Montañas de Xián

En la Guerra. Victoria. En la Paz, Vigilancia. En la Muerte, Sacrificio.


Capítulo I.


La niebla cubría todo el lugar, desde el lago hasta lo más alto de la torre. Y allí era donde estaba él. Le había dado las instrucciones necesarias para encontrarse ahí, y todavía faltaba una hora para que fuera el momento acordado. Se sentó en una silla, pensando en si había hecho bien. Aquella espada era demasiado peligrosa como para que la empuñara un simple humano. No, aquella espada debía quedarse donde estaba.

Notó una vibración a su alrededor, y la niebla se apartó un poco dejando ver al visitante. Una sonrisa asomó en su rostro al ver una espada colgando en el cinto del recién llegado. Una espada igual que la suya pero con un color distinto.

-¿Llego tarde?
-En absoluto. -Dijo él mientras se levantaba de la silla. -He sido yo quien ha llegado mucho antes de tiempo.
-Yo pensé que tenía como una hora de adelanto, y al verte pensé en lo mal que calculo el tiempo.

Ambos rieron. El primer contacto fue bueno, se dijo el primero, mientras que el segundo seguía pensando en como conseguir su objetivo sin ofender a su anfitrión.

-¿Te costó mucho llegar hasta aquí? -Preguntó el primero mirándole con tranquilidad.
-No mucho, la verdad. -El segundo sacó de uno de sus bolsillos un pergamino. -Las indicaciones fueron bastante concretas, así que no hubo problema.

El primero asintió y puso una cara seria. Ambos sabían qué venía ahora.

-Veo que no la has traído. -Dijo el segundo con calma.
-Así es... -El primero le miró serio. -Has de saber que esa espada es muy...
-¿Peligrosa? -El segundo se apartó un mechón de cabello distraídamente. -Precisamente porque es peligrosa la estoy buscando.
-¿Sabes los poderes adversos que tiene?
-¿Transformación y pérdida de la razón?
-Sabes mucho.
-Llevo años buscándola, y antes de eso ya la había estudiado un poco. -Cruzándose de brazos, el segundo fue el que miró seriamente al primero. -No me subestimes por ser más joven que tú.
-Eres demasiado joven... -Negando con la cabeza, el primero le miró con altanería. -¿Qué tienes, veinte años? Eso es muy poco para alcanzar las precauciones que hay que tomar con esa espada.
-Yo no tengo veinte años, aunque los aparente. -Dijo el segundo, cerrando los ojos. -Al igual que tú, no soy precisamente... humano.

Un destello, y ambas espadas habían sido desenfundadas. Los ojos del primero, rojos como la sangre y con una pupila negra como la noche, miraban fieros a los del segundo, azules como el cielo y con la pupila estirada.

-¿Eres un vampiro, Dragmare?
-Así es. Y tú parece que tienes cierto olor a dragón, Lirans.
-No lo dirás por mis ojos. ¿Verdad?

Ambos se apartaron riendo.

-Ha sido un bonito ataque. -Dijo Dragmare. -No esperaba que desenfundaras tan bien por tu lado izquierdo.
-Yo no me esperaba que detuvieras el ataque por un lado que podría ser fácilmente desechable. -Lirans sonrió. -Parece que aún soy demasiado inexperto.
-No creo que sea eso. Simplemente fue por instinto, rubito. -Poniendo el rostro serio de nuevo, Dragmare continuó. -Y no, no te voy a dar la espada de Balthar.
-Necesito esa espada, Dragmare. -El rostro de Lirans se contrajo en una mueca de furia contenida. -He de analizar al menos los hechizos que tiene.
-Esa espada no transforma a la gente, la destruye. -Contó el vampiro. -Y no se qué buscas, pero Balthar no te dará la respuesta.

Dos movimientos, dos chispazos y esta vez estaban en los lados contrarios.

-Cada vez que un objeto mágico afecta a alguien, se queda una porción del poder del afectado. -Explicó Lirans.
-Eso ya lo se. Es magia básica. -Una llama bastante poderosa apareció en la mano libre de Dragmare.
-Si, pero con un hechizo no tan básico se puede encontrar a la persona afectada esté donde esté. -Lirans hizo un movimiento rápido y colocó la espada en posición inversa.
-Oh, el hechizo de la Llamada Mística. ¿Eh? Pero ese es un hechizo bastante complicado, necesitarías a alguien muy cercano al afectado. Además... -Las llamas de la mano de Dragmare se volvían más intensas. -Tampoco sabes si fue Balthar la que atacó a quien buscas. ¿No es así?
-Balthar llegó un buen día por culpa de un ladrón demasiado excepcional. -Dos movimientos de la mano de Lirans y en la mano de su espada apareció un destello que parecía apartar la propia niebla. -Mi maestro abatió al ladrón y mandó una misiva a tu reino, y dejó la espada en su despacho. Mi hermana y yo estábamos ahí.
-¡Fuego Eterno!
-¡Luz de Plata!

Las llamas salieron disparadas desde la mano de Dragmare, mientras que un fuerte destello envolvió la espada de Lirans. Las llamas se volvieron blancas en cuanto tocaron la espada clavada en el suelo de madera, desvaneciéndose como si fueran de humo. Un salto, y la espada negra del vampiro pasó rozando la cabeza del rubio. Desencajando la espada, este saltó hacia atrás y atacó con varios cortes, detenidos todos por la espada de Dragmare.

Un nuevo salto los apartó unos pasos.

-Entonces, tu hermana acabó maldita por Balthar. -Concluyó la frase de Lirans sin tener en cuenta los golpes que se habían propinado.
-En cuanto se cortó al tocar el filo, perdió la razón y... Se trasformó.
-¿Todos los dragones podéis trasformaros en humanos?
-No todos podemos. No se muy bien como va esto de cambiar de forma, pero para mí es algo tan natural como el beber sangre para ti. -Lirans sonrió sin burla. -Espero no haberte molestado con la comparación.
-Para nada. -Dragmare, riendo, se había incorporado un poco más. -Pero... ¿Qué raza sois tú y tu hermana? En nuestro reino también hay dragones, y os pueden echar una mano.
-Somos Angelicus Drakos... Dragones angelicales.
-Que nombre más marica para unos dragones. -Riendo, Dragmare se rascó la cabeza. -¿No tenían otro nombre?
-Realmente, nos llaman Dragone de alas de Ángel. -Tosiendo un poco, Lirans siguió hablando. -Mi hermana... entró en un estado de locura que propició a su trasformación. Y puede que no pueda sacarla de ahí sin un hechizo.
-Por eso quieres encontrar la espada... -el vampiro negó con la cabeza. -Lo siento, pero no te la voy a dar. Pero puedes preguntar a los dragones de las montañas de mi reino. Últimamente se ha visto una pequeña manada de dragones blancos siendo liderados por uno de los tuyos.

Un ataque vertical, un salto y un relámpago que estalló contra el lago a lo lejos, gracias a que había salido por la ventana.

-Eres fuerte, Lirans. -Dijo con una sonrisa el vampiro. -Pero no puedes tener esa espada.
-Si encuentro a mi hermana, no la necesitaré más. -El brazo de Lirans chisporroteaba por el rayo lanzado.
-Entonces... ¿Qué te parece si te hago una propuesta? Ven a mi reino por tus propios medios, habla con los dragones de las montañas y tendrás todo mi apoyo. Incluso puede que te deje la espada para analizarla, pero claro, sin salir del castillo. -Dragmare apuntó con la mano libre a Lirans, y esta se iluminó. -¡Espada de Luz!

Un haz de luz potente salió disparado hacia el rubio, el cual tenía ambas manos juntas.

-¡Filo del Tiempo! -Y al abrir ambos brazos, el haz de luz de Dragmare se partió por la mitad, sin dañar a Lirans. Cuando ya no había magia, volvió a hablar. -¿Y como llego hasta Nod, Dragmare?
-Ese es tu problema, Lirans. -Un choque de ambas espadas iluminó la estancia aún más. -Solo te diré que si sigues el olor de los dragones negros llegarás hasta allí.

