía, pero nunca había pensado que se pudieran engendrar dentro de los objetos.
Senzo se colocó de nuevo los guantes y miró a las dos chicas.
-Muchacha, usa ese báculo, ha de acostumbrarse a ti poco a poco…
-¿No querrá decir que yo debo acostumbrarme a él? –Dijo la muchacha extrañada.
-Se muy bien lo que he dicho, niña. –El enano caminó hacia un mueble que había cerca y lo abrió. Resultó ser una nevera de la cual sacó una botellita de cerveza, la abrió con los dientes y bebió un largo trago. –Cuando el báculo se haya acostumbrado a ti, tú te acostumbrarás a él.
-Creo que es hora de marcharnos, Saku. –Dijo Nayru abanicándose con la mano. –Hemos robado mucho tiempo a Senzo. Muchas gracias amigo mío.
-De nada, preciosa. –El enano dejó la cerveza encima de la nevera y tomó el martillo de plata. –Volved cuando necesitéis mi ayuda.
Nayru literalmente empujó a Saku hacia fuera con su báculo en las manos. La chica trotaba detrás de ella con una gran mirada de interrogación, y cuando entraron en el ascensor, la de gafas se quitó las mismas y se secó el sudor con un pañuelo.
-Es un gran hombre, pero está tan acostumbrado a la fragua que no sabe cuando hay gente que no aguanta altas temperaturas. –Explicó la chica de cabellos negros mientras se pasaba el pañuelo por el cuello. Saku se fijó en que tenía algunas marcas parecidas a cicatrices.
-Ahora… ¿Qué vamos a hacer? –Preguntó la monja.
-Vamos a conocer a tu asistente. El día de hoy será exclusivamente en conocer lo máximo que puedas sobre nosotros. –Dijo Nayru mientras se colocaba las gafas de nuevo y apretaba el botón del quinto piso. El ascensor se movió inmediatamente.
-Tengo una pregunta. –Saku miraba a Nayru mientras se volvía a abrochar la chaqueta. -¿Qué significa lo de que tengo el uniforme blanco?
-¿Cuántas veces te lo han dicho?
-Ya he perdido la cuenta.
-Ya veo… -Nayru sacó de su bolsillo una pequeña libreta, no más grande que su mano, y la miró un momento. Luego volvió a guardarla y miró a la novicia. –Verás, aquí en Gryphon hay, por así llamarlo, clases de personas. Tú estás en la clase “Muy Blanco”.
-Pero eso no significa que pueda la gente decirme que soy “muy blanca”.
-Al contrario. Eres muy blanca. –Rebatió la pelinegra. –Los que tienen el uniforme blanco con corbata azul son los que vienen de lugares como Iglesias, orfanatos eclesiásticos… gente con mucha fe en el Dios cristiano. ¿Me entiendes?
-No del todo… ¿Es por eso que la gente dice que no se nada?
-Algo así. –Nayru le acarició la corbata azul a Saku. –Pero no es solo a ti. Aquellos que tienen el uniforme de clase “Muy Negro” también están igual que tu. Tanto tú como ellos pensáis que vuestra religión es totalmente positiva, que son lo más de lo más, que no hay que llevar la contraria a esos mandatos. Por eso tenéis esos uniformes.
-Entonces… ¿Por qué hay gente que tiene uniformes grises, como Gami o Senzo?
-Porque ellos abrieron su mente y aceptaron que sus creencias son una más en todo el basto océano de religiones, y que no son las únicas. –Las puertas se abrieron mostrando un largo pasillo con muchas puertas.
Saku y Nayru entraron en la planta, y la novicia podía ver un cartel que ponía “Quinto Piso: Salas de Reunión de Gryphon”. Cuando las puertas se cerraron, algunas personas con distintos uniformes salían y entraban de distintas puertas.
-Entonces, eso significa que este lugar tiene distintos tipos de gente. –Dijo Saku mirando algunos con ropas de ambos colores y también grises. –Lo que no entiendo es porqué me han tratado como una ignorante.
-Saku… -Nayru la miró un instante. –Aunque te duela, eres una ignorante. Has sido educada por unos fuertes muros como son los de la Iglesia, o los cultos más cerrados. No os han enseñado que hay algo más fuera de vuestra religión, ni que esas otras religiones o entes son necesarios. Y como pasa siempre, en todas las religiones hay una gran falta de información… por eso algunas personas te tratarán como una ignorante. Pero no les hagas caso, esas mismas personas te enseñarán lo que no entiendes.
Saku se enfurruñó un poco mientras seguía por un pasillo a Nayru, pero en cierta medida, empezó a pensar en lo que le había dicho. En cierta medida, en la reunión se lo explicaron, que los espíritus paganos eran necesarios, que ayudaban a Dios… ¿No habían dicho que había más de un Dios? Entes Divinos los habían llamado ellos.
Sus pensamientos se truncaron cuando Nayru la detuvo delante de una de las puertas. La de gafas picó a la madera y la abrió.
-¿Metal? Sal un momento, por favor. Tenemos que tratar un asunto.
Se escuchó desde dentro ruido de sillas y después pasos. Después, Nayru se apartó para dejar paso a un muchacho bastante alto, con la tez morena y los ojos algo cerrados. Sus cabellos eran algo alborotados y negros. Llevaba un uniforme negro con una corbata roja.
-Dígame doña Nayru. –La voz de Metal era cansada, como si llevara todo el día haciendo tareas.
-Ven, hemos de hablar en privado. –Nayru cerró la puerta y empezó a caminar con ambos detrás de ella.
La puerta más cercana fue abierta por la de gafas, dejando ver una pequeña sala de reuniones vacía con una mesa circular no muy grande con unas pocas sillas a su alrededor. Saku entró y se sentó sin decir una sola palabra, y Metal la siguió con la misma expresión de cansancio en la cara. Nayru cerró la puerta y se sentó delante de ambos y sonrió.
-Metal, te presento a Saku. Es una nueva integrante de los Guerreros Grises. Está en formación y necesitamos que seas tu quien le asista.
-¿Me está pidiendo que sea asistente de una futura Guerrera Gris? –Preguntó el moreno perdiendo por un momento su semblante cansado.
-Así es. Serás ascendido a asistente, y además, deberás explicarle más o menos lo que debe hacer. Aunque la mayoría de cosas se las enseñaré yo misma, pero para cuando yo no esté, tú deberías explicarle todo.
-Bueno… no hay problema… -Se giró a Saku con su semblante cansado de nuevo. –Espero que nos llevemos bien, doña Saku… Aunque veo que lleva el uniforme blanco. ¿Religiosa?
-Completamente. –Dijo mordaz la chica. –Pero veo que tú tienes uniforme negro. Eres pagano. ¿Verdad?
-No, soy religioso también. –Dijo Metal levantándose. –Soy de la religión del mejor amigo de su Dios, doña Saku.
-¿El mejor amigo…?
-Claro. Pero ya se lo contaré en otro momento. Iré a preparar mis cosas. Asumo que cambiaré de habitación. ¿Verdad?
-Asumes bien. –Dijo Nayru mirando un reloj en su pulsera y levantándose también. Saku la imitó. –Pide en recepción la llave de tu nueva habitación, y múdate allí lo antes posible. Saku –empezó a caminar en dirección a la puerta mirando a la monja. -, debemos irnos. Yo tengo una misión, y tú deberías conocer algo de las instalaciones.
Saku solo asintió algo asqueada con su nuevo asistente. No le había dicho nada que le gustara, y además… ¿Qué era eso de la “religión del mejor amigo del señor”? No lo entendía, la verdad. Salieron al pasillo, y Metal solo hizo una burlesca reverencia y se marchó por otro corredor, mientras Saku y Nayru se dirigieron al ascensor. Mientras esperaban, la de gafas tomó el báculo de la monja, que seguía sujetándolo como si la vida le fuera en ello, y lo plegó como su vieja arma.
-Gracias, Nayru… -Dijo la chica tomándolo de nuevo.
-De nada. Iré a la planta baja para dejarte, porque yo tengo que ir más abajo aún.
-¿Cómo haré para identificarme?
-Tu aura lo hará. –Las puertas se abrieron y ambas entraron. Nayru apretó el botón de la planta baja. –Te dejaré abajo. Si necesitas cualquier cosa, puedes preguntarle a cualquiera, pero si estás muy apurada, puedes ir al nivel ocho, que es la zona de relax, donde estará Wallace, o al nivel catorce, donde estará Linkaín en su oficina.
La muchacha asintió y miró en el justo momento en el que las puertas volvían a abrirse, dejando ver aquel hall de todas las tonalidades de grises y toda esa gente caminando de arriba abajo.
-Aquí te dejo, Saku. –Nayru la empujó hacia fuera. –No estás aún autorizada para ir a los pisos que yo voy, así que tendrás que espabilarte un poco tu sola.
-Vale… Nos veremos después. –Dijo la monja con una sonrisa, y la de gafas desapareció detrás del ascensor.
Empezó a caminar por la enorme recepción de Gryphon. Aquí y allá empezaba a notar aquel cosquilleo que le prevenía de posibles demonios o enemigos, pero era tan suave que parecía que hubiera algo que lo filtrase, así que pensó que sería una buena idea fijarse en cómo eran las personas que allí estaban.
Se fijó en que había muy poca gente que vistiera los uniformes de Gryphon. La gran mayoría vestían de paisano, sin embargo, eso no engañaba a Saku. Cuando pasó al lado de una pareja cerca de la barra de bar, escuchó claramente como la mujer pedía “AB negativo” y le daban una copa de un líquido rojizo que a todas luces era sangre. ¿Qué lugar era ese? Había visto herejes, seres demoníacos que aseguraban ser dioses como Senzo, vampiros, templarios, exorcistas… Y por alguna razón sabía que no estaba fuera de lugar, que todo aquello formaba una especie de conjunción y encarnaba una especie de hermandad entre todos.
Algo la hizo girarse hacia la entrada de la sede de Gryphon. Un destello rojo bajo un manto violeta hizo que su atención se centrara en aquella mujer. Llevaba una capa larga violeta a juego con un sombrero muy grande acabado en pico algo caído y de grandes alas del mismo color… una ropa que parecía la de las brujas de la edad medieval. Lo único que se podía observar debajo de la capa era un par de botas blancas bien pulidas. Empezó a caminar hacia delante, y Saku sintió como los ojos esmeraldas de ella se fijaban un momento en ella.
-Todavía no ha llegado esa festividad pagana de Halloween… Falta mucho para los disfraces. –Pensó en voz alta la monja, y se acercó un poco.
Vio como la mujer de la capa violeta se acercaba a la recepcionista y esta le preguntaba su motivo por la visita, y la mujer se quitó el sombrero, dejando caer una cascada de cabellos que llegaban hasta sus caderas.
-Buen día. –Miró con una sonrisa a Misao, la recepcionista. –He venido a dejar un importante para Maese Arakeist… mi nombre es Zeldas.
-En estos momentos el señor Arakeist está en una reunión matutina. –Contestó la muchacha. –Pero si hace el favor de esperar…
-Yo puedo acompañar a la señorita. –Dijo de repente Saku. Al menos, quería empezar el día con una buena acción. Se acercó casi corriendo a ambas. –La reunión acabó hace poco, y puedo acompañarla, si a ella no le molesta.
-En absoluto. –dijo con un deje de voz la recién llegada volviéndose a la joven emitiendo una leve sonrisa. -¿Con quién tengo el placer? –Y levantó su mano derecha algo morena por el sol para ofrecérsela a la monja. –Yo soy Zeldas de Ceres.
-Oh… siento mi mala educación. –Estrechó la mano Saku mientras soltaba una sonrisa tímida. –Yo soy Saku Zelda Sheikav. –Y al decir su nombre, notó como algo le recorría el cuerpo, como una corriente eléctrica, y separó la mano con un poco de miedo, pero sin dejar que se mostrara en su cara.
-Interesante, una monja. –La pelirroja sonrió con cierta satisfacción al ver el rostro de Saku y, mordiéndose un poco los rosados labios, empezó a caminar con lentitud. –Mucho gusto en conocerte, Saku.
Sin esperar más, se encaminó a los ascensores. Saku dio un respingo y se colocó a su lado en el momento en el que escuchó como la mujer susurraba algo.
-Hoy no tendré mala compañía mientras voy a ver a Linkaín.
Saku apretó el botón, y con la curiosidad pintada en su rostro se giró a Zeldas.
-¿A que se refiere?
-Perdona, a veces no me se explicar. –Se disculpó la pelirroja mientras se tocaba la cara con una mano. –Me refería que es la primera vez que alguien me conduce de forma tan amable, aunque no me debería extrañar de una chica religiosa… -La miró con esos ojos esmeralda que tanto empezaban a incomodar a Saku. –Es la primera vez que veo una en estos lares, y más que tenga contacto con Linkaín.
-Bueno… yo creo que él es un buen siervo del Señor… -La chica bajó un poco la mirada para evitar ver esas dos esferas verdes. –Aunque no lo parezca, tiene un buen corazón, pero eso no quita que sea un descarado… Se presentó ante mí y ante su hermana sin una camisa que pudiera tapar su torso en la habitación donde dormimos la noche en que decidieron dejarme venir… -Se puso colorada al recordar aquel evento. Todavía tenía que preguntarle el porqué hizo aquello. -¿Cómo puede dejarse ver así?
-Oh… Veo que simpatizaron rápido contigo… -Zeldas alzó las cejas inquisitiva y reprimiendo una risita. –Algo natural, muchacha. No debió sorprenderte si has leído tanto la Biblia y visto las obras de arte que retratan a Adán con su tercera esposa totalmente desnudos.
-Pero eso es distinto. –Contestó Saku mientras las puertas del ascensor se abrían. Salieron varias personas y, a la postre, entraron solas. –Adán y Eva estaban en el paraíso terrenal, donde la pureza era perfecta… Además, eran esposos, no extraños.
-Aún así, los mirabas. ¿Verdad? –Respondió con una sonrisa la mujer de la capa mientras buscaba el panel de botones.
Saku se puso tan roja que ni el fuego podría rivalizar con ella, y se giró al panel para apretar el botón del piso catorce.
-Ese no es el caso… -Saku vio cerrarse las puertas, y miró un momento a la mujer. -¿Por qué dice que es la primera vez que ve a una mujer religiosa aquí? Admito que hay alguna manzana que intenta pudrir el cesto, pero muchos aquí son devotos… -Su tono de voz fue menguando más y más hasta hacerse un susurro en la última frase.
-¡Ye in teteoé Quetzalcoátl! –Exclamó Zeldas en una extraña lengua a la monja y, ya poniéndose seria, dijo en voz baja más para ella misma que para la chica. –Será que antes no frecuentaba mucho este lugar… además, digamos que los religiosos no suelen ser tan amables conmigo, prefieren evitarme… y yo a ellos. –La miró un segundo y le guiñó un ojo mientras apretaba su puntiagudo sombrero sobre su pecho.
Saku, extrañada por las contestaciones de la mujer, no supo como continuar la conversación, así que bajó su mirada. Se encontró con el cubrecabeza de Zeldas y sonrió.
-¿Por qué se pasea con ese sombrero, señorita de Ceres? Todavía es pronto para que las fiestas paganas que adoran disfrazarse de otras personas hayan empezado, y podrían confundirla con una loca, o peor aún, con una bruja.
La pelirroja abrió los ojos con sorpresa, y una pequeña sombra de ternura mezclada con lástima cruzó su rostro. Cuando abrió la boca para contestar, sonó la campanilla del ascensor, indicando que habían llegado a su destino.
-¿Una bruja…? –Susurró un momento, y sonrió. –Por la diosa Xóchitl, probablemente Linkaín me dirá lo mismo al verme con este atuendo. –Dijo en voz alta y riendo mientras salían del elevador.
La monja tan solo le siguió el paso. Parecía que aquella mujer conocía mucho mejor que ella el lugar, pues iba directamente a la sala de la derecha de aquel pasillo largo donde su periplo en aquel edificio empezó. Caminaron lentamente, mientras Saku pensaba sobre aquellos nombres.