Un salto hacia atrás y Dragmare se posó en la repisa de la ventana. Lirans le miró serio.

-Tómate tu tiempo. -Dijo el vampiro. -Si aparece la manada de dragones blancos los retendré con algún hechizo.
-¿Hay buenos hechiceros en Nod?
-No hay tantos como en la Torre Negra pero nos defendemos. -Guardando su espada, Dragmare se giró en la repisa. -Nos veremos en Nod. Ha sido un placer conocerte, Orpheus Lirans.
-Lo mismo digo, Shadow Dragmare.

El dragón vio como el vampiro saltaba por la ventana hacia el vacío mientras que él mismo se preparaba, murmurando un hechizo, para ir a la esfera mortal. Si tenía que seguir el olor de los dragones negros, debía encontrar antes a un dragón negro, y en el Reino Terrenal todavía quedaba alguno.

Capítulo II

El portal se había abierto en un lugar la mar de apropiado. El puente que atravesaba un río daba mucha sombra, y un lugar perfecto para evitar ser visto. Lirans salió con cautela, mirando a ambos lados del río. No había ni un alma, pero eso no significaba ir sin cuidado.

Atravesó completamente el portal y lo cerró con unas pocas palabras. Lo primero que debía hacer era asegurarse de que estaba cerca de su objetivo, así que salió de su escondite y cerró un poco los ojos al darle la luz en la cara. Por lo que veía, el lugar estaba algo apartado de la civilización humana. A lo lejos se podía ver un pequeño pueblo rodeado de una llanura de hierba y campos de arroz, con gente trabajando en ella con sombreros de paja en la cabeza.

-Parece que he llegado al país indicado, pero no al lugar correcto... -Lirans subió la pequeña cuesta que separaba la meseta del río y observó como un par de personas pasaban por el puente. -Este lugar me recuerda tanto a mi hogar...

Lirans se giró y pronunció unas palabras en voz baja. Cuando las hubo dicho, se acercó a las dos mujeres que iban en dirección al pueblo.

-Disculpen, señoras. ¿En qué provincia me encuentro? Ando algo perdido.

Las dos mujeres le miraron extrañadas. La más joven empezó a hablar.

-Estás en la provincia de Hunan... -Inclinando un poco la cabeza, prosiguió. -No pareces chino, pero dominas bien nuestra lengua.
-Salí más físicamente a mi padre que a mi madre, pero mi madre era china. -Sonriendo, Lirans desvió su atención con la siguiente pregunta. -Entonces estoy en Hunan... ¿Queda muy lejos Hengshan?
-Para nada. Sigue el camino y llegarás hasta los picos de Hengshan. Ten cuidado con el bosque, podrías perderte.
-Muchas gracias. -Con una inclinación, Lirans empezó a cruzar el puente.

El camino se hizo largo hasta llegar al linde del bosque. En aquellos tiempos en el Reino Mortal era extraño encontrar lugares que despidieran aunque solo fuera una gota de magia, pero aquel lugar era distinto. No era igual que los bosques de la Esfera Mágica, puesto que allí se respiraba magia por todas partes, pero ese lugar era algo así como un pulmón mágico del Reino Mortal.

Sabía perfectamente que cuando entrara en los límites, el Señor del Bosque sabría que había cruzado el umbral. Debía ir con pies de plomo.

Un paso, y notó la corriente mágica de su objetivo. Estaba algo lejos, así que debería correr. Saltó hacia adelante, adentrándose más en esa fuerza. Corriendo a través de los gruesos árboles y los tallos de bambú veía como algunos animales paseaban tranquilamente, y algunos espíritus del bosque cuidaban de las plantas. Nadie notaba la presencia de Lirans.

Saltó a las ramas de un árbol, e impulsándose en esta subió hasta la copa. Allí ya no había peligro de que nadie le viera, pues había hecho un largo recorrido en poco tiempo.

-En este mundo hay mucha más tecnología que magia... Pero no han inventado aún el aparato que sirva para ver algo invisible. -En su espalda aparecieron dos bultos, y de un rápido movimiento el rubio hizo salir dos hermosas alas de ángel en su espalda. Luego, su cuerpo se iluminó tenuemente. -Cristalino...

Cualquiera que hubiera visto a Lirans en ese momento hubiera creído realmente que había visto a un ángel, pues cuando dijo esas palabras y saltó, pareció desvanecerse en el aire como el humo, dejando detrás una pequeña estela de sí mismo.

El único que podía saber que Lirans pasaba por ahí era el propio viento que le golpeaba en la cara. Tanto tiempo sin extender sus alas le habían provocado grandes malestares, pues desde los últimos cinco años había estado viviendo en aquel Reino Mortal buscándola a ella y algún indicio del propietario de la espada. Sin embargo, cuando llegó por primera vez, se resistió a dejar esa esfera antes de agotar todas las posibilidades en aquel lugar.

Y un día encontró aquellas personas que buscaban a los Sabios. El Sheikah y su tribu le ayudaron mucho en algunas ocasiones, y gracias a ellos Dragmare había entrado en el círculo. Por fin un momento para encontrar la espada, pero... ¿Y si no conseguía la esencia de su hermana?

Sacudió la cabeza, alejando esos pensamientos. Dragmare podría ser un vampiro, pero se le notaba que era de los que no mentían en un duelo. Tan solo esperaba que cumpliera su promesa si llegaba a Nod.

A lo lejos se veía un enorme claro en el bosque, del cual emanaba la fuente de toda la magia del lugar. Descendió un poco hasta ver el enorme lago que cubría casi toda la extensión del claro. En el justo medio había una pequeña isla con árboles de la cual surgían pequeños espíritus. Lirans tocó suelo sin desprenderse de sus alas, mirando con una sonrisa el azul pálido del lago. Se acercó a él y se agachó, metiendo las manos en la cristalina agua para beber un poco de ella. Y ahí abajo encontró algo inesperado.

Metió la mano de nuevo, mojándose el puño de la camisa, y desenterrando del todo una pequeña joya de color lapislázuli. La sacó del agua y sonrió para sí.

-Una Lágrima de Sirena...

Con aquella joya podría devolverle la razón hasta al más desquiciado de los locos. Pero algo hizo que perdiera su sonrisa. Si una joya así estaba en el lago medio enterrada, eso significaba que había llegado definitivamente a su destino.

Se guardó la joya en el bolsillo y se levantó. Miró al lago en busca de algo, una onda, un goteo, cualquier cosa. Pero no encontró nada.

-¡Se que estáis aquí, Señor del Bosque! -El rubio dio dos pasos atrás. -¡Soy del Reino de la Magia, vengo para pediros un favor! ¡Salid, por favor!

Unas ondas en el lago le hicieron mirar hacia hacia la isla central, donde vio como se metía una escamosa cola negra. Una cabeza con cuernos y escamas le miró desde el agua cual cocodrilo. Sus ojos rojos le miraban con desprecio.

-¿Qué quieres, angelical? -La atronadora voz del guardián se escuchaba por todas partes. Parecía incluso que los animales les habían dejado a solas. -Este bosque no es para ti. Márchate.
-Me marcharé sin premura en cuanto tenga lo que he venido a buscar, Señor del...
-Señora.
-... Señora del Bosque.
-¿Y qué has venido a buscar, niño?
-El rastro de un dragón negro.

Un gruñido salió del interior del lago.

-¿Rastro de dragón negro? ¿Me estás pidiendo una gota de mi sangre?
-Señora, necesito llegar hasta Nod sin dilación alguna. -Lirans recibió la mirada de la guardiana con entereza. -Y para eso necesito el rastro de los dragones de sus montañas, los cuales son negros.
-¿Nunca habías enfrentado a otro dragón negro, muchacho?
-He visto dragones negros en mi vida, si, pero nunca he tenido la necesidad de seguir su rastro.
-Y, a parte de un poco de mi sangre, también te llevas una de mis joyas.
-Os la devolveré.
-¡No me sirve!