-Xóchitl… Ese es un nombre que me suena mucho, pero no se quién es… Sin embargo, es imposible que sea una diosa. –La firmeza de las palabras de Saku hicieron que Zeldas la mirara. –Porque el único Dios es el Altísimo, nuestro Señor.
-Probablemente si sea una mujer loca disfrazada de bruja… -Susurró Zeldas con mirada triste, pero al ver la puerta principal en el centro del pasillo su mirar pasó a ser uno de indiferencia completo. Luego, golpeó con parsimonia la puerta de la derecha, decorada con sencillos acabados.
Desde el interior se escuchó un “Ya voy” masculino, e instantes después, la puerta se abrió dejando ver a Linkaín detrás de ella.
-¡Zeldas! –La sonrisa de Linkaín era radiante. -¿Cómo tu por aquí?
-Veo que no me has olvidado todavía, Maese Arakeist. –La mujer, también sonriendo, ladeó un poco su cabeza. -¿Tanto te sorprende mi visita?
-Déjame decirte que es para mí una muy agradable sorpresa. –Dijo él mientras se acercaba y le daba dos besos en las mejillas. Saku solo pudo ruborizarse ante ese movimiento. –Pero pasa, por favor, pasa. Que no se diga que no doy hospitalidad a mis amigas, y menos a mis mayores amigas. –Cuando Zeldas entró lentamente, Linkaín vio a Saku con cara de enojo. -¿Estás bien, Saku?
-No debería besar a otra mujer que no sea su esposa, señor Linkaín. –El tono de reproche fue tan grande que solo hizo sacar otra sonrisa en el Guerrero Gris.
-¡Oh si! Linkaín, sigues comportándote como un descarado Don Juan. –Dijo la pelirroja girándose hacia el castaño y colocando coquetamente una de sus manos en la cintura, dejando ver bajo su capa un atuendo oscuro. –Saku me ha dicho en pocas palabras que no has cambiado absolutamente nada.
El Guerrero Gris únicamente soltó una fuerte carcajada e hizo un ademán para que ambas mujeres entraran.
-Dime. ¿Es un asunto importante el que te trae aquí, querida mía? –Linkaín sonreía mientras Saku se acomodaba en una de las butacas cerca del escritorio.
-La diosa Xóchitl… -Carraspeó un momento, y se sentó en la otra butaca, al lado de la monja. –Es decir… Xóchitl… me ha dado un mensaje importante. –Su mirada se volvió seria. –El nacimiento del Espíritu de las Flores.
La monja se dio cuenta de que, cuando Linkaín cerró la puerta, tenía una expresión completamente diferente a la anterior… Más bien, se parecía a la expresión que tenía en la reunión de la mañana.
-Algo sabíamos… Pero todavía teníamos algunas conjeturas dispares…
Saku se puso tensa mientras el castaño se dirigía a su mesa. Se sentó en su silla y apartó los papeles que tenía encima del escritorio. Miró a Zeldas con una mirada más seria.
-Tuve algunos contratiempos… -Empezó a hablar la pelirroja. –Pero pude sonsacar más que la simple fecha. –Suspiró un momento y con una mano bajo la capa, hizo tintinear un pequeño collar de plata que portaba. Uno de los dijes que colgaban de él comenzó a brillar y se desprendió del mismo ante la atónita mirada de Saku. El destello se convirtió en una burbuja de luz azulada que se posó en el dedo índice de la pelirroja. –Ellos vendrán en un sitio que conoces muy bien… -Al hablar, pareció como si su voz se hiciera más profunda.
La monja veía pero no creía. Aquel era el “Don de Dios” que ella tan bien conocía, y lo estaba usando una mujer que no parecía parte de la Iglesia… e incluso sin recitar una sola oración.
-Mitoa in ok youayan, in ayamo tona, in ayamo tlatui, kilmach, mosentlalike... –Comenzó a hablar Zeldas. Aquel era el mismo extraño idioma que había usado antes, pero Linkaín no decía nada… Saku se preguntó si lo entendía, y si era un dialecto demoníaco. –Será… -Habló esta vez en el mismo idioma que la monja. –dicen… que cuando aún es de noche… cuando aún no sale el gran Sol… cuando no amanece. –La mirada de Zeldas se perdió en el dije luminoso. –Será cerca del pueblo de Haarlem, en lo que hoy se conoce como “Holanda”.
-Haarlem… Holanda… -Linkaín se rascó la barbilla, con cara de meditación. –Es extraño… nuestras fuentes aseguran que iban a estar en la cordillera de los Vosgos, en Francia… -Acto seguido, el castaño hizo un movimiento con sus dedos y la esfera de la pelirroja pasó a las manos de él. Zeldas recuperó aquella mirada extraña que tenía. La luz empezó a dar vueltas alrededor de su mano como si fuera un átomo. –Nunca te fíes de alguien que dice que Francia es algo grande…
La esfera volvió por si sola hasta la mano de Zeldas, mientras que Linkaín empezó a anotar algunas cosas en un papel.
-Lisse. –Dijo Zeldas soltando un suspiro. –Allí estarán… Pero si quieres que vuelva a preguntarle, lo haré… Solo que necesitaré reabastecerme y curar algunas heridas.
Saku miró a la pelirroja buscando esas “heridas”, pero no vio nada. Escuchó que Linkaín dejó el lápiz y escuchó su voz.
-No. Si te lo ha dicho ella, es que es cierto. Siempre ha sido nuestra aliada. Saku… -La interpelada se sobresaltó tanto que se levantó de la butaca de golpe mirando al castaño. –Quiero que vayas al octavo piso y avises a Wallace, el Guerrero Gris. Lo conociste esta mañana en la reunión. ¿Recuerdas? –Saku asintió, recordando al chico con las cartas en la mano. –Quiero que le digas estas palabras: Quiero un espectáculo para mañana. Y que lo veré esta noche en la sala de Shadow.
-Esto… si señor Linkaín… -Contestó la monja mientras miraba con tristeza a Zeldas. -¿Puedo hacer algo por usted…?
-No te preocupes, Saku. –Susurró Zeldas en tono amistoso. –Trayéndome aquí has hecho mucho por esta “loca bruja”.
Saku rió un momento y la miró divertida.
-Oh, vamos. Usted no es una bruja, menos loca. –Mirada de Linkaín y Zeldas mostraba un interrogante tan grande como la sala. –Las brujas visten de negro, con largos vestidos, y tienen verrugas enormes en la nariz.
Zeldas se puso colorada, y Linkaín empezó a reír.
-Y no te olvides –dijo el Guerrero Gris tomando aire. –que todas las brujas tienen aspecto de anciana maquiavélica.
-¡Si! ¡Es cierto! –Exclamó Saku.
-¡Va, Saku, déjate de divagaciones y ve a hablar con Wallace! –Dijo Linkaín con fuerza, a lo que Saku saltó en su sitio y se fue corriendo.
Abrió la puerta con rapidez y la dejó abierta. Fue corriendo hasta el ascensor y apretó el botón. Las puertas se abrieron al instante, y entró algo sofocada. Nunca había visto un cambio de expresión así en alguien, mucho menos se lo esperaba de una persona tan tranquila como Linkaín. Apretó el botón de la octava planta mientras pensaba un poco en lo que estaba pasando.
Espíritu de las Flores. Así lo llamaban. Un espíritu que controlaba la flora de zonas de diferentes lugares. Un espíritu pagano que, contra todo lo que le habían enseñado en la Iglesia, era de necesidad en el mundo. ¿Qué estaba haciendo el Señor ante aquello? ¿Cerrar los ojos o simplemente ver lo que ocurría?
De momento, había visto mucho en ese sitio. Un Enano hijo de dioses paganos, una hereje que no le importaba compartir cuarto y comida con una religiosa, un hombre que imponía su voluntad sin siquiera levantar la voz en la sala… Todo aquello se estaba convirtiendo en un laberinto que empezaba a temer la salida… porque la salida empezaba a vislumbrarla con la forma de la pérdida de su fe… o algo peor.
Las puertas se abrieron, y Saku entró, pero tuvo que detenerse un momento. Aquello fue algo que la puso a prueba una vez más. Aquella sala estaba llena de mesas de juego, recreativas, máquinas de videojuegos, diferentes barras de bar con sus camareras, al fondo se veía varios sillones cómodos donde había gente que leía algún libro… La monja miró el cartel del piso: Zona de Relax. ¿Relax? ¿Relajación? Pero si ahí solo había ruido y pecado.
Comenzó a caminar entre aquella gente. Curiosamente, prácticamente todos llevaban el uniforme de Gryphon, ya fuera blanco, negro o gris. Las pocas personas con ropas de paisano eran bastante extrañas… pálidas con cara de sueño, o personas con la mirada amenazadora. Y en una de las mesas, entre tanto uniforme, encontró el que buscaba.
Wallace, con su chaqueta colocada en el respaldo de su silla, mostrando una camisa blanca con mangas largas y un bolsillo en el pecho, estaba jugando a póker con otras tres personas. Dos iban de paisano, el tercero era una mujer con el uniforme negro y corbata roja. Cuando Saku llegó, escuchó la conversación que tenían con algo de contrariedad.
-Veo tus seis mil, y subo a ocho mil. –Dijo la mujer de uniforme rojo colocando fichas en el centro de la mesa.
-Apuesta arriesgada, teniendo en cuenta que te queda poco dinero, querida. –Dijo Wallace mientras tomaba sus propias fichas y las echaba. –Veo tu apuesta.
-Wallace… -Dijo Saku algo tímida.
El joven de cabellos marfileños se giró y con cara de cansancio, pero sonrió al ver a la monja.
-Oh, pero si es la pequeña Saku. –Se giró a sus cartas de nuevo. –Llámame Wally, todos lo hacen.
-Vale… Escucha, Wally… -Saku se acercó un poco más al oído del Guerrero Gris. –Linkaín tiene un mensaje para ti.
-¿De qué se trata…? –Susurró también él.
-Dice que quiere un espectáculo para mañana… Y que te espera esta noche en la sala de Shadow…
El chico la miró un momento a los ojos con una mirada de curiosidad.
-¿Se puede saber de qué se trata?
-Hablaron sobre el Espíritu de las Flores.
Wallace volvió a sus cartas. Era su turno de nuevo. Echó fichas y dijo.
-Lo veo. Arriba esas cartas. Yo tengo full de ases y reyes. ¿Vosotros tenéis algo mejor?
Las caras de hastío y frustración se vieron reflejadas en sus tres compañeros de juego, y Wallace tomó todas las fichas, las amontonó y las metió en un pequeño monedero que se sacó del bolsillo de su camisa. Extrañamente, todas las fichas, que eran una considerable cantidad, entraron en él. Guardó el monedero y tomó su chaqueta, colocándosela encima de los hombros.
-Wally.
-Dime.
-Jugar es pecado.
-Comer chocolate también.
Saku abrió los ojos.
-¡No es cierto!
-¿Eso piensas?
-¡Si! ¡El Señor no dice que comer chocolate sea pecado!
-¿Qué le has dicho a la pobre niña, Wally?
Al girarse, Saku se encontró con Nayru, la cual sonreía con su típica sonrisa. La monja escuchó como Wallace tragaba saliva.
-Nada, Nayru, en serio, una bromita de nada. –Contestó el de cabellos blancos.
-¿De verdad? Parecía que Saku estuviera sufriendo por algo.
-No es culpa mía que le guste tanto el chocolate.
-¡Oye! ¡No te metas conmigo! –Dijo con fuerza la monja, en un arranque de niñería que le hizo ponerse colorada como un tomate.
Wallace rió por lo bajo, pero calló al ver a Nayru de nuevo.
-Yo… tengo cosas que hacer… si, he de preparar una fiesta.
-Pues date prisa, no hagas esperar a tus invitados. –Contestó Nayru.
Wallace asintió y se marchó corriendo, mientras Nayru miraba a Saku.
-Comer chocolate no es pecado… ¿Verdad…? –Preguntó tímida la castaña.
-¿Chocolate? Oh, dios. Por supuesto que no. –Dijo riendo la de gafas. -¿Eso te dijo Wallace?
-Si… Pero no quiero ni pensarlo porque…
-Porque… ¿Has comido mucho chocolate? –Dijo sonriendo Nayru.
Saku solo asintió con la cabeza totalmente sonrojada. Nayru le tomó del brazo.
-Vamos, has de aprender muchas más cosas todavía, y el día acaba de empezar apenas.
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Aquella noche, las cortinas de la sala de Shadow estaban abiertas, mostrando la luna en todo su esplendor, y varias estrellas tímidas a su alrededor. El líder de los Guerreros Grises se encontraba de pie ante la ventana, y al otro lado del escritorio, de pie, había otras dos figuras que tenían el rostro en penumbra, pero se distinguía perfectamente el uniforme de los Guerreros Grises masculinos.
-Es una locura. –Decía uno de ellos, el de voz más suave. –No puede ser que un espíritu de ese calibre esté preparado tan pronto para dar a luz. No estamos hablando de simples hadas, es un Espíritu de las Flores.
-Pero la información es fiable. ¿Verdad? –Preguntó Shadow.
-Por supuesto. –Dijo la otra figura, con voz algo más fuerte. –En ningún momento dudo de esa información.
-Pero es muy arriesgado formar un simple grupo de cuatro. –La voz suave parecía asustada. –Y más teniendo en cuenta a quienes hemos colocado en esta misión.
-¿Dudas de mi raciocinio, Wallace? –Dijo Shadow, y la figura de voz suave dio un pequeño respingo.
-No… por supuesto que no, Shadow… Pero… ¿Por qué?
-Porque ha de entender… -Respondió la otra figura. –Que el blanco más puro puede estar teñido de negro…
-O de rojo… -Concluyó el líder de los Guerreros Grises.
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Dos pisos más arriba de aquella reunión, en el baño de la habitación que compartían Saku y Pixy, la segunda era ayudada por Nayru a lavar a conciencia la larga cabellera de la monja, frente a las fuertes protestas de esta. Saku se resistía, pero notaba que no podía librarse de ambas mujeres. Un escalofrío recorrió su espalda de repente, y no tenía nada que ver con estar siendo zarandeada por dos mujeres.
Algo malo iba a ocurrir. Algo muy malo iba a ocurrir.
Continuará…
A veces, solo a veces, tu propia nostalgia hace que rememores momentos del pasado. Miras, y te encuentras cómo las cosas han cambiado tanto en un tiempo determinado, que si pensaras como antes, te dirías a tí mismo: "Esto no pasará en la vida" y, ahora, después de un tiempo, piensas en cómo se han llevado los acontecimientos esas palabras.
En diez años, la gente cambia mucho. Sin embargo, a veces piensas que no has cambiado gran cosa desde que eras un crío.
Hace diez años, yo contaba con trece primaveras. Con trece años, contaba con la ayuda de una muchacha con una fuerza de voluntad enorme, y con una mirada limpia. Empezaba los cursos del instituto, tenía unos cuantos compañeros... En fin, cosas de niños.
Ahora, con ventitrés años, miro en los mismos lugares que acostumbraba a ir, y me sorprendo de cómo han ido las cosas. Donde antes había la primera tienda de videojuegos más cercana de mí, ahora hay un minisupermercado, y antes de eso, una tienda de chinos, y antes incluso, una peluquería... Mi instituto ha cambiado tanto que cuando hace poco entré, me preguntaba si todavía estarían las escaleras donde las recordaba... si, estaban, pero las paredes, en vez de amarillas, eran de un color salmón muy extraño. Los amigos de toda la vida siguen igual de locos, salvo que algunos ahora tienen más barba que cabello, y otros tienen más kilos que algunos. La familia ha crecido y, a la vez, decrecido. Se han ido algunos, otros han venido, es un constante movimiento.
En estos diez años, han habido tantas cosas que he experimentado que puede resultar hasta agobiante. He experimentado el miedo a la muerte, el dolor a perder a alguien querido, el daño que te hacen al romperte el corazón, el alivio de ver a la persona que amas, la nostalgia de ver fotografías de tiempos mejores, la sonrisa que surge de tus labios cuando ves a esa persona que quieres...
He dicho adiós a mucha gente... No daré nombres, pues las que siguen en la Esfera Mortal, como me gusta llamarla, saben quiénes son, y las personas de la Esfera Espiritual... Una vez les dije adiós, sin embargo, no has de echar de menos a alguien que siempre cuida de tí, alguien que te mira desde detrás, y que aunque no puedas ver, sabes que está ahí.
Dicen que es mejor haber amado y haber perdido que nunca haber amado. Pocas personas he amado en mi vida, y muchas las he perdido. Solo voy a decir que, en esta ocasión, voy a luchar con uñas y dientes para poder llevar a cabo mi gran sueño... Y de paso, le mostraré una gran sonrisa a los que se fueron a la Esfera Espiritual, diciéndoles "Ey. ¿Me véis? Soy yo, y estoy luchando por lo que amo".
Se que, en algún momento, me caeré, pero también se que tendré varios pares de manos para ayudar a levantarme. Varias espaldas que solo veré si se colocan entre mis temores y yo, varios pares de piernas que caminarán a mi lado, y una fuerza inconmensurable que me alentará a luchar.
La vida es bella, amigos míos. Bella, y dura al mismo tiempo. Dicen que las cosas ocurren por algún buen motivo, pero lo difícil es saber cual es ese motivo... Hasta que llegas un día, miras atrás y dices "Ah... Fue por esto que pasó..." y sonríes. Sonríes porque todo lo que te ha pasado en el pasado te ha hecho más fuerte. Todo lo que te ha hecho daño no te ha matado, si no que te ha engordado o te ha hecho más poderoso. Todo lo que te ha hecho sonreír, lo que te ha hecho llorar, lo que te ha hecho dudar, luchar, perseverar y odiar, todo lo que te ha hecho... en pocas palabras, vivir este tiempo, es precisamente lo que ha hecho de tí la persona que eres ahora.
Yo estoy orgulloso de ser la persona que soy ahora. Soy fuerte, valiente, honorable, sincero, chistoso, imaginativo... ¿Y por qué no aceptarlo? Estoy como un queso. Y aunque disto mucho de ser una persona perfecta, pues también tengo mis defectos... ¿Qué más dará? Si todos fuéramos perfectos, el mundo sería muy aburrido.
Y, creedme, si tengo que elegir entre una sonrisa y una lágrima... Prefiero secar la lágrima con mi sonrisa, y demostrar a todos que yo sigo vivo, sigo luchando, sigo perseverando... Y que lo que no me ha matado me ha hecho más fuerte... Y qué diablos, hasta he recuperado algo del peso que perdí hace un año.
Soy Miguel Ángel, soy Linkaín, soy Ferrik, Câim, Sekiam y Yandros. Soy Tobías, Enrique, Vicente y Orpheus. Soy todos ellos, y a la vez, todos ellos son parte de mí. Estoy sumamente orgulloso de ser como soy ahora.
¿Y tú? Si, tú, el que estás leyendo todo esto... Dime... ¿Estás orgulloso de cómo eres ahora, o crees que podrías ser mejor? No hace falta que me contestéis si no queréis, sin embargo, tened presente esto que os voy a decir:
Os tengo en mi mente, a todos, siempre. Y, con la misma sonrisa que he hecho hoy al mirar el escaparate del minisupermercado que antes era una tienda de videojuegos, os miraré a vosotros, con una sonrisa de nostalgia a algunos, una sonrisa de felicidad a otros.
Porque en diez años... Todos cambiamos... Pero en el fondo, seguimos siendo los mismos.
Nulla è reale, tutto è lecito.
Capítulo II: Matices de Grises.
Llegaron al hotel una hora después del ataque, sin detenerse para nada. El orador insistió aún ante las protestas de Saku, la cual no dejaba de caminar con la cabeza baja.
-No te preocupes por eso. –Dijo el joven al llegar al hotel. –En la habitación podrás ducharte y cambiarte, así que deja de quejarte, pequeña.
-Pero…
-Ya basta. –Dijo la guitarrista con un tono en el que ponía fin a toda discusión.
Cuando entraron por la puerta, Saku se asombró bastante del gran lujo que demostraba aquel hotel. Grandes escaleras de mármol que separaban el vestíbulo en tres caminos, cada uno llevando hasta tres ascensores en tres diferentes lugares a la vista, grandes mesas y sillones en la entrada y muchas personas caminando, incluso a esa hora, por la recepción del hotel. En la mesa de la recepcionista, detrás de un ordenador y un gran libro, había una hermosa mujer de largos cabellos rubios con un traje rojo y camisa blanca. Los dos músicos se dirigieron hacia allí, mientras que la atónita Saku miraba de aquí para allá, entre maravillada y asqueada por la soberbia que hacía ese lugar sobre sus vienes materiales. Se detuvo justo cuando estaba a punto de golpearse contra la guitarrista, la cual se había detenido.
-Buenas noches señorita. –Dijo el orador a la recepcionista. –Querríamos la llave de nuestra habitación, por favor.
-Por supuesto señor Arakeist. –La mujer, con una voz hermosa, sonrió al grupo y se giró para agarrar un llavero con una cifra en números romanos. Volvió a girarse con otra sonrisa y dejó en la mesa la llave. –Espero que hayan tenido un concierto agradable.
-Oh, lo fue. Ciertamente lo fue. –El hombre agarró la llave y volvió la vista a la recepcionista. –Querría pedir al servicio de habitaciones que nos trajera algunas cosas.
-Usted dirá, señor.
-Bien… Primero de todo querríamos algo de cenar. Ya sabes, algo consistente como carne bien hecha y un vino acorde a la situación.
-Por supuesto. Les prepararemos una cena para tres con un vino tinto Rioja traído desde España. –La recepcionista iba escribiendo en el ordenador mientras hablaba. –¿Alguna otra cosa?
-Si… Querríamos ropa limpia para esta amiguita nuestra…
El orador se apartó un poco dejando ver a Saku. La recepcionista la miró de arriba abajo, mientras que la muchacha sintió como aquella mujer tan hermosa le estaba desnudando con la mirada… y, por alguna razón, no sentía mucha vergüenza por ello. La rubia asintió, sonrió pícaramente y volvió la vista al hombre.
-Será sencillo. ¿Dormirá con ustedes?
-Así es. Además, esta noche querríamos tener una fiesta tranquila. –El joven de cabellos café miró a la rubia con una mirada que Saku no supo identificar.
La rubia perdió su sonrisa y asintió.
-Así se hará, señor Arakeist. Tiene la palabra de la familia Giovanni.
-Oh, tranquila muchacha, tampoco es para ser tan marcial. –Sonriendo, el señor Arakeist emprendió el camino hacia uno de los ascensores. La rubia volvió a sonreír encantadoramente. –Muchas gracias por el trato.
-Es siempre un placer, señor Arakeist. Que descansen.
Cuando comenzaron a caminar hacia la izquierda en dirección al ascensor, Saku se giró un segundo hacia la mujer. Esta, al sentirse observada, se giró a la monja, y con una sonrisa radiante hizo que Saku se ruborizara hasta las orejas. Llegaron hasta el ascensor en el momento en que ella giró su cabeza para mirar hacia el frente. El ascensor tenía puertas de madera recién barnizadas, o eso creía ella, y mientras esperaban, el señor Arakeist se giró hacia la muchacha.
-Esta noche no tenemos mucho más espacio, pero podrás dormir en nuestra habitación. Antes de una hora tendremos la cena y la ropa, así que podrás ducharte con total tranquilidad. –Dijo él mientras se escuchaba una campanilla en lo alto del ascensor.
Al abrirse las puertas se pudo ver en su interior grandes espejos en las tres paredes del elevador junto a una barra de seguridad y un panel, también hecho, al parecer, de espejos, donde se podía apretar la planta deseada. Los tres entraron, apretaron el último piso y las puertas se cerraron.
Mientras subían, de vez en cuando el señor Arakeist dejaba soltar alguna risita, mientras que la guitarrista solo sonreía a veces. Escamada, Saku terminó mirando sus movimientos, o si estaban hablando en voz baja, pero no escuchó nada, tan solo el movimiento silencioso del ascensor y las pocas veces que el hombre reía.
Una campanilla sonó, y las puertas se abrieron dejando entrar una cálida luz que a esas horas incluso podía hacer daño a la vista. Sin embargo, al salir del ascensor, Saku se encontró rodeada de brillos y lujos. La estancia parecía una gran sala de estar, con sillones y mesas, y al fondo una barra de bar con una señorita de cabellos rojos recogidos en una coleta, vestida con camisa blanca y corbata roja. En las paredes habían puertas cerradas con un número colocado en una placa plateada en cada puerta. En las paredes habían obras de arte de la pintura adornando el lugar, y los grandes candelabros eléctricos daban un toque antiguo al lugar, pero con las comodidades de la época.
-¿Quieres beber algo, Saku? –Preguntó el señor Arakeist cuando estuvieron en el centro de la sala, junto a los sillones.
-¿Eh…? No gracias… -Miró a su alrededor, extrañada. -¿Solo estamos nosotros en esta zona?
-No, en alguna habitación de por aquí estarán los demás. –Dijo encogiéndose de hombros el hombre, y se acercó a la mujer de la barra. –¿Han venido los demás?
-Si señor. Cada uno está en su habitación. –Con cara de disgusto, la chica miró a una de las puertas y luego al hombre. –Le pediría que se llevara a… ya sabe quién… bien lejos, por favor.
-Oh, tranquila, mañana nos iremos. –El hombre seguía sonriendo, y se giró a las dos chicas. –Vamos a la habitación.
El hombre se dirigió a una de las puertas con placa de número. Al verlo, Saku se puso un poco tensa… Nunca le ha gustado el número de la bestia, ya no hablemos hospedarse en una habitación con ese número.
El señor Arakeist abrió la puerta y pasó delante, ante el enfurruñamiento de Saku por no ser un caballero y dejarles pasar a las dos mujeres primero. Sin embargo, la mueca de desagrado cambió cuando entraron en la habitación. ¿Habitación? Ella lo llamaría más bien apartamento. Ella esperaba una habitación pequeña, parecida a la suya en el monasterio, pues era lo normal para una persona, o eso veía siempre pero… ¿Sillones? ¿Una araña de plata en el techo con velas encendidas? ¿Una mesa como si fuera un salón? Las ventanas estaban cerradas y con las cortinas echadas… Unas cortinas de una calidad tan alta que con una sola pieza de tela de ellas se podía dar de comer a todo el orfanato durante un mes. A los lados, en las paredes, había armas ornamentales, tales como katanas o hachas, colgadas de sus pequeños pedestales, y dos puertas más bien sencillas ante tanto lujo. El color de las paredes y de las puertas eran de un amarillo dorado, mientras que las alfombras y las cortinas eran de un rojo granate muy pronunciado. No veía ni rastro de armarios.
-Bienvenida a nuestra habitación, Saku. –Dijo el hombre, dejando encima de uno de los sillones la cazadora de cuero negro y dejando ver su torso desnudo. –No hay más habitaciones en este piso que estén libres, así que deberás dormir con nosotros. Espero que no te de reparo.
-Pero… -Empezó a decir la monja, y momentos después se puso roja. –Quisiera…
-Por aquí. –Dijo la guitarrista.
La llevó hasta una de las puertas y al abrirla, Saku se quedó impresionada. Si la sala de estar era lujosa, los baños no se quedaban atrás. Mármol blanco con grifería dorada, cortinas rojas al igual que en la sala de estar, dos sillas de metal para dejar la ropa, o sentarse, o lo que fuera… Incluso el inodoro era lujoso.
Estaba tocando el mármol con un dedo cuando la guitarrista abrió uno de los grandes armarios de madera oscura. Allí dentro habían varias toallas y albornoces. Sacó un albornoz blanco y una gran toalla del mismo color. Se los dejó en la silla más próxima y se giró a ella.
-Usa lo que necesites. –Y, sin mediar más palabra, salió del cuarto de baño, dejando a una Saku totalmente anonadada.
Al principio se quedó un momento pensativa. Aquella gente se estaba portando muy bien con ella, aunque parecían un poco extraños cuando se referían a su persona. Empezó a quitarse la camiseta pensando en las sensaciones que tuvo tanto en el concierto como en el hotel. No eran personas normales, eso era palpable incluso para alguien sin poder, pero sabían esconderlo demasiado bien…
Se quitó los pantalones quedándose en ropa interior, y casi sin darse cuenta se fijó en el enorme espejo que había encima de la grifería del baño. Su piel pálida, sus ojos medio rasgados que le daban un aire oriental, sus delgados brazos… había tantas cosas que descubrir fuera del convento que se recriminaba por querer descubrirlas. Estaba allí por una misión, nada más.
Se quitó el resto de ropa y lo dejó todo bien doblado en una de las sillas y entró en la ducha. Al abrir el grifo del agua caliente y caer por su cuerpo, siguió pensando en lo que había pasado. La primera parte fue bien, pues había conseguido descubrir a dos Guerreros Grises, pero ahora solo faltaba que la aceptaran… ¿Sería muy difícil caer bien al resto de su grupo? Si pensaba realmente en cómo se habían dirigido las pocas palabras entre ellos, parecía que no estaban muy a gusto con ella, aunque más bien era que les gustaba tomarle el pelo. Pero… ¿Por qué? Si ella solo decía las cosas tal y como le habían enseñado a todo el mundo…
Se frotó bien el cuerpo para quitarse los pocos rastros de sangre que la habían salpicado en la piel. Se preguntó de donde habrían salido, pues no había luchado con nadie, pero no descartó la posibilidad de que le hubieran salpicado mientras corría la gente de un lado para otro. Se giró un momento para buscar la pastilla de jabón para lavarse la cabeza, pero se encontró muy extrañada al encontrar varios frascos de plástico transparentes con líquidos en su interior, y nada parecido al ladrillo limpiador. Se palpó el cabello para notar si tenía sangre en él, y al encontrarlo libre de tal cosa, decidió que cuando pudiera pediría una pastilla para su pelo, pero que de momento lo único que podía hacer era quitarse la mayoría de la suciedad con el agua. Ya haría algo en otro momento.
Salió de la gigantesca bañera y se secó con la toalla que la guitarrista le había dejado preparada. Cuando se colocó el albornoz y lo abrochó, se sintió extraña… Aquella prenda era tan pero tan suave, que le invitaba a dormir solamente con ella. Sus ojos empezaban a cerrarse, pero se sacudió un poco la cabeza y se puso seria. No era hora de dormir todavía.
Se puso unas zapatillas de felpa que habían preparadas para salir del cuarto de baño, y cuando abrió la puerta, un fuerte olor a carne recién hecha inundó sus fosas nasales. Salió del baño y se encontró con la guitarrista y el orador sentados en la lujosa mesa, esperándola. Sin embargo, ella se ruborizó al instante. El orador volvía a estar sin la cazadora y no se molestaba en tapar su torso.
-Vaya, que rápida has sido. –Dijo él levantándose y colocándose detrás de una de las sillas para ofrecérsela a ella. –Bueno, supongo que será por el hambre que tienes. Ven, vamos a cenar y después dormiremos.
Ella miraba a la silla y, casi como un resorte, sus tripas empezaron a sonar con fuerza. Se ruborizó un poco más y se sentó con ellos, con un tímido “gracias”.
La cena era, como poco, exquisita. Para cada uno había un buen filete de carne que Saku no quiso preguntar de donde era, pero que al probarlo prácticamente se le derritió en la boca. La carne estaba acompañada de unas pequeñas frutas calientes que no supo distinguir, pero que realmente hacían que su paladar saltara de júbilo. Cuando fue a beber se detuvo al ver el rojo contenido de su copa.
-Disculpen… ¿No habrá un poco de agua? –Preguntó ella con un hilo de voz.
-¿Agua? ¿No te gusta el vino? –Dijo extrañado el señor Arakeist.
-No… es alcohol, es algo pecaminoso. –Contestó la muchacha con énfasis.