Lirans sacó su espada y saltó hacia arriba en el momento en que la dragona soltó una llamarada desde sus orificios nasales, prendiendo así unos árboles. De nuevo en el suelo, el rubio miró enfadado a la dragona.

-¡No seáis tan testaruda! ¡Por una gota de sangre y una joya no os vais a morir!
-¡Esa joya es mía! ¡Y punto!
-¡Si seguimos así no solo esta parcela, si no el resto del bosque arderá por completo!
-¡Me da igual!

La dragona se alzó por encima del lago. Se suele decir que los dragones orientales tienen forma serpentina, y este ejemplar era igual. Cuerpo alargado lleno de escamas cual serpiente y la cabeza con la forma de dragón, con varias cornamentas y afilados dientes. Sus escamas eran de un negro carbón.

-¡Si solamente me escucharais entenderíais el porqué de...!
-¡No voy a escuchar a un pequeño ladrón! -La guardiana, presa de los nervios, inhaló aire.
-¡Maldita sea!

Lirans saltó justo en el momento en que el cielo se iluminaba con fuego. El rubio decidió que, si había que hacerse a las malas, se haría a las malas.

La dragona volvió a mirar hacia él en pleno salto, pero con un rápido movimiento Lirans había recuperado el equilibrio en el aire y agitaba sus alas. La mano izquierda se iluminó con un pequeño destello oscuro. La guardiana volvió a exhalar otra llamarada, con algo menos de fuerza que la anterior, pero Lirans rodeó el cono de fuego a la vez que aparecía una larga cadena negra en su mano iluminada.

-¡No me dejáis otra opción! -La cadena salió disparada rodeando el hocico de la dragona. -¡Ahora que no podéis echar vuestro fuego me vais a escuchar!

Sin embargo, de un rápido movimiento, la dragona zarandeó al muchacho y le estampó contra un árbol de la isla central. El tronco aguantó el envite de Lirans, pero este tuvo que soltar la mordaza hecha con sus cadenas, las cuales desaparecieron. La dragona se colocó delante de él por el agua, inhalando aire, mientras que el rubio empezaba a recitar hechizos. Su espada se iluminó con un resplandor plateado mientras que en su mano aparecía un haz de luz.

-¡Muere!
-¡Luz de Plata!

La gran llamarada salió a la vez que Lirans volaba hacia las fauces de la dragona. Un rápido movimiento y puso la espada como si fuera a estocar las llamas. Estas se volvieron blancas y desaparecieron ante el hechizo de la espada, y con el constante aleteo iba apartando el humo.

Todo ocurrió en un momento. Las llamas terminaron de salir, un fuerte aleteo y el hechizo que atravesó el cuello de la guardiana, a la vez que el dragón de alas de ángel asentaba los pies en la orilla del lago. Hincando una rodilla en el agua y la espada en la tierra escuchó como la dragona caía pesadamente en el agua, salpicándolo completamente.

-Diablos... estoy empapado... -Se giró sentándose en el lago, con el agua cubriéndole hasta la cintura. -Ahora... ¿Atendrá a razones, mi señora?
-¿Qué me has hecho, muchacho?
-Un hechizo de drenaje... Era lo único que podía hacer para que me escuchara. -Tosiendo un poco por el humo, miró a la dragona, que se empezaba a alzar de nuevo. -Solo quiero que me escuche, después romperé el hechizo.
-Pues date prisa, tengo que apagar este incendio antes de que los humanos vengan.

Lirans se levantó y miró a la dragona con seriedad.

-Necesito devolverle la razón a mi hermana, y con la lágrima de la sirena puedo conseguirlo.
-¿Y para qué quieres mi sangre?
-Nod tiene dragones negros, y he de llegar desde aquí. No conozco la ruta por la esfera mágica.
-Pues ya tienes suficiente, creo yo... -La dragona se sumergió en el agua, metiendo el hocico herido.

El agua alrededor de la dragona se tiñó con un poco de sangre que salía de la herida hecha por la cadena de Lirans. Este se miró la mano donde tenía rastros de sangre.

-Muchas gracias... siento haberla herido. -Levantándose, Lirans hizo un movimiento con la mano ensangrentada y un pequeño destello salió del agua.

Mientras la dragona conjuraba su hechizo, Lirans pasó su lengua por la sangre de la guardiana. El rastro que necesitaba ya estaba en su sistema.

Cuando las llamas desaparecieron, una oleada de calor salió del lago, inundando los árboles quemados. Poco a poco fueron recomponiéndose poco a poco.

-Un hechizo impresionante, Señora... -Lirans se levantó e hizo una reverencia a la dragona. -Le devolveré la joya en cuanto vuelva a esta esfera.
-Tómate tu tiempo. -La dragona volvió a entrar al agua al terminar su magia. El bosque estaba intacto de nuevo. -Pero cuando vengas, tráeme algo de carne del otro lado. Echo de menos la carne de jabalí.

Una sonrisa, un salto y las alas de Lirans aletearon con fuerza en dirección al aire.

Al salir del claro y mantenerse en el aire, el dragón olisqueó al viento. Si. Notaba ese nuevo olor. El olor de los dragones negros. Estaba lejos, pero la entrada estaba abierta. Se impulsó en dirección hacia la tierra de los vampiros, el reino de Nod.


Capítulo III

Volar se había echo imposible.

El lugar donde se encontraba era demasiado para él. La aldea de nómadas le había ayudado lo suficiente como para llegar a mitad del camino, pero cuando les dijo hacia donde se dirigía, uno de los hombres le advirtió.

-Muchacho, ese camino es peligroso. Abundan las tormentas y además, es un lugar maldito.
-¿Maldito? ¿Puede explicarme eso?
-Cada ciertas lunas, las tribus nómadas mandamos un guerrero al desierto para que aplaque la ira de las tormentas. Es un grandioso honor, pero ese guerrero nunca regresa, al igual que todo aquel que se pierde en aquella zona.

Lirans pensó con rapidez. Eso solo podía significar que había un portal bastante grande en el desierto, algo que no había calculado.

Siguiendo el rastro de los dragones negros, encontró dos portales en su viaje. El primero estaba cerca de las propias montañas donde había encontrado a la Señora del Bosque, pero por desgracia el portal era demasiado pequeño como para entrar en él, así que tuvo que seguir el segundo rastro hasta las tierras desérticas del sur.

Con tanto calor, volar era demasiado difícil, así que decidió caminar. Tuvo la suerte de encontrar a los nómadas, los cuales le proporcionaron alojamiento.

-¿Este año también hay que mandar algún guerrero?
-Así es. ¿Cómo lo sabes? -El hombre moreno le miró extrañado.
-Lo intuí... Igualmente, debo ir en esa dirección, aunque sea solo.

Una bufanda para las tormentas, una bota con agua y algunos trozos de carne seca fueron los únicos objetos que necesitaba, y los que le dieron antes de marchar.

Poco a poco, el calor empezaba a mermarle las energías. Podía usar algún hechizo de hielo, pero no quería malgastar las fuerzas que le quedaban. Dos horas desde que había dejado el campamento y lo único que había visto había sido arena.

A la tercera hora vio a lo lejos una pequeña construcción. Parecía haber sido tallada en la piedra y puesta allí, pero ahora mismo eso no le importaba en gran medida. Una construcción significaba una cosa en el desierto: Sombra.

Cansado, se sentó en aquella alta columna. Durante siglos en la esfera mortal se ha hablado sobre civilizaciones perdidas, sus ruinas y demás artefactos desconocidos, como por ejemplo las propias pirámides. Pero aunque muchos, en esos tiempos, pensaban que eran creados por alienígenas, otros eran más realistas, como él, y sabían que miembros de la esfera mágica habían sido sus precursores.

A la sombra de la columna, Lirans tomó algo de agua y dio un par de mordiscos a la carne que le supieron a gloria en aquel paraje. No estaba muy lejos de su destino, pero lo suficiente como para pensar en que sería un problema que anocheciera.