La guitarrista y su hermano se miraron un momento, y contuvieron la risa tan solo por educación. Acto seguido, la mujer agarró la copa de Saku, se la bebió entera de un solo trago y la rellenó de agua.
-¿Mejor?
-Si… gracias, señorita…
-Säbel. –Dijo ella mientras se llevaba otro trozo de carne a la boca.
-Señorita Säbel… -Después se giró al hombre. -¿Y usted se llama…?
-Linkaín. –Él bebió un largo trago de vino y lo dejó en la mesa. –Siento no habernos presentado antes. Somos Säbel y Linkaín Arakeist. Y, como ya sabías al pedirnos venir con nosotros… somos Guerreros Grises.
Ella se puso nerviosa de pronto. ¿Qué iba a hacer si le preguntaban de donde venía?
-Una de las normas que nosotros tenemos… -Siguió diciendo Linkaín. –Es que no preguntamos de donde venimos a no ser que el interpelado quiera decirlo. Así que, Saku… ¿Nos dirás de donde vienes?
-Esto… pues la verdad es que… vengo de… -La lengua se le trababa al intentar decir alguna mentira que fuera fiable. Se calló al ver como Linkaín reía.
-Tranquila. –Rellenó su copa y la de su hermana, y ambos bebieron con avidez. –No es un interrogatorio, así que no tienes por qué contestar. Alguna cosa tenemos en mente, pero claro, no la vamos a decir… -Se giró un poco y señaló un montón de ropa bien doblada de encima de una de las sillas. –Ahí tienes un pijama y ropa limpia para mañana. Saldremos en cuanto terminemos de desayunar, así que procura dormir mucho.
-¿Dónde dormiré? –Dijo con un hilillo de voz la monja.
-Pues con nosotros. –Dijo extrañado él volviendo a mirarla. –La pregunta es un poco extraña.
-No, me refiero… En qué cama.
-En la mía. –Dijo la silenciosa guitarrista.
-Pero… ¿Y usted, señorita Säbel?
-Con mi hermano.
La tranquilidad de la respuesta desconcertó a Saku por un momento. Acto seguido, Säbel se levantó de su silla y, sin mediar palabra, se metió en el baño.
-¿Está… molesta conmigo? –Preguntó a Linkaín.
-¿Molesta? En absoluto. –Este se levantó y agarró la ropa para Saku. –Aprenderás, querida, que mi hermana es una de las personas más silenciosas de todo el mundo. Ahora… -Colocó el pijama en las manos de la chica. –Ve al dormitorio y ponte el pijama. Será mejor que te acostumbres a la ropa interior, no tenemos más que eso. ¿De acuerdo?
Ella asintió y caminó hacia la segunda puerta. Escuchó como Linkaín volvía a rellenar su copa y dejó de escuchar al pasar por el marco de la habitación. Al encender la luz, se encontró con una estancia espaciosa, con grandes armarios rojizos haciendo juego con la madera de los muebles y de las camas. Las sábanas eran de un dorado claro y las mantas, del mismo granate que predominaba en toda la estancia. Las camas eran grandes, pero tan solo había dos. Se acercó a una de ellas y dejó la ropa que le habían dado para observarla con más detenimiento. Era ropa sencilla, pero de tal calidad que al tocarla con los dedos se asombró de la suavidad. Se componían tan solo de una camisa de largas mangas de color blanco y unos pantalones del mismo color. La ropa interior era igual de sencilla y con el mismo tono. Cuando hubo terminado de colocarse el pijama, se sentó un momento en la cama.
-Que mullida… -Dijo en voz baja, y pasó la mano por las mantas. –Y que suave…
En ese momento entró Säbel tan solo con una toalla rodeándole el cuerpo y con el largo cabello azulado suelto y mojado pegándosele en la piel. Cuando Saku se levantó, notó en el aire un fino olor a hierbas que provenía de ella.
No dijo nada. Cerró la puerta, se dirigió a uno de los armarios, lo abrió y sacó un pijama parecido al suyo, solo que este era de un color grisáceo plateado. Se desprendió de la toalla dejándola caer al suelo al mismo tiempo que Saku se daba la vuelta, colorada. Había visto a otras chicas vestirse desde que tenía uso de razón, pero eso no era escusa para tener el decoro mínimo para con una extraña. Al cabo de unos segundos, Säbel estaba sentada en la otra cama, enfrente de Saku, y empezó a abrir las sábanas para poder meterse dentro.
-Esto… Señorita Säbel…
-Säbel a secas. –Dijo ella sin mirarla.
-Sería algo poco educado dirigirme a usted sin el debido respeto. –Dijo extrañada la monja.
-El respeto me resbala. –Contestó sin inmutarse la peliazul. –Solo debo tener el respeto de quienes me temen.
-Pero eso es algo muy triste…
Ella se encogió de hombros y se metió dentro de la cama justo en el momento en que Linkaín entraba con un pantalón de pijama igual al de su hermana, con el cabello mojado y sin nada más. Saku volvió a ruborizarse y se levantó de la cama.
-Señor Linkaín, por favor. ¿Por qué no puede colocarse algo en el torso?
-¿Perdón?
-Es poco decoroso presentarse ante dos señoritas con el torso al descubierto. –Dijo con énfasis la muchacha. –Los cuerpos desnudos solo los pueden ver las madres y las parejas, no es bueno que nadie más los vea.
-¿No es bueno? ¿Para quién? –Preguntó con una sonrisa el castaño mientras se acercaba a la cama donde estaba su hermana.
-Pues… para todos… -A Saku le extrañaba la pregunta que le acababa de hacer. –Es por todos sabido…
-Demasiado blanco. –Dijo Säbel estirándose cuan larga era en la cama. Luego, abrió las sábanas para que entrara su hermano.
-¿Dormirán juntos? –La cara de estupor de ella hizo que Linkaín riera de nuevo.
-Que poco sabes de la vida, Saku… -Linkaín se metió dentro de la cama y se tapó. –Anda, duérmete, que mañana tenemos que viajar.
-Pero…
-A dormir.
La voz de Säbel hizo que Saku diera un respingo. Rápidamente se metió en la cama y, al poco tiempo, se apagaron las luces por si solas. Saku no pudo dormir durante mucho rato, incluso después de escuchar las respiraciones de los hermanos.
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Una extraña tonada desde el reloj despertador hizo que Saku abriera los ojos. Su cuerpo cansado le pedía más horas de sueño, pero sabía que no podría hacer nada. Además, debía hacer sus primeros rezos, así que se incorporó en la cama como buenamente pudo.
Pensó en lo que había ocurrido y en cómo estaban saliendo las cosas. De momento, nada iba tan mal… Pero debía despertarlos para empezar los rezos. Si no rezaban pronto se pasaría la hora.
Se giró y encontró la cama de sus acompañantes vacía y deshecha, y las ropas tiradas en el suelo de cualquier modo.
-Ña… ¿Acaso no les han enseñado a estos dos que deben dejar bien colocadas sus pertenencias?
La chica se levantó y se dio cuenta de que encima de la cama donde había dormido había un conjunto de ropa. Lo levantó un momento y se encontró con un conjunto de camisa y falda de color blanco, con una corbata de color azul celeste. También había unos largos calcetines del azul de la corbata y unos zapatos blancos. Con la sorpresa dibujada en la cara, Saku empezó a cambiarse de ropa, preguntándose cómo diantres habían conseguido su talla. Cuando miró la corbata se preguntó si debía ponérsela… Y cómo ponérsela.
En ese momento entró Säbel en la habitación vestida con una especie de uniforme. Llevaba una chaqueta de un gris oscuro parecido a la camisa de Saku, pero con hombreras. Llevaba una especie de pañuelo alrededor del cuello y de la espalda, de un gris claro, y una falda a cuadros con los tres matices de colores: Blanco, negro y gris. Venía perfectamente peinada y perfectamente pulcra, y en su mano un largo estuche para una guitarra.
-¿Lista?
La pregunta fue tan escueta como sorpresiva para la muchacha. Saku miró a los lados buscando sus cosas.
-Solo… solo necesito saber cómo ponerme la corbata… recoger mi bastón… mi rosario… mi biblia y… mi ropa… y hacer mis rezos… -Miró con una sonrisa a la peliazul. –Asumo que vosotros ya habéis rezado, ya que estáis listos para partir.
-¿No que los rezos se suelen hacer a las cinco de la mañana? –Preguntó la voz de Linkaín desde el salón de la estancia. Säbel agarró la corbata azul de la monja y la pasó por detrás de su cuello, haciendo el nudo con un rápido movimiento.
-Esto… Si… ¿Qué hora…?
En ese momento miró por primera vez el reloj despertador. ¡Eran las diez y media de la mañana!
-¡Oh por el Altísimo, he descuidado mis deberes!
-Eso ya no importa, reza por tu alma todo lo que quieras en el autobús que nos tenemos que ir. –Seguía diciendo el chico desde la sala.
-Pero…
-Vamos.
De nuevo, la palabra de Säbel pareció más que una petición una orden, y como la vez pasada a la noche, Saku no pudo evitar hacerle caso… se levantó, agarró sus cosas y salió con ella de la habitación. Al salir se encontró con que Linkaín llevaba un uniforme muy parecido al de Säbel, solo que en vez de llevar falda a cuadros llevaba unos pantalones grises… Algo lógico.
El chico la miró y vio que llevaba todas sus cosas en las manos. Se le acercó, agarró la ropa sucia de la noche anterior y la dejó en el suelo.
-Donde vamos no te va a servir eso. El resto, si quieres conservarlo, es cosa tuya. –Acto seguido, el castaño sacó un teléfono móvil de su camisa y apretó un botón. Su hermana, por su parte, abrió la puerta de la habitación y salió de la habitación. -¿Cómo están los preparativos? Ahá… Bien… De acuerdo, vamos a bajar. –Y colgó la llamada.
Saku salió por la puerta, siguiendo a Säbel. En el recibidor de las puertas de las habitaciones se encontró con otras dos personas, ambas con el uniforme que llevaban Säbel y Linkaín. Había un hombre rubio con los cabellos algo largos que llevaba también un estuche de guitarra, pero con el mástil más largo. Los ojos de aquel hombre parecían cansados. A su lado había una mujer de cabellos largos y grises que a Saku le resultó muy familiar, y que llevaba una simple maleta de piel negra. Ambos estaban conversando en voz baja y no se dieron cuenta de que Saku se les acercaba.
-… Y entonces saltó encima de ella. –Dijo cansado el hombre rubio.
-… A veces me pregunto qué vio en él… -La chica suspiró y se masajeó las sienes. –Si, es un buen guerrero, pero se toma demasiado en serio su lucha contra ellos.
-Está en su naturaleza, Zelcia… -Dijo él con una sonrisa. –Nació para ello.
-Si, y técnicamente yo nací divina. –Contestó ella con un movimiento de manos que hizo que su cabello se moviera hacia atrás. –Y eso no me da derecho a hacer lo que me plazca.
-Bueno, gracias a él tenemos la fama de grupo fuerte que queríamos. –El hombre rubio se rascó el mentón. –Además, todavía sigue resentido con ellos. Ya sabes que casi acaba con una de las del hotel…
-A callar todo el mundo.
La voz de Linkaín hizo que todos lo miraran. Llevaba un largo estuche para su teclado y su rostro lucía una sonrisa.
-Bien… ¿Dónde diablos está Smooky?
-Sigue durmiendo. –Le respondió el hombre rubio.
-¿Le avisaste que nos íbamos a esta hora?
-Por supuesto pero… ¿Cuándo le han importado ese tipo de reglas?
El hombre de cabellos castaños suspiró y miró a la chica de cabellos grises.
-Zelcia… ¿Podrías ir a despertarlo, por favor?
-Será un placer.
La mujer se dirigió a una de las puertas y esta se abrió sin siquiera tocar el pomo. Desapareció en la oscuridad del cuarto, y a los pocos segundos…
-¡Tu puta madre, Zelcia! ¡Métete el dedo por el culo!
Saku pegó un respingo. Definitivamente esas palabras eran las últimas que esperaba escuchar, e instintivamente se santiguó rápidamente, algo que no pasó desapercibido al hombre rubio.
-¿Quién es esta?
-Eh, un poco más de respeto, que es una niña. –Dijo riendo Linkaín. Saku se enfurruñó: No era una niña. –Se llama Saku, quiere venir con nosotros.
-¿Venir con nosotros? ¿A dónde, a Gryphon? –La cara del rubio era un poema. -¿Acaso sabe algo de ese sitio?
-No creo que sepa absolutamente nada. –Contestó Linkaín con una sonrisa. –Pero de esos temas ya hablaremos por el camino, que son quince horas de viaje en el autobús y yo tengo sueño.
El rubio se encogió de hombros mientras el hombre de dentro de la habitación volvía a gritar, y dirigió su mirada a Saku. Los ojos azules de aquel hombre le resultaron… extraños… con un brillo antinatural pero, a la vez, muy atrayentes.
-En fin… Saku. ¿Verdad?
-Ah… si, así es… Encantada…
-Lleva el uniforme blanco.
-Intencionadamente. –Dijo Säbel, y el rubio se encogió de hombros de nuevo.
-Está bien, está bien… Mi nombre es Taanis Senju, soy el bajista del grupo. –Le acercó la mano para estrecharla. Saku lo hizo con una sonrisa.
-Encantada de conocerle, señor Taanis. –Le dijo ella, pensando en que por fin había encontrado una persona más normal que los señores Arakeist.
Un estruendo salió de la habitación, y un hombre cayó al suelo solo con los pantalones del uniforme. Se levantó como una exhalación y se puso en una posición de batalla extraña, como si quisiera hacer algo con sus manos… o con sus uñas. Sus cabellos rubios eran cortos y alocados, y sus ojos verdes tenían un tinte de locura.
-¡Sigue así y te destripo, diablo de mujer!
Desde dentro salió la mujer de los cabellos grises con el resto del uniforme de él, y se lo tiró a la cabeza. El recién llegado los atrapó al vuelo y la siguió amenazando con la mirada.
-Idiota, tenemos que irnos. Ahora.
-A mi no me da órdenes una de tu calaña. –Contestó él.
-Nos vamos. –Dijo Säbel, y se hizo el silencio. –El que no venga ahora, responderá ante el líder por desertor.
La chica pelogris sonrió y agarró de nuevo su maleta, y Taanis tan solo se acercó a Saku. La monja no sabía que hacer porque el hombre rubio solo se quedó callado e inmóvil.
-¿Qué le ha pasado?
-Oh, tranquila, le pasa siempre. Vámonos. –Taanis agarró de la mano a la monja como si fuera una niña y empezó a caminar.
Con un pensamiento de extrañeza, miró a las tres personas que acababa de conocer. Ella le resultaba muy familiar, con su cabello largo y gris… y era bella, pero tenía una belleza dura, fiera… Taanis, por su parte, parecía una persona agradable, pero le incomodaban esos ojos tan… atrayentes. El recién llegado, que ahora trotaba detrás de ellos refunfuñando en voz baja mientras se colocaba el uniforme tenía una cara que no se podía decir “tranquila”, y realmente daba miedo. Rezó para no quedarse a solas con él.
Llegaron de nuevo al ascensor, el cual los estaba esperando, y subieron los seis. Allí dentro empezaron a hablar.
-¿Qué ocurrió con el concierto? –Preguntó Linkaín.
-Oh, lo de siempre. –Contestó la mujer de cabellos grises. –Ya sabes que esos simples humanos no sabrían distinguir un vampiro de un generalmente llamado “demonio”.
-Oh… ¿Noto acaso algo de resentimiento en tu voz, Zelcia? –Preguntó divertido el rubio con la cara de loco.
Ahora que lo veía bien, Saku pudo distinguir unas grandes ojeras bajo sus verdes ojos. Unos ojos de un verde salvaje.
-Cállate, lobito, soy infinitamente más poderosa que esos simples cainitas. –Le respondió la muchacha con una mirada glacial.
-Si, eres la todo poderosa Zelcia, terror de los vampiros. Uuuuh, que miedo. Vete a paseo guapa.
-Smooky, ya basta. –Tajante, Linkaín hizo que el rubio sonriera y cambiara de lugar la mirada. –Entonces no ha habido problemas para acallar los rumores. ¿Verdad?
-Ningún problema, como había planeado. –Dijo Zelcia con una sonrisa. –Además, nuestros fans solo recordarán que fue un conciertazo, nada más.
-¿Por qué?
La pregunta nació en los labios de Saku sin darse cuenta, y se arrepintió al instante. Todos se giraron a mirarla.
-¿Quién coño es esta niñata? –Preguntó el rubio.
-No te pases con la pequeña, idiota. –Dijo Zelcia, y luego miró a Linkaín. -¿Quién es?
-Su nombre es Saku. Vendrá con nosotros. Se la vamos a presentar. –Dijo encogiéndose de hombros el señor Arakeist.
-¿Estás seguro? Tiene el uniforme blanco. –Preguntó la peligris. Linkaín asintió.
-Es intencionado, tranquila.
-¿Qué pasa con el uniforme blanco? ¿Y qué ocurrió en el concierto?
Zelcia suspiró, Linkaín hizo un gesto con la cabeza hacia ella.
-Verás… nosotros…
-Sabe qué somos. –Dijo Säbel tajante.
-Ah. ¿Sabe que somos Guerreros Grises? –Preguntó con expresión de sorpresa la pelogris. –Entonces será mucho más fácil.
¡¿Acaso todos ellos eran Guerreros Grises?! Aquello ya empezaba a marearla, pero la monja no dio pie a que se dieran cuenta.
-Bueno, entonces… Había una plaga de vampiros en ese pueblo. –Contó Zelcia mientras el ascensor emitía un pequeño sonido de campanita y las puertas se abrieron.
Afuera, se podía ver un grupo de personas de arriba para abajo, hablando con los encargados del hotel, cuyos uniformes eran igual que la noche pasada, con chaquetas rojas impolutas. Linkaín hizo un gesto a una chica. Esta se acercó y recogió las llaves del grupo.
-Espero que hayan disfrutado de su estancia, señores.
-Por supuesto. Dile al señor Giovanni que ha sido un placer hospedarnos en su hotel. –Linkaín sonrió y le soltó unas cuantas monedas a la chica. –Toma, de propina.
-Oh, muchas gracias señor. Su autobús está esperando en la puerta. Tengan cuidado con los fans.
-Si, todos sabemos que son más peligrosos que una jauría de Garous enfurecidos. –Dijo Smooky riendo mientras se dirigía a la puerta de cristal.
-¿Qué son los Garous? –Preguntó Saku.
-Ahora no. –La escueta respuesta de Zelcia la hizo callar, y todos se armaron con sus maletas.
Abrieron las puertas, y un fuerte griterío entró en el hotel. Cientos de personas estaban en las inmediaciones del camino entre el hotel y el autobús de dos pisos que había estacionado en la calle, pero para llegar a él debían atravesar la nada desdeñable distancia de quince metros llenos de fans. Fans que gritaban, que pedían autógrafos, que pedían tocar a los miembros del grupo. Smooky se aventó con ellos, dirigiéndose en especial a las mujeres, las cuales le pedían un beso o un abrazo. Smooky solo se reía y les besaba en la mejilla, y después se marchaba. Taanis hacía más o menos lo mismo mientras Linkaín saludaba y firmaba autógrafos. Säbel palmeaba las manos de los que le pedían tocarla, y Zelcia había adoptado el papel de protectora de Saku, pero no dejaba de sonreírle a las personas que le pedían que las mirara. Saku se dio cuenta de que aquello no era normal. Tanta pasión, tanta… lujuria. Si, eso era lo que sentía, lujuria por los miembros del grupo. ¿Cómo la gente podía sentir tal lujuria por personas que solo conocían de vista o solo por su voz? No lo comprendía, pero aquella marea de sentimientos empezaba a arrastrarla y a medio camino empezó a sentirse mareada. Empezaba a sentir un extraño placer por estar al lado de ellos.
-No te dejes atrapar. –Dijo entre el griterío la peligris, empujándola hacia el autobús lenta pero sin detenerse. –No te dejes atrapar por esto o no sobrevivirás ni un día con nosotros.
Saku creía saber a qué se refería, pero era algo muy difícil. Los sentimientos empezaban a aflorar de una manera que no comprendía, con toda la fuerza de la marea de personas. Algunas personas preguntaban que quién era ella, que porqué le permitían estar junto al grupo. Ante tales comentarios Saku solo no pudo más que sonreír con altanería. Ella estaba al lado de esos ídolos, de esas personas que tanto amor y pasión desataban. Un sudor frío empezó a surgir de sus poros.
-Mantente serena. –Le gritó Zelcia, y la empujó dentro del autobús. Poco a poco la llevó hasta uno de los asientos. Cuando Saku se sentó, miró sonriente a Zelcia. –No, eso no está bien. ¿Vale? Tienes que resistir lo que has sentido.
-¿Resistir? ¿Cómo que resistir? Si no me ha pasado nada, no me ha hecho daño ni…
-No me refiero al dolor, si no a la pasión. –Dijo Zelcia mientras le abrochaba el cinturón. El roce de su contacto hacía que un escalofrío placentero recorriera a la monja. –Si llego a saber que eres así de empática le digo a Taanis que fuera él quien te acompañara.
-¿Empática?
-Ya te contaré luego.
Los miembros del grupo empezaron a subir al autobús. El primero en entrar fue Smooky, el cual se dirigió a la parte trasera del transporte, fuera de la vista de Saku. Después subieron Linkaín y Säbel, y por último Taanis.
-¿Qué ha pasado? –Preguntó Linkaín al ver a Saku con aquella sonrisa tan radiante. –Parece una de las de afuera.
-Me has dejado a la niña, y nadie me dijo que era empática. –Dijo Zelcia caminando hacia el fondo del autobús.
-¿Empática? ¿Y yo que sabía? –Dijo Linkaín encogiéndose de hombros. –Si eso, simplemente tenemos que alejarnos de esa furia de personas y se encontrará mejor.
-Yo me encuentro bien. –Dijo Saku sin dejar de sonreír y mirar a Linkaín. –No entiendo porqué tan preocupados, en serio. Estoy muy bien, muy contenta, muy…
-Cachonda. –Dijo Smooky desde el fondo del autobús.
-Si, esa es la palabra. –Dijo Taanis, y se acercó a Saku. Le tocó la frente, y al hacerlo Saku se estremeció. –Mejor será que duermas.
-Pero…
-Plumas del sueño, envolved con vuestro cálido abrazo el alma de esta persona.
Cuando Taanis dejó de hablar, los ojos de Saku empezaron a cerrarse sin remedio. ¡No! ¡Debía mantenerse despierta! Quería seguir con ellos, por más tiempo.
Pero se durmió.
-Despierta, bella durmiente. –Dijo una voz.
Saku abrió los ojos. Todavía estaba en el autobús, sentada y con el cinturón abrochado. Miró de donde provenía la voz y se encontró con Zelcia sentada en un sillón delante de ella con una cerveza en la mano y las piernas cruzadas. La cabeza le daba vueltas a la monja y se sujetaba las sienes con ambas manos.
-¿Ya estás más cuerda?
-¿Qué… me ha pasado?
-Caíste dentro del influjo de uno de mis… poderes. –Dijo Zelcia sorbiendo de su botella. Después la miró divertida. –Si te hubiera pedido que te desnudaras en ese momento lo habrías hecho sin pensarlo.
-¡¿Qué?!
-Pero tranquila, no somos así de malvados. –Riendo, Zelcia se levantó y desabrochó el cinturón de Saku. –Ven, vamos a beber algo.
-Usted ya está bebiendo algo. –Dijo ella mientras se levantaba.
En ese momento se fijó en el interior del autobús. Parecía una autocaravana, con mesas, sillones y una cocina al fondo. Todo tenía un color neutro de gris. En la parte derecha se encontraban Smooky y Linkaín bebiendo sentados en dos butacas y viendo una película en una televisión, al lado de la cristalera. A la parte izquierda se encontraban Säbel y Taanis, la primera estirada en una cama y Taanis leyendo un gran y viejo libro, en una butaca al lado de la ventana. El sol estaba alto todavía, y por la parte exterior se veía la autopista.
Zelcia le llevó hacia la cocina, y en su interior abrió una gran nevera.
-Dime. ¿Qué quieres tomar? ¿Cerveza? ¿Vino? ¿Té helado?
-Eh… nada de alcohol, por favor…
-Oh, entonces té.
La pelogris sacó una botella de cristal con un líquido marrón amarillento y una segunda botella de cerveza, y le tendió la primera a Saku. Después, volvieron a sentarse en el mismo sitio. Smooky veía la televisión, Linkaín estaba durmiendo a su lado con un sombrero mexicano en la cabeza que impedía verle la cara, Säbel seguía en la cama pero esta vez solo estaba sentada mirando hacia el frente como si mirase al vacío, y Taanis no se había movido ni un ápice.
-Bien… ¿Cómo te sientes? –Preguntó Zelcia al estar de nuevo ambas sentadas y haber tomado el primer trago.
-Bien… solo que con un gran dolor de cabeza…
-Eso es normal en estos casos. Eres una persona muy empática, es decir, que te afectan los sentimientos de los demás. –Explicó la Guerrera Gris a Saku.
-Pues no me había dado cuenta nunca… -Comentó la monja bebiendo de su té. Estaba delicioso.
-Intenta hacer memoria. ¿Sabes si tus padres alguna vez se ponían tristes cuando llorabas o se enfadaban cuando tu estabas enfadada?
Saku bajó un poco la cabeza, pero después miró con una sonrisa a Zelcia.
-No conocí nunca a mis padres, me crié en un orfanato.
Zelcia guardó silencio y sonrió.
-No es tan extraño estos días… en fin, vamos a cambiar de tema. –Bebió de su botella y la señaló a ella. –Dime. ¿Hay algo que quieras saber? Recuerdo que me preguntaste algo en el ascensor pero no recuerdo el qué.
-Oh, si… -Empezó a hacer memoria, pero le producía un fuerte punzamiento doloros en el cerebro hacerlo. -¿Qué pasó en el concierto…? ¿Cómo es que no hablarán de ello en las noticias?
Zelcia volvió a beber de su botella y la miró con una sonrisa.
-Veamos… Lo primero que debes saber es que existe una guerra. Una guerra muy, muy antigua, en la cual existen dos bandos. Existen el bando de los “Divinos Señores de Dios” –al decir esta última frase, hizo el símbolo de las comillas demostrando un muy poco respeto. –que, técnicamente, eran los “buenos” –De nuevo, el símbolo de las comillas. –. Y, después, está el bando de los “Diabólicos Amos del Infierno” –De nuevo, movimiento con las manos para hacer las comillas de turno. –que en un principio eran los “malos” –y una vez más, el movimiento de manos se hizo presente. –. Bien, ahora que ya sabes que hay dos bandos, has de saber que los de arriba, es decir, el bando de Dios, no es tan bueno como sus propias escrituras explican, y tampoco son tan malvados los de abajo, los del Infierno.
Saku estaba atenta a las palabras que le estaba contando Zelcia. En cierta medida, le estaban dando mareos por la información, ya que estaba diciendo que Dios… ¿Era malvado…? Prefirió escuchar antes de sacar conclusiones.
-El caso es que estos dos lados, vamos a llamarlos “Iglesia” y “Cripta”…
-Por ponerles un nombre al azar. ¿No? –Dijo Taanis que se había sentado a su lado mientras dejaba el pesado volumen en la mesa.
-Totalmente al azar. –Rió Zelcia mientras se recostaba en la butaca. –Pues eso, vamos a llamarlos “Iglesia” a los de Dios y “Cripta” a los del Infierno… llevan luchando por la humanidad desde que los humanos aparecieron hace millones de años… Pero claro, no de forma tan abierta como ahora. Antes no existía ni la Iglesia ni la Cripta, si no que todos formaban sus propias creencias y creían en sus propios dioses. Por ejemplo, en la India, quinientos años antes de que el “Profeta” de la Iglesia naciera, nació el gran Siddhārtha Gautama, también conocido como Śākyamuni, Tathāgata o como casi todos los occidentales le llaman: "El Buda".
-O muchos siglos antes de que ese “Profeta” naciera también existieron los dioses en el antiguo Egipto. –Corroboró Taanis.
-Sin embargo… -Saku habló por primera vez, algo molesta. –Tanto la religión Budista como la religión Egipcia fueron erradicadas o no son tan importantes como la Iglesia Cristiana.
-¿Qué el budismo no es importante? –Dijo Zelcia abriendo los ojos como si fuese la primera vez que ve a una chica.
-Muchacha, no debes decir eso antes de escucharlo todo. –Secundó con una sonrisa Taanis.
-Pero…
-Nada de peros.
-Mira, Saku… ¿Saku, era? Si, Saku… -Zelcia se masajeó la frente un momento y luego miró a la monja. –Te estoy diciendo que cada uno creía en los dioses que veía y creía. Todas las sectas religiosas o grupos espirituales tienen un fondo común: un ser de poder supremo. Los cristianos lo llamaron “Dios”, para los budistas era Sakyamuni, es decir, el Buda, para los nórdicos era “Odín”… Sin embargo, llegó un momento en la historia en que una de las sectas no soportó al resto y quiso erradicar a las demás.
-Así empezó la expansión del cristianismo. –Comentó Taanis mientras miraba hacia la parte trasera del autobús.
-¿La expansión del Cristianismo? –Preguntó extrañada Saku. –Pero… eso fue para llevar la palabra de Dios al resto del mundo.
-Así es como lo llamaron ellos. –Dijo Zelcia con una sonrisa sin un ápice de humor. –Pero en realidad fue una matanza por el control de las tierras.
-Algunos de nosotros fuimos perseguidos… otros fueron masacrados… y en el mejor de los casos, unos pocos fueron ignorados por esos “salvadores”. –Taanis suspiró, y se colocó mejor en el asiento.
-El caso es que cuando nació su “profeta”, la Iglesia se hizo más poderosa, pues una parte de ese ente llamado Dios se encarnó en su cuerpo, algo que no está permitido entre ellos, y dio poder a sus seguidores en la tierra… algo que hizo que su expansión empezara con más fuerza. –Zelcia bebió de su botella, como si se hubiera quedado sin energía, y continuó. –Rompieron una de las más altas leyes que tenían los seres de clase “divina”, la cual es “respetar a todos los demás seres divinos”… Pero con una sola frase te puedo resumir lo que hicieron ellos: “Todo aquel que no siga el cristianismo es seguidor del Diablo”.
Saku dio un respingo en su sitio, y bebió de su té helado un poco más. Aquello empezaba a punzarle en la espalda, porque estaban hablando de la gloriosa historia de Dios como si fuera algo malo…
-Bueno, al grano… -Zelcia se colocó de nuevo hacia delante con su típica sonrisa. –Desde esa época, la “Iglesia” se conformó como una de las grandes religiones… pero no le bastó eso, porque se empezó a expandir gracias al poder que dejó su ente supremo al encarnarse en un cuerpo mortal. Gracias a eso mucha gente murió por las convicciones de los cristianos, y la parte oscura de esa religión llamó a todas las criaturas místicas, mágicas y espirituales que no pertenecieran a su religión con el nombre de “diablo”. Entonces, esa misma parte oscura decidió así, en un arranque de originalidad que les dio, que todos ellos estaban dentro de lo que ellos llaman “La Cripta del Diablo”.
-Desde ese momento, la “Iglesia” y la “Cripta” han estado en guerra. –Dijo Taanis levantándose. –La Iglesia son todos los que no aceptan las religiones de los demás, y la Cripta son todas las demás religiones que no son la cristiana.
-Y los que no creen en Dios, los que reniegan de la fe a Dios, los que saben que Dios existe pero no lo siguen… –la mujer fue enumerándolos uno a uno con los dedos.
-Es decir… La totalidad del mundo. –Suspiró el rubio encogiéndose de hombros.