Sin embargo sus pensamientos fueron atorados por una ráfaga de aire. Parecía que iba a empezar una tormenta, así que se colocó bien la bufanda tapándole la mayor parte de la cara y se levantó. Aquella tormenta tenía cierto olor mágico.

Comenzó a caminar de nuevo en dirección al portal, pero la ventisca levantaba cada vez más arena. Con un brazo tapándose los ojos y cerrándolos un poco podía seguir caminando, pero incluso así el viento le empujaba poco a poco.

Haciendo un esfuerzo vio a lo lejos una pequeña construcción con una puerta. Estaba salvado, podía resguardarse allí de la tormenta y recuperar energías. Sin embargo, algo raro salía de ella. El mismo olor a magia que salía de la tormenta.

Al llegar a la entrada notó como si le quitaran un gran peso de encima al caer toda la arena que llevaba. Tenía arena en lugares que ni siquiera sabía que tenía, así que un buen descanso no le haría mal. Miró al interior de la construcción. Parecía haber sido creada en la esfera mágica, así que podría encontrar algo de valor.

No se enorgullecía mucho, pero le encantaba recuperar reliquias del pasado.

La disposición de los espejos estaba puesta de tal manera que cualquier tipo de luz que entrara por las ventanas iluminara el lugar, y aunque hubiera una tormenta de arena seguía entrando luz. La construcción era de una única sala, con varias estatuas y ventanas, más los espejos. En el centro del todo había un altar vacío, y varias de las estatuas estaban rotas o incompletas.

Se fijó en una que parecía ser una mujer con largas plumas en los brazos. Le recordó a alguna de las tribus aladas del Mundo Mágico, pero lo que más le llamó la atención era una flauta de color negro que tenía en las manos. Se acercó a ella y palpó con cuidado el instrumento, no fuera a ser que hubiera alguna trampa. Pero nada se activó, así que agarró la flauta y tiró, saliendo esta con suavidad.

Era una flauta alargada y fina, hecha de algún metal negruzco. Dándole la vuelta, encontró unas pequeñas notas inscritas en ella. Se encogió de hombros. ¿Por qué no?

Se puso la boquilla en los labios y empezó a tocar la partitura de la flauta. Era una melodía suave pero firme que empezó a envolver toda la estancia. Al terminar, el altar soltó un pequeño estallido, y rápidamente Lirans sacó su espada.

La piedra que había hecho las veces de altar se había partido, y en su interior había un alargado cofre lleno de polvo. El guerrero guardó la flauta en su bolsa y avanzó con cautela. Apartó algunos escombros con la mano libre y quitó el polvo de la tapa del cofre. Incrustado en ella había un círculo de piedra de un color oscuro, parecido al de la tierra del desierto por la noche. Clavó la espada en el suelo y con ambas manos lo sacó de ahí, al momento en que se escuchaba un "clac" bastante significativo. Parecía un medallón, pues con la placa de piedra también había salido una cadena de plata muy antigua.

Con una mano sujetando la medalla, usó la otra para levantar la tapa, ahora abierta. En su interior había una extraña espada, aunque más que espada debería llamarse espadón. Mediría como metro y medio de largo, y su hoja estaba formada por dos filos que se entrelazaban entre sí. A su lado había una vaina para guardarla, y en la empuñadura había marcas con escrituras antiguas. Lirans abrió del todo el cofre y guardó el medallón entre sus ropas, y agarró la gran espada.

-Es... la espada del Vínculo Demoníaco... -Agarrándola con ambas manos, dio dos movimientos en el aire. Parecía despedir una portentosa magia con cada abanico que hacía. -Nunca pensé que había acabado en esta esfera.

Después de dar un par más de golpes, agarró la vaina de la espada y guardó esta en ella. Dos movimientos con su mano y una palabra hicieron que la espada se iluminara y acabara convertida en un anillo. Se lo colocó y sonrió para sí. Cazar reliquias siempre le había gustado.

Agarró su propia espada clavada en el suelo y la guardó de nuevo, y se acercó un poco a la entada del lugar. Parecía que empezaba a amainar la tormenta, así que podría avanzar un poco más. Bebió un sorbo más de la bota de agua y salió de nuevo.

Esta vez la arena no golpeaba en su rostro tan fuerte como una hora atrás, y el sol parecía que empezaba a bajar del firmamento. En el trascurso de media hora, sin embargo, se puso tenso. Alguien le espiaba.

Notó su presencia detrás de él. Se giró alzando las manos y gritando.

-¡Despierta, espada!

En sus manos se materializó la espada que segundos antes era un anillo, y de un fuerte golpe atravesó al enemigo... que había resultado ser un tocón de madera. Detrás de él había una persona vestida de negro, pero eso no le detuvo. Enarboló la espada dos veces, haciendo que esta persona tuviera que esquivarlas con volteretas rápidas. A la tercera, el desconocido detuvo la enorme espada con la suya propia.

-¡Detente! ¡No soy tu enemigo!
-¡No creas que soy idiota! ¡Nadie sigue en silencio a un amigo!
-¡Lirans, soy yo, Saoru!

El guerrero abrió un poco los ojos y se apartó. Le miró bien. Si, era él. Concentrándose lo suficiente podía notar los hechizos de su arcana tribu.

-¡Joder, Saoru, casi te parto en dos! ¡No vuelvas a hacer eso!
-Perdona, pero es que llevo bastante tiempo perdido aquí. ¿Sabes que también está Maho extraviado por este desierto?

Maho y Saoru, dos de las personas que estaban intentando descubrir donde estaban los antiguos sabios de un reino olvidado. Recordaba el día en que Saoru llegó a ellos.

Para poder vivir sin perderse en la esfera mortal, Lirans contactó con un grupo de magos que vivía allí. Eran entre cinco y siete, pero entre ellos había un buen ambiente. Sin embargo, un día llegó Saoru hasta ellos para pedirles ayuda. Su clan, unos antiguos y poderosos ninjas, habían estado buscando durante siglos a los descendientes de los soberanos de su reino, pero en aquella época parecía que su enemigo más mortífero, el némesis de aquel lugar olvidado, había reaparecido, y por lo tanto debían encontrarlos antes que él (O ella). Maho era uno de los miembros del grupo donde estuvo Lirans, un experto en hechizos herbáceos y de tierra.

-Debe estar pasándolo bastante mal dominando él las plantas. -Dijo Lirans pensando en su compañero. -¿Cuánto hace que estás aquí?
-Alrededor de un día y medio.
-Eso es mucho. ¿Te queda comida?
-Si, por eso no te preocupes. ¿Qué haces aquí, Lirans?
-Busco... busco un portal mágico.
-¿Un portal? -Extrañado, Saoru se agachó ante una fuerte ráfaga de viento. -Pero si tú tienes el poder de abrirlos. ¿Para qué quieres uno?
-Debo llegar... Espera, vamos a refugiarnos en aquel lugar.

Con el viento en contra, ambos entraron de nuevo en la construcción. Se quitaron la arena y se sentaron, compartiendo el agua.

-En este desierto hay un portal. -Lirans empezó a hablar. -Un portal que lleva hasta un antiguo reino.
-¿Qué reino es ese?
-... El reino de Nod.

No lo demostró gracias a su entrenamiento, pero si en su voz.

-Ese sitio es muy peligroso.
-Lo se. ¿Conoces a Dragmare? Él es de ahí.
-¿Dragmare es un vampiro?

Lirans asintió ante la voz sorprendida de Saoru. Este solo se rascó la cabeza.

-No te diré que tengas cuidado, porque lo tendrás, pero mantén los ojos abiertos.
-Eso es decir que tenga cuidado con otras palabras.

Ambos rieron ante el comentario. Mientras seguía la tormenta, Lirans le habló del lugar donde estaban, de la flauta y de la espada del Vínculo Demoníaco.

-Es extraño que el medallón estuviera aquí... -Dijo Saoru mirándolo detalladamente. -Este es el medallón de uno de nuestros sabios. Si sigo sus indicaciones, podré encontrarlo.
-Me alegra que te sea de utilidad. -El rubio se colocó de nuevo el anillo que formaba el espadón, y miró al ninja. -Ahora no tienes más porqué estar aquí. Será mejor que vayas con Yomitsu.

Ambos se levantaron. La tormenta seguía arreciando con fuerza.

-Una cosa más. -El de negro sacó una flauta parecida a la que Lirans había cogido antes pero de color rojo. -Esto lo encontré en el desierto. Estaba semi-enterrada, pero no había ninguna estatua ni fortificación cerca.
-Creo que... -Lirans agarró la flauta y le pasó los dedos. Despedía mucha magia. -Si, esta es el instrumento que controla los vientos de este lugar. Si la tocas con una tonada tranquila lo más seguro es que se calme la tormenta.
-¿Estás seguro de eso?
-La verdad es que no, pero no pierdes nada por intentarlo. -el ninja rió un poco, y el rubio le extendió la mano. -No se si volveremos a vernos, pero mucha suerte, Saoru.
-Mantendremos el contacto. -Dijo el segundo estrechándole la mano.

Ambos salieron de la caseta y se separaron sin siquiera decirse adiós. No valía la pena, sabían que se encontrarían de nuevo.

El rubio luchó de nuevo contra los vientos. Contra más se alejaba de la construcción y del ninja más fuerte se volvían los vientos, pero algo era distinto. Cada vez se notaban más fuertes los rastros de los dragones negros. Estaba cerca de su destino.

Y, de repente, los vientos cesaron, el aire se calmó y el sol había desaparecido. Lirans miró primero hacia el sur, donde había unas grandes montañas desde donde notaba el fuerte rastro de su objetivo, y luego, hacia arriba, al cielo estrellado. Vio las dos lunas y sonrió.

Había llegado a la esfera mágica.


Capítulo IV

Al fin y al cabo, aquella bufanda le serviría en gran medida.

Lirans permanecía sentado en uno de los escalones de piedra de aquella montaña. El paso por el que habían ido les resultaría ventajoso para ambos.

Si, ambos. Aquella muchacha le estaba dando algunos problemas, pero... ¿Por qué no ayudarla?

-¡Lirans!

La joven de cabellos negros se le acercó bajando los escalones de piedra. Se la notaba tensa, aunque menos que cuando se conocieron.

-¿Qué ocurre, Vanessa?
-¿Cuanto más habremos de subir? Me inquieta este sitio.
-Ya lo se, pero todavía estamos cerca del desierto. -Lirans señaló al cielo, cubierto de nubes de tormenta. -Además, yo preferiría llegar a un lugar donde guarecerme de la lluvia.

La mujer se giró con brusquedad y subió los peldaños con furia. El chico solo sonrió viendo como ella se quitaba la cazadora de camuflaje.

-Esa tormenta no vendrá hasta aquí. Como tu dijiste, estamos demasiado cerca de un desierto. -Vanessa se giró a ver como Lirans se levantaba y la seguía. -Pasará de largo y lloverá en la cima como mucho.
-Como se nota que no eres de aquí...
-Todavía me resisto a pensar que esto es otro mundo.

Otro mundo. Esas fueron las palabras que repitió varias veces ella al despertar.

Cuando Lirans llegó al desierto de las tierras de Nod, lo primero que pensó fue en ir volando hacia las montañas y hablar con los dragones negros. Dragmare ya le había contado lo que sabía y no quería tener que molestar a la gente, así que prefirió ir a ver a sus hermanos de las montañas. Cuando fue a extender las alas, a lo lejos vio una figura humana cayendo al suelo. Corrió hacia ella y descubrió a una muchacha con ropa de camuflaje y la bandera de uno de los países de la esfera mortal. Parecía sin sentido, y deshidratada. Sacó su bota de agua y le echó unas gotas en los labios. Al ver que reaccionaba le dio de beber el agua que tenía. Ella abrió los ojos al terminar de beber.

-¿Estás bien? -Preguntó Lirans con ella aun en brazos.

Ella habló, pero Lirans se dio cuenta de que hablaban distinta lenguas. Una palabra y Lirans volvió a hablarle.

-¿Me entiendes ahora?
-Si...
-¿Estás mejor?
-Si... ahora ya estoy... mejor... -La chica se incorporó un poco, sentándose en el suelo. -¿Quién eres...?
-Puedes llamarme Lirans. ¿Y tú?
-Yo... Soy Vanessa.
-¿Solo Vanessa?
-¿Solo Lirans?

El chico sonrió por la ocurrencia.

-Bien, solo Vanessa. ¿Qué hacías perdida en este desierto?
-No... no lo se.
-¿De donde eres?
-Estados Unidos de América.

Lirans se sentó a su lado. Normal que no entendiera nada la pobre. A veces algún incauto de la esfera mortal llegaba hasta un portal natural como el que él mismo acababa de pasar. Sin embargo, muchos humanos no aguantaban la presión mágica que había al pasar de un mundo al otro, y algunos perdían el juicio, otros podrían llegar a perder la memoria completamente, y en algunos casos, les provocaba la muerte. Pero los humanos con cierta afinidad mágica podían llegar sin problemas al otro lado, aunque claro, sin saber lo que les ocurrió.

Por lo que Vanessa le explicó, su grupo estaba haciendo maniobras en la selva amazónica cuando, por azares del destino, apareció en un desierto ella sola, sin ninguno de los demás miembros del grupo. Durante los dos días que pasó vagando por el desierto estuvo pensando que eso era un tipo de malísima pesadilla, que en cualquier momento despertaría.

Cuando Lirans dejó de explicarle lo que había pasado, tuvo que detenerla para que dejara de pellizcarse.

-¿Estás bien de la cabeza, tú? -Le preguntó al final.
-Estoy mucho más cuerdo de lo que puedes llegar a creer. -Le dijo el rubio dándole un trozo de carne seca que le quedaba. -Sin embargo, pronto podrás estar de nuevo en tu mundo.
-Otro mundo... ¿Cómo puede ser esto?
-Ya te lo he explicado. Este mundo coexiste con el tuyo, pero vosotros nunca lo habéis visto, y mejor que no lo veáis u os pasará como a ti, o cosas peores. -Se levantó y se sacudió la arena. -¿Tienes fuerzas para caminar? Si tengo que abrirte un portal tendremos que salir del desierto.
-Pero... ¿Por qué no abres ese portal, o como se llame, ahora? -La chica se levantó mirándole con el ceño fruncido.
-Muy simple... -Se giró y señaló en la dirección donde había aparecido él mismo. -No muy lejos de aquí, en medio del desierto, hay un portal natural, uno que se creó hace siglos por la propia magia. Si abro un portal aquí, acabarías en tu mundo, si, pero en otro desierto, pues es desde donde vengo yo.

Refunfuñando y molesta, Vanessa se cruzó de brazos y empezó a mirar alrededor.

-¿Y si vamos a esas montañas? -Dijo ella señalando hacia el sur. -Supongo que allí podrás abrirlo.
-Supongo que si... -Dijo él sonriendo y mirando la misma dirección. -Y me ahorra tiempo, ese es el lugar al que voy.
-Pues vamos. ¿A qué esperamos? -Empezó a caminar, pero se detuvo y se giró a Lirans. -¿A qué esperas?
-¿Prefieres ir tú delante, entonces? -Dijo él sonriendo y acercándose a ella.
-¿Por qué no?
-En fin... vamos.

El camino se hizo largo y tedioso, siempre ante las preguntas de Vanessa. Con paciencia, Lirans le explicaba todo lo que querría saber sobre su mundo, pero la hizo callar cuando le dijo que parecía una niña pequeña de ese mundo, preguntando por todo lo básico.