-Pero esa guerra es secreta. –Dijo ella de nuevo. –Porque… Imagínate que las autoridades del mundo, que tienen tanta tecnología que no se ven ni los pies, descubrieran que existe la magia, los entes místicos y los dioses.
Saku pensó un momento en ello y sonrió con felicidad.
-Sería una utopía comparable al Jardín del Edén. –Dijo la muchacha mirándolos maravillada. Que gran idea habían tenido.
Sin embargo, Taanis contuvo su risa, y Zelcia negó con la cabeza.
-Cariño, tienes mucho que aprender… No existe esa utopía de la que hablas… Los humanos son tan malvados como los demonios que creen que existe la Iglesia. –la mujer dejó la botella de cerveza en la mesilla donde estaba el libro del rubio. –Los humanos no comprenderían, ni lo intentarían. Los humanos temen aquello que no entienden, y por no entenderlo, lo eliminan. De eso se aprovechó la Iglesia. Pero eso es otra historia. El caso es que si la Iglesia dijera ahora que existe la magia y todo eso, los científicos se frotarían las manos para estudiar esa energía… sin pensar en los sacrificios que debieran hacer.
-Por eso mañana no se dirá nada sobre el incidente con los vampiros. –Dijo Taanis mirando por la cristalera. Empezaba a oscurecer. –Porque no hubo testigos, ni tampoco quieren que los hayan.
-¿No hubo testigos? –La sorpresa de Saku fue enorme. –Pero… pero si la carpa estaba llena de gente, de vuestros seguidores, y todos vieron como varias personas saltaban encima de vosotros. ¿Cómo no va a haber testigos?
-Por la magia. –Dijo Zelcia con tranquilidad.
-En nuestras canciones –contestó Taanis. –hay impresa una magia muy poderosa. Es un tipo de hipnosis que se transmite gracias al sonido.
-Esa magia lo que hace es sustituir los recuerdos que nosotros queremos que se borren por otros que nosotros hemos seleccionado. –Explicó Zelcia.
-Cuando pasó el ataque, todas las personas que estaban en el concierto habían recibido las ondas hipnóticas de nuestra magia. –el rubio se había levantado y hacía movimientos con las manos como si fueran ondas. –El gran punto es que, al pasar una simple hora, olvidaron todo lo que había pasado, y los que lo recordaban lo recordarían como un sueño. El concierto fue algo impresionante y de gran escala.
-El mejor hechizo que jamás podrías haber creado, muchacho. –Dijo la mujer riendo.
-¿Para qué negarlo? Me esforcé mucho por conseguirlo.
-Entonces… ¿Cómo es que yo si recuerdo todo? –Preguntó Saku.
-Simple. ¿Dónde pasaste la noche? –Dijo el chico.
-Pues… con los señores Arakeist.
-Pues ahí tienes la respuesta. Durante la noche no te afecto nuestra magia por estar con nosotros. –Taanis se giró a la cristalera. Habían entrado en la ciudad. –En fin, vamos a ir despertando a los otros tres, que ya estamos llegando a Gryphon.
-¿Qué es Gryphon?
-Nuestra sede.
Taanis se dirigió a la parte trasera mientras Saku se levantaba del asiento. Allí atrás se podía ver perfectamente como los tres Guerreros Grises que los acompañaban estaban completamente dormidos: Säbel volvía a estar tapada y estirada en la cama, Linkaín no se había movido con su sombrero en la cabeza y Smooky había dejado caer la cabeza hacia la cristalera. La película hacía rato que se había acabado. El rubio se acercó a Säbel y simplemente le tocó en el brazo. La chica de pelo azul abrió los ojos y miró a su compañero.
-Vamos a llegar.
Tan solo asintió y miró a su hermano. Este, como si lo notara, despertó y se quitó el sombrero, bostezando quedamente. Movió ligeramente a Smooky, el cual lanzó una especie de gruñido, pero abrió los ojos con somnolencia.
-Los lobos somos nocturnos… -Dijo el rubio de ojos verdes.
-Si, pero estamos llegando a casa. –Contestó Linkaín mientras se levantaba.
Smooky miró a Linkaín con expresión fiera. Saku pensó que volvería a hacer un numerito como el del hotel, pero para su sorpresa, el rubio solo asintió y se levantó.
-Buenas noches tengáis todos. –Empezó a hablar Linkaín abriendo los brazos. Miró a Saku y sonrió. -¿Qué tal estás, Saku? ¿Pasaste un buen viaje? ¿Te encuentras mejor?
-Si señor Linkaín, estoy mucho mejor. –Contestó ella con una pequeña reverencia. Linkaín rió.
-No, por favor. Nada de “señor”.
-Te han calado. ¿Eh, “Señor” Arakeist? –Dijo divertido Smooky.
-Oh, cállate. –Riendo, Linkaín se acercó a Saku. –En fin, pronto llegaremos a la sede de los Guerreros Grises, Saku. ¿Estás lista para entrar en la boca del lobo?
-Eh… Si… Eso creo.
-Bien, porque una vez dentro no podrás volver atrás. ¿Todavía quieres entrar?
-Si, estoy decidida.
La sonrisa de Linkaín se hizo amplia, mientras que el resto también tenían una sonrisa algo extraña. Una pequeña sintonía sonó entonces por los altavoces del autobús, y una voz empezó a salir con parsimonia.
-Dentro de cinco minutos llegaremos a Gryphon.
-¡Perfecto! –El entusiasmo de Linkaín se contagió a la monja. –Es hora de prepararnos. A recoger nuestras cosas. Nosotros nos ocuparemos de llevar a Saku a su cita con él.
-Oh… ¿Acaso tienes intención de que la pruebe? –Dijo con un tono lascivo Zelcia que le puso los pelos de punta a Saku.
-Por supuesto, ha de probarla antes de usarla. ¿No? –Linkaín no había cambiado de expresión. –Vamos.
El grupo se movió como una sola persona ante la mirada de Saku. Todos empezaron a hacer algo sin que nadie les dijera nada, y lo hacían de una manera prácticamente perfecta. Zelcia sacó de la parte inferior de su butaca la maleta de piel que llevaba por la mañana, Taanis agarró el libro enorme que había dejado en la mesa y después se dirigió a donde había estado sentado para agarrar el estuche del bajo, Säbel se levantó de la cama y bajó de los estantes superiores el estuche de su guitarra y se dirigió hacia donde la monja se encontraba, Smooky se estiró y se dirigió a un armario, lo abrió y sacó un largo paquete de piel, y Linkaín se dirigió a la parte trasera del autobús y volvió con una botella de cerveza en una mano y el estuche de su teclado en la otra. Saku no sabía que hacer, así que empezó a buscar sus cosas hasta que la guitarrista se las señaló debajo de su asiento.
-Muchas gracias, señorita Säbel.
-Solo Säbel. –Dijo la peliazul, y se dirigió a la entrada del autobús justo en el momento en que este se detenía.
Saku miró por la ventana con curiosidad. Quería saber donde estaban para poder informar a la congregación, pero solo observó una ciudad sumida en la tranquilidad que da la noche. Se habían detenido frente a un alto edificio de metal y cristal con un gran cartel que ponía “Gryphon”.
Las puertas se abrieron, y Säbel fue la primera en salir. Le siguió Taanis y luego Zelcia. Smooky saltó después y lanzó un aullido aterrador que más que humano le hacía ver como una bestia, y Linkaín se colocó al lado de Saku.
-Aquí empieza tu andanza, Saku. Todavía estás a tiempo, pero en cuanto pongas un pie ahí, se acabará tu oportunidad para echarte atrás.
Saku miró a Linkaín. Este se veía muy serio, por lo que la monja tragó saliva y miró al frente. Sacó valor de su propio miedo y bajó los escalones del autobús. Cuando pisó el frío asfalto, notó como una corriente de energía la atravesaba. Quiso gritar igual que Smooky, pero se contuvo: No era decoroso que una dama gritara de alegría.
¿Alegría? Si, era alegría lo que sentía. No podía explicarlo de una mejor manera, pero ese sentimiento era como el de volver a casa, como el de encontrar algo que había perdido hacía mucho tiempo, un viejo amigo con el que habías perdido el contacto, un familiar que no habías visto hace años… Si, así se sentía ella, exultante de alegría.
Linkaín bajó detrás de ella y le puso la mano en el hombro. Cuando ella lo miró, vio que en su cara se reflejaba una sonrisa bastante extraña, como de complicidad.
-Si… Sabía que había talento en ti. –Dijo él, y acto seguido le señaló a los demás y al edificio. Vio que los otros, incluido Smooky, tenían todos la misma sonrisa que el castaño. –Bienvenida a un mundo lleno de diferencias… Bienvenida a Gryphon.
Saku miró hacia la puerta de cristal de la entrada y asintió. Solo en ese momento se dio cuenta de que en sus labios había una sonrisa que no sabía identificar. Los Guerreros Grises se giraron y emprendieron su camino hacia el interior del edificio, y Saku los siguió.
Las puertas automáticas se abrieron dejándolos pasar. Al entrar, Saku pudo ver a muchas personas en el propio vestíbulo incluso a esas horas de la noche. El vestíbulo, ya de por si, era impresionante. El color predominante era, igual que en el autobús, el color gris, pero de diferentes tonalidades. Gris perlado, gris plateado, gris antiguo, gris metal… Todos estaban perfectamente combinados en el entorno. Grandes sillones de piel grisácea frente a pequeñas mesas de un gris oscuro en las que reposaban algunas revistas o libros, baldosas resplandecientes de un gris tan oscuro que parecía negro, mostradores del color del metal… Pero lo que más le impresionó eran las personas que en ese lugar se movían. Eran de todo tipo de etnias, edades y sexos, y todos tenían un traje parecido al suyo pero con distintos colores. Los que más predominaban eran los que tenían su mismo traje pero con un color gris profundo con corbata negra en algunas personas y blancas en otras, pero también había gente con el uniforme de color blanco que Saku llevaba, y otras personas que lo llevaban de color negro con corbata roja. También había gente con ropa de calle normal que iban y venían, o que simplemente estaban esperando a algo o alguien.
A la derecha de la entrada había un mostrador metalizado con una muchacha de cabellos oscuros y uniforme gris con corbata blanca que les dio la bienvenida, y cuando Saku pasó, la chica, que no debería tener más edad que ella, le habló.
-Bienvenida a Gryphon, señorita. Mi nombre es Misao, y estaré aquí en cualquiera de las dudas que usted tenga.
-Oh… Es… Es un placer conocerla, señorita Misao. –Dijo Saku ruborizada e hizo una reverencia. –Yo soy Saku, hoy me incorporaré… o eso creo…
-¡Saku, no te quedes atrás! –Gritó Linkaín desde el fondo de la sala, y la monja se giró de golpe.
-Tengo… ¡Tengo que irme, perdone señorita Misao! –Gritó la muchacha corriendo hacia donde estaban los demás.
Se fijó un poco más en el vestíbulo mientras se acercaba. Entre el mostrador de entrada y los ascensores del fondo habían más o menos una distancia de quince a veinte metros, mientras que a la derecha habían varios sillones ocupados por personas con ropa de calle. También había un segundo mostrador al lado de los asientos, esta vez ocupado por un hombre con traje negro y corbata roja, que atendía al teléfono o hablaba con alguno de los presentes. En las paredes habían puertas de muy buen gusto de donde salían algunas personas con distintos uniformes, pero todas parecían atareadas. A la vez, también habían bellas obras de arte colgadas de las paredes. Cuando Saku alcanzó al grupo, pasaron al lado de un hermoso cuadro de un ángel con las alas blancas extendidas junto a otro con las alas negras plegadas, y frente a él había una mujer de cabellos cenicientos que lo miraba embelesada. Saku vio a la mujer cuando se acercaron. Era una mujer muy hermosa, pero estaba anormalmente pálida. Iba vestida como si estuviera en una época diferente, con colores blancos, grises y negros, con guantes y medias, y una minifalda que la hacía ver provocativa, y sus ojos no dejaban de mirar al cuadro. Taanis se acercó a ella y la meneó un poco por el brazo, ella se asustó y se giró a él con cara de enfado.
-Disculpe que la moleste señorita von Karma, pero se había quedado embobada por el cuadro.
-Oh… gracias, señor Senju. Que descuido por mi parte, quedarme viendo este hermoso cuadro. –Dijo con una voz frágil pero contundente. -¿Es una obra del señor Armando?
-Se nota que usted es una entendida en estos temas, señorita. –Dijo Taanis asintiendo. –Si, es una obra del señor Armando Bernard, hecho expresamente para nosotros.
-Es hermoso, como todas sus obras. No es perfecto, claro está, pero raya la perfección. –La mujer siguió mirando embobada el cuadro, pero esta vez se giró al rubio. –Tengo entendido de que puede que vuelva a aparecer por aquí el señor Bernard.
-Eso no es cosa mía, señorita. Eso son asuntos que ocupan a nuestros directores. –Dijo Taanis encogiéndose de hombros. Saku se fijó en que el resto del grupo los dejaba atrás, y el rubio se giró a la muchacha. –Saku, ve con ellos, yo tengo aquí como para un buen rato más.
La monja asintió y se lanzó hacia los ascensores, donde ya estaban esperándola los otros cuatro. Cuando ella llegó, al abrirse, se encontraron con un muchacho que llevaba un uniforme gris y corbata negra. Era bajito, más bajo que Saku, y tenía la piel amarillenta. Sus cabellos negros le cubrían la cabeza, y llevaba un sombrero de lana encima de ellos cubriéndole la mayoría de la cabeza. Cuando salió se giró al grupo y se abalanzó a Linkaín.
-¡Linka, por fin llegaste! –Gritó llorando el muchacho. Linkaín empezó a reír y acariciarle la cabeza como si fuera un perro.
-Si, ya estoy aquí, anda, tranquilo, tranquilo. ¿Qué te ha pasado esta vez? –Dijo mientras los demás reían.
-¡Es un martirio! ¡Un sufrimiento! ¡Una tortura! –Gritaba el chico separándose del Guerrero Gris. -¿Sabes que hasta ahora me ha hecho buscarle la colección completa de Dragon Ball en DVD en japonés subtitulada en español?
-Bueno, no es algo tan difícil de encontrar… -Dijo Zelcia.
-No, no es difícil de encontrar a una hora normal. –Al decir esto, puso énfasis en la última palabra. –Pero me lo pidió a las cuatro de la mañana de un domingo. ¿Cómo voy a encontrar eso a esa hora?
-¿Y ahora te ha mandado a hacer algo, Gami? –Preguntó Linkaín.
-Me ha pedido que le busque helado de sandía… –Con la cabeza gacha, se giró hacia una de las puertas. –Menos mal que de eso tenemos en la nevera…
-Ala, pues entonces no te entretengas… Que esa mujer es un auténtico demonio. –Dijo Smooky entrando en el ascensor. –Algún día la reventaré a mordiscos.
-Dice ella que si te acercas a su habitación por la noche, que te cortará tus partes nobles y se las dará de comer a su mascota. –el chico llamado Gami se empezó a dirigir hacia una de las puertas. –Nos vemos, Linka, Säb, señorita Shirubia, Smooky…
-¡Eh! ¡¿Por qué es a ella la única que le llamas por un nombre respetuoso?! –Dijo Smooky, pero Gami ya había abierto la puerta y desaparecido por ella. –Maldito pokémon…
-Venga, va, vamos adentro. –Dijo tranquilizador Linkaín, y entraron al ascensor.
Dentro Saku vio que era muy parecido al ascensor donde habían entrado en el hotel, pero en vez de los colores vivos todos eran tonos neutros del gris. Linkaín apretó tres botones en el panel de control, y las puertas se cerraron.
-¿Cómo están las cosas en los túmulos de la ciudad? –Preguntó Zelcia a Smooky. Este se encogió de hombros.
-Antes de irnos, mis hermanos iban a tener unas palabras con los moradores… solo espero que no ocurra lo mismo de la última vez.
-Cierto, estuvimos una semana entera para limpiar el estropicio que hicieron tus amigos… –Zelcia puso los ojos en blanco.
-¿Qué ocurrió? –Preguntó Saku.