Cuando el desierto fue terminando se encontraron con algunas pequeñas poblaciones, o mejor dicho casas aisladas donde la gente salía a preguntarle si estaban bien o si se habían extraviado. Cuando Lirans les explicó que estaban de viaje para llegar a las montañas, las personas que encontraban les decían que tuvieran cuidado y les daban botas de agua a cambio de unas monedas. Cuando llegaban al final del desierto, el sol empezaba a despuntar, y en la última casa que encontraron una muchacha con camisón rojo les invitó a pasar el día en su casa. Lirans se negó, explicándole que estaban ahí por motivos "más fuertes que el propio sol" y la joven asintió seria y se metió de nuevo en la casa dándole las "buenas noches". Cuando empezaron a caminar de nuevo, Vanessa se colocó al lado de Lirans y le preguntó.

-¿Por qué esa extraña conversación?
-¿Lo de pasar el día en su casa?
-Y... lo de no-se-qué del sol.

Lirans sonrió.

-¿Sabes porqué nos encontramos a gente a estas horas de la noche?
-Porque... ¿Tienen insomnio?
-¿Todos ellos?
-Oye, es tú mundo, tú sabrás.
-Estamos en el reino de Nod. -Dijo él después de reír un poco. -Aquí viven de noche y duermen de día.
-¿Cómo los vampiros de las novelas?
-Exacto, solo que los de Nod no suelen trasformarse en murciélagos.
-¿Me estás diciendo que acabamos de hablar con...? -La chica se puso algo pálida al mirarle como sonreía.
-Oh, si. Todas las personas de este reino son vampiros chupasangres. -dijo riendo el rubio ante la cara de ella. -Pero tranquila, no suelen atacar a los viajeros, y menos después de salir del desierto.
-¿Por qué...?
-Porque tienen pocos alimentos en la sangre.

Ante la naturalidad de Lirans, Vanessa restó en silencio.

Y ahora estaban en el paso de las montañas. Poco a poco fueron subiendo por el camino o por los escalones de piedra, hasta que se detuvieron a descansar.

Lirans sonrió al pensar en la chica. Le recordaba mucho a su hermana. Ambas tenían un carácter fuerte y les costaba mucho pedir ayuda. Y, sin quererlo, se puso a pensar en ella. ¿Conseguiría devolverle su cordura? Aunque, por delante de todo... ¿Sería ella la líder de esa manada?

Sus pensamientos fueron detenidos cuando escuchó un grito desde lo alto de las escaleras. Dio dos saltos para plantarse en lo alto para ver a un hombre agarrando a Vanessa y acercando su boca al cuello de la chica. El rubio saltó de nuevo, sacó su espada y fue directo al cuello del hombre.

Un movimiento, un choque de metales y Vanessa cayó al suelo, Lirans a su lado y el hombre quedó cerca de otras escaleras con una espada negra como la noche en su mano.

-¿Estás bien, Vanessa?
-Si...

Ambos hombres se miraron a la cara. Los ojos azules del rubio contrastaron con los rojos del moreno.

-Solo los vampiros más poderosos salen de día... -Dijo Lirans en guardia.
-Exacto... Pero ella no es uno de nosotros, y tu tampoco... -El moreno agarró con ambas manos su espada. -Parece que hoy tendremos un festín.

El moreno saltó y descargó su golpe, mientras que Lirans lo detuvo y le empujó hacia atrás. Dos golpes y dos choques de acero, y un tercero que hizo que Lirans saltara hacia atrás. La espada del moreno parecía despedir rastros de electricidad.

-Detente, vampiro. -Dijo el rubio. -Estoy aquí con el permiso de uno de los vuestros.
-Bueno... ¿Y qué? Ella no.

Lirans se interpuso entre los otros dos justo cuando el moreno iba a descargar su golpe. Abriendo la mano, agarró la empuñadura de la espada negra y golpeó una fuerte patada en el estómago al contrario. Este se soltó y se alejó un poco en el momento en que las gotas de agua empezaban a caer con rapidez. Lirans saltó e hizo otro corte alto, pero el moreno se agachó justo a tiempo, preparando la espada para dar un golpe fatal.

Un trueno se escuchó justo cuando el moreno dio el golpe fatal. Pero la cabeza de Lirans estaba en su sitio, y el moreno no tenía espada. Esta estaba clavada en el tronco de un árbol.

-Eres un hechicero... -Dijo el moreno caminando hacia atrás. -Tienes una parma mágica de narices.
-Y tu eres un buen guerrero. -Elogió Lirans levantándose. -No esperaba menos de la élite de Nod.
-¿Cómo sabes que soy de la élite?
-Lo supuse, no todos los días ves a vampiros que caminan por el día. -Después de esa frase, Lirans se sacó la bufanda y se la colocó a Vanessa en la cabeza, la cual seguía en el suelo. -Vengo por invitación de Shadow Dragmare para ver a los dragones negros.

El moreno abrió los ojos ante dicho nombre y rió un poco.

-Así que tu eres el famoso Lirans. Mi hermano no dejaba de quejarse porque no llegabas.
-¿Eres el hermano de Dragmare? -Ahora el sorprendido era Lirans.
-Si. Mi nombre es Tarsic. -Caminó un poco y agarró la espada, la arrancó y la guardó en su vaina. -Él nos dijo que te dejáramos hacer lo que creías correcto, aunque yo me negué en un principio. Pero viendo como luchas ahora le entiendo un poco más.

Tarsic se dirigió hacia las escaleras por las que había llegado Lirans y empezó a bajarlas.

-Dale mis disculpas a la muchacha. No se suelen ver mujeres así por estos lares y me exalté.
-Vete al infierno... -Dijo ella levantándose aún temblando.

Ante el comentario, Tarsic fue bajando las escaleras riendo. Luego, la muchacha se giró a Lirans, el cual estaba escribiendo en el suelo unos símbolos.

-¿Qué haces?
-Preparo el portal para que te marches de este mundo. ¿No era eso lo que querías?
-Si pero... ¿No decías que estábamos demasiado cerca del desierto?
-Si, pero era para ver cuanto aguantabas en este sitio, pero desde que llegamos al paso de montaña ya podía haber abierto el portal. -Se levantó sacudiéndose las manos y la miró. -Además, abrir un portal consume bastante magia, y quería reservarla.
-¿Para qué?
-Asuntos personales. -Dijo él llevándola hasta el dibujo que había hecho en el suelo. -Ahora quédate quieta y no hables. Te mandaré a algún lugar civilizado de tu mundo.

Lirans dijo las palabras, el dibujo se iluminó e hizo un único gesto con la mano. Al instante, Vanessa fue absorbida por el círculo mágico dejando únicamente la bufanda de Lirans. Este cerró el portal y agarró la bufanda mientras borraba las runas con el pie. Estaba seguro de que la había mandado a un lugar civilizado cerca de donde debía de vivir, pero claro... Aquel hechizo le había quitado las memorias de los últimos días.

Se colocó la bufanda mojada en el cuello y se giró hacia el paso de montaña. Su viaje llegaría pronto a su fin.


Capítulo V

Los dragones de las montañas de Nod estaban tranquilamente en sus cuevas. Las crías jugaban entre ellas y las no tan crías escuchaban los relatos de los ancianos. Unos cuantos, sin embargo, estaban reunidos algo alejados de la manada.

-¡Esto ya pasa de castaño oscuro! -Gritó uno de los más jóvenes. -Estas son nuestras montañas. ¡Nuestras! ¿Por qué demonios tenemos que dejarles el pico más alto a aquella manada de blandengues albinos?

Murmullos de asentimiento. El joven dragón siguió hablando.

-Durante siglos nosotros hemos dominado este paraje gracias al soberano del reino de Nod, y por tonterías tuyas ahora tenemos a esos allí arriba. -El joven se encaró ante un gran dragón negro. -¡Explícate, Rimzet!

El dragón negro le miró sin inmutarse y dio un único paso al frente. El resto de dragones, excepto el más joven, reculó por instinto.

-¿Por qué tengo que darle explicaciones a un niño como tú? -acto seguido, miró hacia la manada. -No tienes ni idea del porqué hago esto, y aunque te lo explicara, no lo entenderías.
-Pues exijo una explicación. ¡Ahora!

El gran dragón negro se giró hacia él con el ceño fruncido. Los demás dragones dejaron al joven prácticamente solo.

-¿Exiges? Y dime... -Un paso y el joven dragón reculó un poco. -¡¿Quién demonios eres tú para exigir nada?!

El joven dragón supo que había metido la pata hasta el fondo, y se le notaba. Rimzet le miró desde lo alto.

-Lárgate y no te presentes ante mí hasta que sepas apreciar el porqué de las cosas.

Sin embargo, unos murmullos de expectación hicieron que todos se giraran hacia la manada. Allí había un joven rubio con alas de ángel hablando con uno de los más ancianos dragones. Este le señaló hacia el lugar donde se encontraba Rimzet, y ambos se miraron a los ojos.

-Marchaos.
-Pero... ¿Y ese individuo? -Preguntó uno de los allí reunidos.
-Yo hablaré con él. Dejadle tranquilo.

Los dragones negros miraron extrañados a su líder, pero le hicieron caso. No se sabía muy bien lo que ocurrió con el último que osó contradecirle.

Mientras ellos se dirigían a la manada, el ángel se acercó al gran dragón negro. Quedaron frente a frente, sin decir palabras. Cuando estuvieron completamente solos, el rubio hizo una reverencia con la cabeza.

-Mis respetos, líder de los dragones negros de Nod. Soy Orpheus Lirans, hijo de Gaia Lirans, discípulo de Geierth Ton, miembro del clan Eterno y descendiente de los dragones angelicales.

El dragón negro observó con firmeza al joven de alas de ángel, y cuando este levantó la cabeza, fue el turno del negro de agacharla.

-Recibo tus respetos y te doy los míos, descendiente de los Lirans. Mi nombre es Rimzet, servidor del rey de Nod, miembro del clan del Fuego y líder de esta manada de Dragones Negros. -Levantó la cabeza. -Te doy la bienvenida a esta montaña. ¿Qué te trae por aquí, joven ángel?
-Vengo en busca de un grupo de dragones blancos, gran Rimzet. -El rubio miró en dirección a la manada de dragones. -Me habían dicho que usted podría darme el lugar donde estaban.
-Así que vienes de parte de Dragmare. ¿Verdad?
-Así es, señor. -Girándose, Lirans miró con seriedad a su homónimo negro. -Y el asunto no es trivial, que digamos.

El dragón negro le miró con seriedad.

-El grupo que buscas, joven dragón, está en lo más alto de la más alta cumbre. -Rimzet señaló hacia una montaña cercana con la cabeza. -Allí está la manada de dragones blancos, dirigida por una dragona angelical.

Los puños de Lirans se cerraron inconscientemente. Miró a la montaña.

-Así... que está aquí.
-Ten cuidado, joven Lirans. -El dragón negro le miró de nuevo. -Su líder perdió, por algún motivo, la cordura. Y solo está tranquila cuando duerme o come.

Lirans se acercó hacia el borde del lugar donde estaban ambos. Debía ser ella, sin lugar a dudas.

-Gracias por darme esa advertencia, gran Rimzet, pero...
-Pero ya lo sabías. ¿Verdad?

Lirans se giró sorprendido, pero después sonrió.

-Dragmare os ha contado algo. ¿Verdad?
-No, pero ella tiene tu mismo olor. -Rimzet se colocó pesadamente a su lado. -¿Es parte de tu familia?

Se giró hacia la montaña.

-Es... la única familia que me queda... -Cerrando el puño, siguió hablando. -Azalie Lirans, hija de Gaia Lirans... Mi única hermana...
-Algo terrible tuvo que pasar...
-Algún día os lo contaré, gran Rimzet. Ahora... debo ir a su encuentro.
-Espera... -El dragón negro se giró hacia el rubio, y de entre sus escamas sacó un odre. -Tómate un trago antes.
-No suelo beber alcohol.
-Vamos, es whisky de dragón. Esto te hace salir pelo en el pecho.

Ambos se echaron a reír ante la ocurrencia y, cogiendo el odre, Lirans lo destapó. Le echó una olisqueada y se apartó al instante.

-Dale un trago, ya verás.
-En fin, si usted lo dice... -El rubio alzó el odre y el líquido cayó en su boca.

Quemaba como su propio fuego en su garganta. Tosió unas cuantas veces ante la risa de Rimzet.

-Diosas... esto está buenísimo, pero... -Carraspeando, le pasó el odre al dragón negro. -Está muy fuerte.
-Solo para ocasiones especiales. -El dragón bebió un trago y guardó el odre. -Y encontrar a tu hermana es una ocasión especial, amigo mío.

Lirans sonrió y se encaramó al borde, abrió sus alas y de un fuerte salto empezó a volar. Rumbo a lo más alto de la más alta cumbre. Aleteo tras aleteo, su ansiedad crecía a cada metro que ascendía. Debía llegar y devolverle la cordura, pero... Sería difícil.

Atravesó las nubes y, empapado, llego al borde de la cumbre. Allí habían siete dragones blancos estirados, y a lo lejos, un dragón blanco con alas de ángel durmiendo. Era ella.

Comenzó a caminar guardando sus alas, pero un dragón blanco se puso en su camino.

-No aceptamos humanos.
-Apártate del medio. -La voz de Lirans se volvió fría como el azul de sus ojos.
-Lárgate, humano.
-He dicho... -Llamas poderosas envolvieron a Lirans, y cuando le rodearon, salió de ellas un gran dragón blanco de alas de ángel. -¡... Que te apartes del medio!

El grito sumado al gran rugido que emitió hizo que todos los dragones se pusieran en guardia, pero el que estaba delante se apartó ante el poder mágico que se desprendió de él.

Y el rugido también la despertó a ella, la cual rugió en respuesta. Lirans alzó el vuelo en dirección al cielo, y justo cuando la dragona blanca fue a volar, un enorme chorro de fuego salió de la boca del joven dragón, envolviéndola completamente. Los dragones blancos miraron a su líder extrañados, y abrieron los ojos aún más cuando el fuego se deshizo mostrando a una joven de ropajes verdes y alas de ángel. A su alrededor había humo de color rojo, y con los ojos inyectados en sangre miró furiosa al gran dragón blanco que bajaba. Poco a poco, este también regresó a su forma humana.

-Ahora que vuelves a ser humanoide... Arreglemos esto como se merece. -Lirans se puso en guardia sin su espada, guardando las alas y mirándola fijamente. -Aunque tenga que hacerte daño... pienso devolverte la cordura.

La muchacha gritó y se lanzó hacia él. Los golpes se sucedieron rápidamente, dominando en un principio la joven pelirroja con sus rápidas patadas, pero las fintas del rubio y las manos de este detenían y esquivaban cada uno de sus ataques.

En el momento en que dio un puñetazo, Lirans agarró el brazo y de un fuerte tirón la lanzó hacia el suelo. El golpe fue potente, pero del propio impulso ella le alzó hacia el cielo. Abrió los brazos y en sus manos se crearon dos esferas eléctricas, y desde el suelo mandó a Lirans dos rayos desde sus manos. El primero pudo esquivarlo, pero el segundo le dio de lleno en el pecho, haciéndole caer de bruces al suelo. La chica se levantó y voló hacia él, pero al levantarse, ahora eran los ojos de Lirans los inyectados en sangre.

-¡Fuego de Tempestad!

Los brazos de Lirans se encendieron como teas ardientes, y un potente chorro de llamas salió en dirección a la chica. Esta solo se detuvo y abrió las alas, y de un salto esquivó las llamas, apuntando con la mano al rubio. Este abrió la mano y ambos soltaron un potente rayo que hizo explosión en el lugar donde se cruzaron empujándolos a ambos hacia atrás. Jadeando, el chico se secó el sudor con la manga. Sus ojos volvían a estar normales.

-Sabes que odio que me den ahí... -Extendió sus brazos y de ellos empezó a surgir una esfera blanca. -Veamos que pasa cuando uso tu elemento...