-Los Garous de la tribu de Smooky son unos muy violentos. –Dijo Zelcia.
-Eh, no somos violentos, solo somos orgullosos y nobles. –Rectificó el rubio con voz ofendida.
-Lo que pasa es que la tribu de Smooky no soporta que los insulten. –Contestó Linkaín. –Son unos Garous muy feroces y son uno de los más poderosos en la batalla.
-Pero… ¿Qué son los Garous? –Preguntó Saku.
-Algún día lo sabrás, blancucha. –Contestó Smooky cuando se detuvo el ascensor con el típico sonido de capanita.
Al abrirse las puertas, Saku vio el piso donde se detuvieron. Era un piso extraño dentro de un edificio, casi podría decirse que era una especie de… ¿Bosque? Si, parecía un bosque por la noche dentro del propio edificio. ¿Cuándo habían salido al exterior?
Smooky dio un par de pasos hacia el exterior, miró hacia el cielo e inspiró profundamente. Salió corriendo en dirección a los árboles sin siquiera dirigir una sola palabra de despedida mientras el ascensor se volvió a cerrar.
-¿Iréis directamente a verle? –Preguntó Zelcia a Linkaín.
-Así es. –Respondió el castaño. –Después, si sobrevive, la llevaremos a las habitaciones.
¡¿Sobrevivir?! ¡¿Acaso debería luchar contra alguien?!
-No creo que sea muy duro con ella, aún es una niña. –Dijo Zelcia con una sonrisa.
De nuevo la trataban de niña. ¿Acaso no veían que ya tenía diecinueve años y se sabía valer por sí misma? Cuando iba a replicar, volvió a sonar la campanilla, y esta vez fueron los hermanos Arakeist quienes salieron, y el chico se giró a Saku.
-Vamos, Saku, esta es nuestra planta.
Saku dio un respingo y salió corriendo en dirección a los dos hermanos. Fuera vio que había un largo pasillo que se dirigía hacia tres puertas, una a la derecha, una a la izquierda y una al final del pasillo. Ese pasillo era distinto al resto, predominaban los colores claros. Los candelabros dorados en las paredes iluminaban la estancia con bombillas con forma de vela, las mesas con cálices eran de una madera oscura. Las puertas estaban echas de una madera clara que a primera vista Saku pensó que una sola puerta valía tanto como la ropa de los niños del orfanato.
Se dirigieron hacia la puerta del final, donde en la parte central había una placa con la forma de una esfinge de plata.
-Aquí está el líder de los Guerreros Grises. –Dijo Linkaín deteniéndose en la entrada del lugar. –Tu vas a conocerlo, y lo harás sola. Nosotros estaremos presentes, por supuesto, pero no podrás tener ninguna ayuda de nuestra parte.
Saku asintió. Un sudor frío empezó a recorrerle la espalda. ¿Miedo? No, no era miedo, era inquietud.
-Bien… vamos allá.
Linkaín abrió la puerta sin siquiera llamar. Dentro estaba en penumbra, las únicas luces que había provenían de una vela encendida en la mesa del centro, la cual estaba en la parte más alejada del despacho. No podía ver bien el interior del lugar, tan solo la mesa iluminada por la vela y una silueta sentada detrás de ella.
-Bienvenidos, Linkaín, Säbel… ¿Quién es esta pequeña? –Preguntó la silueta con una voz profunda y grave.
La voz del morador de aquella estancia le provocó un escalofrío por todo el cuerpo. Ahora sí podía decir que tenía auténtico miedo.
-Te presento a Saku. –Dijo Linkaín con tranquilidad. La monja no miró hacia él, solo mantenía sus ojos fijos en aquella silueta que se sujetaba la cabeza sobre sus manos cruzadas, provocando que una gran sombra cubriera toda su cara. –La encontramos en la última misión. Dice que quiere ser parte de nuestra afiliación.
-¿Gryphon, o algo más serio? –Preguntó la silueta.
-Algo más serio.
La silueta suspiró y, más que ver, Saku notó que la miraba.
-Uniforme blanco… –Dijo él lentamente. –Ojos rasgados… Creo que puede venir del este. ¿Dónde se crió?
-Orfanato. –Dijo Säbel.
Un momento. ¿Cómo sabía Säbel eso, si solo se lo dijo a Zelcia y no se habían quedado a solas en ningún momento?
-Ya veo… ¿Cuál es tu nombre completo, muchacha? –Preguntó la persona.
-Esto… yo… soy… Saku Zelda Sheikav… señor… -El sudor frío empezaba a molestarle en la espalda.
-Saku Zelda Sheikav… -Repitió la voz. –No es un nombre muy común, la verdad. Y creo que has sido criada en un orfanato de la Iglesia. ¿No es así?
-Yo…
-Si. –Volvió a contestar Säbel.
¿Qué le pasaba a la guitarrista? ¿Por qué hablaba sin dejarle contestar?
-Si, se nota bastante en tu aura… -La silueta se levantó. Saku solo consiguió distinguir el uniforme de los Guerreros Grises y unas manos algo pálidas. La cara seguía a oscuras. –Dime, Saku… ¿Conoces a Dios?
Saku abrió los ojos. ¿Qué pregunta era esa?
-Yo… tengo a Dios y a mi fe en mi corazón… siempre están conmigo…
-No te he preguntado eso, pequeña. –La voz del líder de los Guerreros Grises no parecía disgustada ni ofendida, tan solo parecía un maestro enseñándole a un niño. –Te he preguntado si conoces a Dios.
-Nadie, salvo los ángeles, conoce al Altísimo. –Dijo con énfasis la muchacha, y acto seguido se recriminó por lo que dijo.
-Ah, entonces… Has conocido ángeles. –Dijo la silueta con voz divertida. –Técnicamente es cierto que solo los ángeles pueden conocer a Dios, pero… No solo ellos lo conocen. También lo conocen los ángeles caídos, los otros entes supremos y muchos, muchísimos más ejemplares de este fantástico mundo que crearon entre todos.
El líder de los Guerreros Grises se giró hacia la pared y dio unos cuantos pasos, saliendo de la luz de la vela, y de improviso, una pesada cortina se abrió detrás del escritorio, dejando entrar la luz de la luna y permitiendo a Saku ubicarse. La sala estaba llena de libros, manuscritos y pergaminos en cientos de estanterías. Cuadros de hace cientos de años, armas en las paredes de todas las épocas, armaduras de reinos olvidados. Y en frente de la ventana, había un hombre alto, de largos cabellos del color del marfil, con el uniforme de los Guerreros Grises.
-Has sido educada en un orfanato eclesiástico, algo que va a costar mucho remediar. –Dijo el líder mirando por la ventana. Solo se veía el cielo despejado de nubes, las estrellas y la luna. –Sin embargo, estando aquí podrás descubrir que el mundo tiene más de dos colores. –El hombre se giró a Saku. Esta pudo ver el semblante duro, adulto y fiero del líder de los Guerreros Grises, y sus fieros ojos grises mirándola como si fuera un halcón. –De momento… estarás bajo la protección de uno de los Guerreros Grises que más se acercan al Cielo, pero igualmente tendrás como asesor a alguien que Linkaín designe.
El hombre se sentó de nuevo en la gran silla y la miró de nuevo. Aquellos ojos le resultaban familiares, pero no podía ubicarlos.
-Debes saber un número de normas. –Empezó a hablar el hombre. –Mis órdenes son absolutas. Cuando yo no doy las órdenes, las dan Linkaín o Säbel, por lo tanto, sus órdenes también son absolutas. Si estás en Gryphon debes tener en cuenta que todos están en distintas zonas. A ti te asignaremos… ¿Dónde crees que podría ser más efectiva, querida? –Preguntó a Säbel.
La mujer hizo un movimiento, y Saku vio como el hombre de la mesa miraba ahora a Linkaín.
-Propondríamos que estuviera en la planta número trece, con nosotros. –Dijo Linkaín. –Tiene talento para esto. Puede que no lo notara hasta ahora, pero al entrar en el campo mágico de Gryphon lo sintió hasta en sus huesos.
-Entonces está decidido. –El hombre colocó sus manos sobre el escritorio. –Estarás asignada en la planta número trece, tu asesor lo decidirá Linkaín, y todas tus preguntas se las puedes hacer a cualquiera de los Guerreros Grises, a cualquiera de sus asesores o ayudantes o a los propios trabajadores. Dormirás en la planta número dieciséis y tendrás como compañera… ¿Quién podría ser…? Si, tu compañera será una muchacha llamada Pixy. Es una Guerrera Gris ya formada, así que ella te podrá aconsejar bien. –Ante esta frase Linkaín y Säbel rieron un poco. –¿Alguna pregunta hasta ahora?
Saku negó con la cabeza.
-Bien. Te explicaré a grandes rasgos lo que hacemos aquí. –Dijo el hombre. –Pero antes, permíteme presentarme. Mi nombre es Shadow Dragmare, líder y fundador de los Guerreros Grises. Todo lo que dicen de mí es verdad, y si no, suele ser mentira.
-Gran aporte, Shadow… -Dijo suspirando Linkaín.
-La tarea de un Guerrero Gris no es solo luchar. –Haciendo caso omiso de la frase del castaño, Shadow continuó hablando. –Un Guerrero Gris siempre está intentando que la balanza esté en equilibrio. Nunca es bueno que un bando sea más poderoso que otro.
-Las leyendas cuentan… que ayudasteis al Cielo en muchas ocasiones… señor Dragmare… -Dijo en un susurro Saku.
-El señor Dragmare era mi padre. –Dijo Shadow con una sonrisa.
-Eso es mentira, tu padre no es el señor Dragmare. –Contestó Linkaín riendo. –Y si te escuchara no se si te dejaría tranquilo.
-Ni que fuera la primera vez que le digo algo así. –Le contestó el del pelo marfil al otro. Luego volvió a mirar a Saku. –Y si, es cierto que en algunas ocasiones nuestro camino ha ido por el mismo camino que los de la Iglesia. Sin embargo, eso no significa que seamos aliados. –Shadow se recostó en su sillón. –Verás… nuestro papel como Guerreros Grises no es estar a favor de un bando, como tu puedes creer. Nosotros somos la balanza de este mundo maldito por Dios, decidiendo quién debe ganar las guerras y quién debe sobrevivir en las luchas.
Saku se mordió la lengua.
-Has de tener en cuenta que en los dos bandos que existen, no todo es oro lo que reluce. –Dijo el hombre con una sonrisa. –No, no lo es. Por ejemplo… hace años fui testigo de cómo un grupo de ángeles masacraban sin contemplación a todo un pueblo únicamente porque en él habitaba un poderoso hechicero, el cual, aunque creía en Dios, no el profesaba un gran afecto que digamos. Dime, Saku Zelda. ¿Crees que fue acertado que los ángeles hicieran eso?
-¿Murieron… muchas personas…? –Preguntó acobardada la monja.
-Si, muchísimas… Hombres… mujeres… ancianos… niños… Y todos ellos eran devotos del mismo Dios que los condenó solo por tener a un hechicero que no estaba de acuerdo con sus enseñanzas como vecino.
Saku bajó la cabeza para ocultar la pequeña lágrima. No… no era correcto derramar lágrimas por aquellos que los ángeles van a buscar, pero… era demasiado cruel como para poder ser un acto de Dios.
-Dios no tiene escrúpulos. –Dijo Shadow. –Si tiene que matar a varios de sus seguidores para llegar hasta el peligro, los mata. Y sus ángeles no son precisamente unos ángeles de verdad… Los únicos buenos ángeles que conozco son los arcángeles, porque esos sí que tienen la cabeza sobre los hombros.
-¿Conocéis a los arcángeles? –La sorpresa en la voz de Saku fue patente. Cuando estaba en el orfanato y hablaba con los pocos ángeles que se presentaban, hablaban grandes leyendas de los arcángeles Gabriel, Miguel, Rafael y Uriel.
-Oh, por supuesto que los conozco… Miguel siempre nos invita a una buena cerveza cada vez que nos encontramos. ¿Eh que si, Linkaín?
-Y que lo digas. Y Gabriel suele ruborizarse siempre que le echas un piropo. –Contestó el castaño con risas.
-Ya basta. –Dijo Säbel. –No es ese el tema a tratar.
-Tienes razón querida. Bueno, Saku, como te decía, no todos los ángeles son buenos… Y si, empieza a hacerte a la idea de que todos los llamados “demonios” no son malos. –Shadow se levantó y volvió a mirar por la ventana. –Puede sonar pretencioso, pero los únicos que mantenemos el orden en este mundo corrupto somos nosotros… -Se volvió a girar, con el rostro totalmente serio. –Has conocido el blanco de la Iglesia y el negro de la Cripta… Ahora nosotros te enseñaremos todos los matices de grises. –Volvió su vista a la ventana. –Podéis retiraros.
Saku vio como Linkaín y Säbel hacían un saludo marcial y se giraban. Ella hizo lo mismo y los siguió. Quería salir de allí, huir de aquel hombre que no parecía un hombre… Aquel que estaba empezando a hacer temblar sus creencias…
Tan solo quería dormir hasta la mañana siguiente. Por la mañana ya empezaría a investigar a fondo… y a aprender.
Si, aprender… eso era algo que la entusiasmaba en una manera demasiado profunda… Y no lo entendía…
Continuará…
Atención: Esta entrada está hecha en plan de risa y sin pretender ofender. Si queréis echaros más risas, esto está sacado de la Frikipedia xD
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Grandes hijas de la gran p+*@ que te arruinan la vida y que las quieres matar descuartizar y ver las muy lejos...
Ejem...
Ente misterioso proveniente de algún tipo de dimensión paralela. Su naturaleza humana está aún por demostrar aunque los partidarios de esta teoría se atreven a afirmar no solo que son mujeres normales y corrientes sino además que estuvieron o están casadas e incluso engendraron vástago alguno. Sus poderes paranormales, capaces de detectar el más mínimo deseo sexual en tu rostro y responder a ella de modo sutil, son conocidos desde tiempos inmemoriales, así como su cualidad para permanecer despiertas durante períodos de 48 h. a base de café solo y pastillas para la tos cuando el cuñadito de turno pasa unos días en casa, teniendo a su hija "virgen" paseando en camisón y zapatillas por las dependencias de la vivienda.
Tienen una capacidad sobrehumana para finjir absoluto desconocimiento de los deseos reales de sus vastagos e intentar sustituir éstos por los suyos propios (los cuales suelen ser el extremo opuesto a los reales)
Frase preferida: El itinerario de hoy: 6:00 am - 24:00 pm joder a mi yern@
¿Peligroso?: ¿Lo preguntas?
Obsesión: Una sola, joder a su yerno o nuera en el desayuno, en el almuerzo y en la cena...
Notas de interes: A veces se unen en manada donde podrían ser mucho mas peligrosas... ¡Evíta tal evento!
Tipos de Suegra:
Suegra MADEINSPANISH (suegronis aspaniolus)
Esta Suegra es oriunda de España y de momento no es viable su exportación. Esta clase de suegra se dá principalmente en Castilla la Mancha y zona de Andalucía, habiendo sufrido esta última una amplia difusión por el noreste de la Península (fenómano llamado "éxodo charnegosuegril").
Suegra rumana (suegronis rumanovich)
Se apalanca en la casa, no curra y además se bebe el vino de mesa. No es peligrosa mientras está borracha, incluso puede llegar a ser simpatica, pero cuando alcanza el estado de resaca (algun día le tenia que dar) es la mas peligrosa de todas las suegras, se recomiendo tratamiento de choque (preferentemente contra un camion cisterna)
Suegra eslava (suegronis asclavus)
Vigila a su hija como un halcón, a veces está tardo-buena y flirtea con el yerno, que horrorizado suele refugiarse en el alcohol. Muy peligrosa para cualquier posible pretendiente, más aun si está decidida a follarte, se recomienda presentarle a uno de tus amigos que ande urgido por follar, mientras sea jovencito no importa si no es muy bien parecido, ella igual se lo cepillará.