La esfera blanca empezó a soltar rayos de color negro mientras Lirans recitaba el hechizo. Ella estaba quieta, y cuando la bola mágica estaba formada, rodeada completamente de relámpagos negros, empezó a correr. Lirans fue en su dirección con el hechizo entre las manos.

Ambos saltaron, y el gritó.

-¡Trueno Blanco!

Un potente haz de luz blanca salió de los rayos negros de sus manos en dirección a la muchacha. Sin embargo, ella aleteó un poco más y esquivó por poco el cilindro blanquecino. En ese descuido, en una de las manos de la chica salió una esfera luminosa de color negro, la alzó y la lanzó al rubio. Este la vio venir, pero la recibió de lleno, deshaciendo el cono albino y reteniendo los rayos negros en sus manos. Ella cayó al suelo, y corriendo se dirigió a él para darle el golpe de gracia.

Pero Lirans abrió los ojos, juntó las manos y los rayos negros se juntaron en la esfera negra que antes le había tirado. Ella saltó hacia él, pero él fue más rápido lanzándole la esfera a modo de cono oscuro. La chica recibió el golpe de lleno y cayó unos metros atrás de espaldas. Jadeando, el rubio cayó sobre una de sus rodillas viendo como los dragones blancos se apartaban o empezaban a volar fuera del lugar.

-Por favor... que estés desmayada...

Pero la súplica de Lirans no fue escuchada, y sentándose en el suelo, la chica se sacudió la cabeza y le miró con aquellos ojos inyectados en sangre. Ambos se levantaron.

-Sigues tan decidida a no perder como de costumbre... -Con una sonrisa, Lirans se puso en guardia de nuevo. -Veamos hasta cuanto dura esa determinación. ¡Alas Heréticas!

Los pies de Lirans se iluminaron levemente, y de un rápido movimiento se plantó delante de ella. Un puñetazo en el estómago y una patada la tiraron hacia atrás, pero el siguiente golpe lo esquivó.

-¡Te voy a despertar aunque sea por las malas, Azalie!


Capítulo VI

Poco a poco, unos pasos se escucharon desde el borde del precipicio. La manada de dragones negros se giró a ver al intruso, pero en seguida bajaron la cabeza en señal de respeto. Incluso los más jóvenes sabían quien era él. Pasó al lado de ellos sin decirles ni una sola palabra, y se dirigió hacia donde estaba el líder de la manada.

Rimzet miraba al cielo, a la cumbre donde debían estar los dragones blancos. Notaba el ambiente mágico que de allí surgía y no se dio cuenta de que había alguien a su lado hasta que este habló.

-¿Ha llegado ya?

El dragón se giró y miró al recién llegado, y haciendo una reverencia, volvió a mirar al cielo.

-Si, majestad.
-Parece que están peleando.
-Así es, y no es una pelea sencilla.
-Lo se... Pelear contra los de tu propia sangre siempre es duro. -El hombre se rascó un momento la cabeza y miró al dragón. -Dime... ¿Qué te ha parecido él?
-Un joven prometedor. -Contestó enseguida el dragón. -Más si se rodea de poderosos guerreros.
-Espero que esté un tiempo en Nod. Quisiera que conociera a los demás.
-¿Acaso no les conoce?
-Solo conoce a Tarsic, y fue por una casualidad. -Mirando al dragón con una sonrisa, se señaló el cuello. -Estuvo a punto de decapitarle en un par de movimientos.

El dragón soltó una pequeña carcajada y miró al rey.

-Buena la tuvo que armar, majestad.
-Te tengo dicho que me llames por mi nombre, Rimzet. -Dijo enfadado y cruzándose de brazos el hombre, pero miró hacia el cielo. -¿Qué es eso...?

Ambos miraron, y desde la cumbre vieron como empezaban a bajar los dragones blancos. Uno de ellos cayó en la planicie donde estaba la manada de negros, y estos le rodearon. Parecía un ejemplar mayor, y bastante fatigado. Rimzet y el rey se acercaron a él y fue el líder de la manada el que habló.

-Dime. ¿Qué está ocurriendo allí arriba?

El dragón le miró, pero no tenía fuerzas ni para rugir. Abrió un poco la boca para que salieran sus palabras.

-Nuestra líder está luchando contra alguien igual a ella.
-¿Y por qué habéis dejado a vuestra líder sola? -El dragón parecía enfadado. -¿Tan poca lealtad le tenéis?
-En lealtad no nos gana nadie. -Dijo enfadado el albino. -Pero... el dragón que llegó es peligroso... Y si están luchando los dos, podíamos salir heridos. Hay dos hembras en nuestro grupo que esperan crías, no queremos que pase nada malo.
-¿Cuanto falta para que nazcan las crías? -Preguntó el rey.
-Poco... no aguantarían un viaje largo.
-Diles a tus compañeros que vayan a las montañas del oeste. -Dijo Rimzet. -Allí podrán parir tranquilamente. Están las matronas de nuestra manada y no os harán ascos.
-¿Por qué hacéis esto? -Preguntó el blanco levantándose.
-Seamos de la raza que seamos, seguimos siendo hermanos. Una vida pequeña nunca debe ser desperdiciada. -Rimzet se giró junto con el rey para dirigirse a su punto de observación. -Después podéis iros de aquí.

El dragón blanco alzó el vuelo y se alejó de ellos, pero dos de los dragones negros más atrevidos decidieron acompañarle.

Ambos, dragón y rey, miraron al cielo, donde aparecían cada cierto momento alguna explosión, algún rayo o algunas llamas.

-No tardarán mucho. -Dijo el rey.
-No...

Arriba, mientras tanto, Lirans agarró del cuello de la camisa a la chica, y le dio un puñetazo en el estómago que la tiró hacia arriba, seguido de otros tantos golpes. Sin embargo, ella le agarró uno de sus brazos y le dio una poderosa patada en la cara que le hizo caer al suelo. Cuando él miro hacia arriba, ella le acababa de lanzar dos esferas de fuego. Lirans abrió los brazos gritando un conjuro, y una esfera azul le rodeó deteniendo el fuego. Ella bajó a su mismo nivel, y fue rauda hacia el rubio, el cual abrió su barrera y agarró las dos manos de la chica.

-Cinco años... ¡Cinco malditos años buscándote! -Una patada en el mentón y ella se soltó, y Lirans le agarró de las piernas, dándole vueltas. -¡Y no voy a irme hasta que vuelvas a ser tú misma!

La soltó y le lanzó un hechizo eléctrico gracias al mismo impulso. Ella chocó contra la pared, dejando un hueco significativo, y al mirar se encontró con el rayo. Tapándose con las alas, el rayo se fundió entre sus plumas y saltando se posó en el suelo. En las manos de ella aparecieron rayos de color blanco y una esfera negra. Lirans le miró y recitó su conjuro, rodeando sus manos de rayos negros y en sus manos de una esfera blanca.

-¡Ya está bien de tanta tontería! -Gritó él extendiendo las manos. -¡Sabes que esto va a ser peligroso!

La chica extendió sus brazos hacia delante, y ambos gritaron como si fuera un rugido. Un cilindro blanco rodeado de rayos negros salió de nuevo de las manos de Lirans, mientras que de las manos de su hermana salía un hechizo completamente opuesto: un cilindro negro con rayos blancos rodeándolo. Ambos hechizos se golpearon creando una explosión.

Ambos se miraron. Las llamas de los brazos de la chica volvieron a surgir, mientras que Lirans levantó su guardia.

-No pensé que tendría que usar una terapia de choque tan fuerte...

Los brazos del rubio también se rodearon de llamas, pero estas llamas se tiñeron de un negro extraño. Poco a poco el fuego le rodeó por completo. La pelirroja le lanzó el hechizo de sus manos, pero estas llamas estallaron al hacer contacto con las llamas negras. Por primera vez, la dragona pareció dudar.

-¡Esto me duele más a mí que a ti, Azalie! -Juntando las manos, las llamas se arremolinaron en las palmas. -¡Pero no hay otra opción! ¡Sal, Dragón de