Suegra modelna (suegronis futurama)
Más te vale que seas mujer, porque parece odiar a los hombres, a los que considera a todos sin excepción como "trastos inútiles". Han llevado el feminismo mal entendido hasta casi rozar el asco por los hombres. Para ellas, si sus nueras son una mierda es porque sus hijos no merecen nada mejor, y si sus hijas se echan cualquier hombre, "a ese lo cambio yo". No dejan pasar la oportunidad de pensar que "la culpa siempre es del hombre" y como su hija del alma se eche un novio formal, estupendo y perfecto a sus ojos, que se ande con cuidadito si no quiere que ella le transforme en el hijo que nunca tuvo y le prefiera antes que a su marido. La suegra Modelna suele ser de grandes ciudades o bien de las que se escaparon con una bandada jipiesca y hoy ha claudicado al consumismo más exacerbado. Se la puede encontrar en tiendas de ropa para chicas 20 años más jóvenes que ellas -según ellas, "sólo 7 años más jóvenes"- y sobre todo en El Corte Inglés. Lo único cárnico que les interesa de sus maridos hoy en día es la cartera de piel, y son expertas del cálculo a la hora de doblar el sueldo de sus maridos, doblar el precio de lo que se acaba de comprar, dividir su edad por dos y triplicar la edad de su mejor amiga ante otros hombres. Es liberada de boquilla, en realidad es muy inculta aunque devore cuarenta revistas femeninas a la semana y envidia a Ana García Obregón aunque lo niegue dicendo que "esa Barbie de Geriátrico ha perdido la dignidad". Sueñan con tener un quirófano de cirugía plástica para ellas solitas.
Suegra morro (suegronis morronus)
Dicese de aquella que siendo primero madre de varón, le comio el coco desde la primera infancia, detallandole el caso omiso de que iba a ser objeto por parte de su futura nuera, almacenando el varon una psique protectora de mamá. Trás lo cual ,y contraido nupcias aquél, la suegra comienza la fase extorsionadora, consistente en procurarse asilo en casa de nuera, con toda clase de lloriqueos, mimica y gorgoritos, a ser posible influyendo sobre nietos, ante los cuales declara que por no mantener a la suegrecita posiblemente la mamá tampoco será atendida por sus hijitas, y viniendo a ser obligada la nuera a especificarle a sus hijas que efectivamente, una suegra no puede importarte lo mismo que tu propia madre. No obstante, este tipo de suegra, debido a sentirse mujer del siglo XXI nunca consideró preciso ni llevar nietos guarderia, ni acudir hospital en caso de enfermedades de la citada familia, ni pagar viajes de estudios ,ni cocinar ni ayudar en limpieza de nada, ni siquiera suele acudir al parto de la nuera y jamás hacer regalo a esposa de su hijo. Se apoya en la mentalidad judeo-cristiana para solicitar "Honrarás a tu padre y a tu madre sobre todo",y en las últimas teorías capitalistas sobre el ahorro familiar, para mantener indemne su fortuna sin soltar un duro. Presenta un archivo oculto en forma de propiedades inmobiliarias y fondo de pensiones intocables que relata repetidamente pasará a heredar , ese hijo bien amado, pero en el capítulo gastos no introduce el factor Hacienda ni al resto de herederos, con los cuales no quiere vivir porque el nivel de vida deseado es precisamente el de la nuera odiada.Que por otra parte no para de trabajar , pero nunca se planteó hacerlo para semejante señora. Su deseo mas ferviente es pasar a disfrutar , de la mismisima vida de su nuera pero sin hacer aportación alguna economica,lo cual avala con los antecedentes de otras suegras conocidas solo por ella , a quienes otra nuera recogió gratis. Se trata de un ejemplar bien dotado de verborrea , que en su ambiente oculta , su personalidad ávara , egoista y es compadecida al no ser reingresada en el alto nivel económico de la nuera.Pertenece a ese tipo de personas que suelen pensar "Cómo tienes mucho, no te doy, si no me das Dios no te ama" Suele tener antecedentes personales de vida libre e independiente sin haber cuidado ni de sus propios padres ,hermanas, hijos enfermos, habiendolos chumbado a otras hermanas menos espabiladas, y de haber visto ahorrar y hacer cuentas a la nuera mientras ella se operaba de cataratas en la privada: Son 4.000. Y viajaba a Italia , Francia, etc, para adquirir un extraño acento en 5 días, que según ideación perenne , la aflora a un nivel linguistico superior, y desde el cual desprecia a nuera por no poseerlo. No suele comprender porqué no se le monta dormitorio , y se le pone mercedes en la puerta y medico 24 h especialista preferiblemente, más piscina en jardín privado de 10 x 5 m, sin que ella aporte un duro. Lloriquea continuamente su temor a ser ingresada en residencia cuando no pueda ser atendida por ella misma o por quien ella pague , con sus ahorros, en la espera de que la misma nuera a quien denigró y humilló anteriormente se compadezca y sin mediar un duro se haga cargo de que debe pasar su juventud sacrificada en vieja que no le proporcionó afecto ni economía alguna. Generalmente haciendo oidos a la sabiduría popular se han forrado en ahorros para su vejez, pero llegada esta, nunca lo aceptan y siguen ahorrando a costa de lo que debieron regalar y no hicieron , no encontrando nunca el momento de gastar ni siquiera en esa unidad familiar , de su hijo, en la que gustosamente ingresarían... El pensamiento base les viene de considerar que su hijo lleva los pantalones, de lo cual deducieron que les sería favorable estar cerca del poder , y en cada pequeña disputa q presenciaban tomaban parte por ese ficticio poder que representaba su hijo, encontrandose a la postre, con que no fue casual que ellas mandasen en su casa,y mucho menos casual sería ahora que esta nuera trabajadora y cotizadora del IRPF mandase en la suya. TERAPIA: Es curable y tiene antidotos,del tipo de "El amor es compartir, no siendo dar y dar y dar..."Hay que amar al projimo como a tí mismo, no amando a la suegra más de lo nunca te amaste a tí" O bien "Dad y recibireis..."Esto forma parte de un ejercicio mental diario a emprender en cuanto se esté frente al modelo de suegra , siendo terapia para la nuera A efectos de la susodicha abusadora y según el grado de adicción de la conducta mantenida a lo largo del tiempo,se hace irreversible. Se prevee Residencia.
Suegra tranquila (Suegronis pacificus)
Una especie bien llevada, deja a la hija libre para el noviazgo sin hacer preguntas (si acaso le da alguno que otro consejo) y encima te sirve té con galletas cuando te conoce, no suele hacerte demasiadas preguntas y con frecuencia se marcha dejandolos a ti y a tu prospecto solos, un especimen en lamentable extinción.
Suegra venenosa (suegronis ponzoñosus)
Este tipo en particular suele afectar con mucha mayor frecuencia a los varones que a las mujeres (en una proporcion de chorrocientos a uno), posee mas veneno que el cruce de una cobra de la india con una tarántula africana come-hombres. Sus aparentemente "inofensivos" y "espontaneos" comentarios suelen tener toda la premeditacion, alevosia y ventaja para acabar con cualquier tentativa de noviazgo con SU hija, o por lo menos hacerte poner la cara mas roja que un jitomate, por ejemplo: "y... como va el asunto de la familia, porque ya habreis pensado en tener hijos verdad?", este comentario suele hacerse cuando el yerno está comiendose una gamba o tomando vino o cualquier otra bebida que al atragantarte te queme la garganta, esto con el fin de intentar asfixiarle de forma rapida y efectiva, es el tipo mas común (se prevee su extincion hacia el año chorrocientos mil o hasta que el monstruo de spaghetti volador sea devorado)
Suegra querida (suegronis simpaticus)
Rarísima especie similar a la pacifica, pero este tipo ademas de no incomodar al yerno lo adopta como si fuera su propio hijo, lo alimenta, cuida de el si enferma y lo alienta a continuar la relacion con frases como "se nota que está muy enamorada de ti" o "me alegra que estés con mi hija" (nuevamente la proporcion de chorrocientos a uno), aquel que encuentra una no la suelta, con el tiempo degenera en abuela consentidora.
Suegra metiche (suegronis metichus)
Un tipo bastante molesto subderivado de suegronis ponzoñosus, se mete en todo, opina en todo, indaga en todo y te lo restriega todo en la cara, adora hacer comentarios acerca del ex-novio de su hija enfrente de ti como lo guapo que era o el dinero que tenia, así como investigar exactamente dónde vives, qué coche tienes (si tienes), cuánto ganas, qué marca de calzones usas, cuánto te mide (no importa cuanto trates de ocultarlo, lo averiguará) e incluso los momentos del día en los que vas al baño para tener mayor ventaja sobre ti, el único remedio conocido es que tengas la fortuna de que esté casada con el marido estilo "totem" (suegronomicus impavidus) el cual no habla, no se altera, no se mueve (o casi no), pero le pone la mano en el hombro cuando se está empezando a pasar del límite y por misteriosa gracia del cielo la suegra se calla o cambia la conversacion (anda a saber la cantidad de hostias que le habrá dado para amaestrarla).
Suegra hipócrita (suegronis falsitis)
A menudo confundida con el tipo pacifico o amable, es casi imposible diferenciar una de otra a simple vista (si bien un ojo educado puede advertir diferencias claves entre ellas, vease sharingan y byakugan, o en su defecto ryûgan) esta te trata bien, no se mete contigo, incluso te invita una rebanada de pastel, pero en realidad busca el momento preciso para soltar su ataque cuando menos te lo esperes (y ahí ya es demasiado tarde), se recomienda analizar muy bien a las suegras pacificas o amables para evitar este tipo que es el segundo mas común.
Suegra trabajadora (suegronis workaholic)
Hace pilates, hidrogimnasia, aerobicos, trabaja doble turno y atiende la casa, pero no dejes que eso te engañe pues se las arreglara para verte la mayor parte del tiempo que estés ocioso y recordarte las virtudes del trabajo duro y que no quiere que su hija sea la esposa de un holgazán, si no ganas por lo menos el doble que ella ni sueñes con casarte con su hija, te hace ayudarle en las tareas del hogar mientras esperas a que su hija salga de arreglarse (cambiar un bombillo, poner las persianas, mover muebles, abrir frascos de conservas, castrar al gato, cosas de ese tipo), se recomienda evitarla lo mas posible ya que mientras mas te conoce mas cosas te pondrá a hacer.
Suegra ideal (suegronis difuntus)
No se mueve, no habla, no molesta, no cocina, no respira y tiene siempre puesta una pijama de madera o en su defecto de ceramica (mejor conocida como urna), se le encuentra 3 metros debajo de la tierra o vuelta cenizas dentro de una vasija, el mejor tipo de todos y todos los tipos eventualmente degeneraran en este último (si bien la espera puede ser tediosamente larga)
Características
Las suegras tienen las siguientes características.
MorfologíaHay ejemplares de entre 1,50 a 1,80 metros (esto último, normalmente a lo ancho), superando todos ellos en un 70% el nivel de IMC que sería deseable e incluso saludable. Todas tienen el pelo teñido ( incluso el del pecho ) de todas las tonalidades de rubio habidas y por haber y en caso de Galicia se podría aumentar el color rojo fosforito. Todas ellas lucen papo y verruga y tienen un prodigioso visual y auditivo que les hace enterarse de absolutamente todo -suceda o no, antes o después de que se llegue a producir-. Esta clarividicencia siempre se inclina hacia el sector menos benevolente y malpensado.
Hábitat
Hay tres situaciones diferentes en las que se puede encontrar a una Maruja de esta clase, y en cada una de ellas luce un atuendo diferente:
-Casero: la cabeza adornada con cilindros tribales de material plástico llamados "chichos" o rulos. A veces llevan unos extraños gusanos de colores llamados "bigudíes" (en su lenguaje, "lo cirulís de coroles esos", bata acolchada ceremonial llamada boatiné y zapatillas de paño para ir arrastrando los pies. Suelen llevar pegado a la mano un trapo -y, en ocasiones, un teléfono-. Dejan abiertas las ventanas aunque haya 20 grados bajo cero y despliegan a gusto sus paneles auditivos para captar cualquier mínimo atisbo de chismorreo. Suelen escuchar una música tribal llamada "Radiolé" y aprovechar estas horas del día para hacer vida social en la escalera o puerta de la casa con otras de su especie.
-Mercado: Atuendo idéntico al de casa, pero sin chichos y cambiando el trapo por un carrito de la compra lleno de verduras y ofertas en su capa superior y dulces "malísimos pa su colesterol" -pero que "son pa los chiquillos" ocultos en la inferior. Su frase: "Uh, qué caro está todo".
-Bares/iglesias/visitas: Se transforman cambiando la mascarilla verde de dormir por una capa de maquillaje que las protegería incluso de un ataque nuclear. El negro combinado con dorado y brillantitos es su homenaje personal al gusto en el vestir. Suelen llevar zapatos que no combinan con absolutamente nada. Siempre llevan carrera cosida en las medias y se pintan los dientes delanteros con el pintalabios por la falta de costumbre. Llevan una sustancia pestilente detectable a 5km a la redonda y persistente durante días que ellas llaman "perfume".
Comportamiento
Odian a sus nueras, vecinas que tienen más que ellas, hijos/as de familiares que han tenido más éxito, son envidiosas, falsas, criticonas, chismosas y sobre todo dadas a la lágrima fácil por fuera y a la risotada por dentro. Desconocen las más evidentes normas de cortesía y es imposible intentar ver un programa de televisión o película con una suegra al lado. Son incapaces de dejar de hablar más de 3 segundos seguidos. Para ellas siempre tienes pinta de enfermo si estás delgado y estás "hermoso" si estás con un sobrepeso alarmante. Si quieres echar una risas con su alta capacidad para escandalizarse de todo lo que huela a moderno, llévala al IKEA. Gusta de estropear las camisetas heavy favoritas de sus hijos para convertirlas en trapos de limpiar, tirar todas las revistas interesantes, comics, libros y tomar apuntes ("a yamao la Carmen, el havuelosta en el ospital de la luz número habitacion 112") en papeles importantes (cartas del banco, resguardos, etc) de forma que luego sea vergonzante, cuando no imposible, mostrarlos a su debido momento. Sus regalos se limitan a bragas, camisetas imperio interiores y calzoncillos, lotes de calcetines o un horrible jarrón o plato "ornamental" (recordemos que su idea de decoración se limita a tapetitos de esos de encaje raro encima de todo aparato electrónico que haya en el salón -hasta la Playstation-, muñequitas de porcelana del "Todo a cien", una muñeca horrible vestida de gitana encima de la tele -he llegado a ver una PEGADA a una tele de plasma regalo del hijo con pasta- y cortinas palaciegas de 45 kg. de peso del material más denso y pesado que haya dentro del mundo textil).
Datos de interes: Cómo neutralizarlas.
Como suelen venir en el lote si te enamoras de alguien que la tenga por madre, lo mejor es tenerla bien lejos y aprovechar cualquier visita a su casa para borrar de la memoria de su "Domo" -lo más moderno que tienen tras la minipimer- el número de teléfono de tu casa y cambiarlo por "el Teléfono de la Esperanza". Si lo que quieres es librarte pronto de ella y que acabe en un asilo, más te vale tener una casa pequeña o la tendrás allí metida... si puedes optar por la clínica mental o asilo, mantén todo el año tu casa decorada como si fuese Halloween, dile que odias a los niños y nunca tendrás hijos, dile que eres ovolactovegetariano y ateo recalcitrante. Cámbiale sus medicamentos contra el colesterol por rulas y sus pastillas para la menopausia por caramelos para la tos. Si sigues estas pautas, tendrás muy pronto una Suegronis Difuntus... Abstenerse de hacer estas cosas si eres del excelso grupo de los que tienen una Suegronis Pacíficus o una Suegronis Simpáticus.
Espero que esta lección de la vida os haya sido de ayuda... Luchad, amigos y amigas, porque algún día... si, algún día, tendréis a uno de estos entes detrás de vosotros/as, y entonces os acordaréis de mí... ¡Resistid, hermanos y hermanas!
Nulla è reale, tutto è lecito.
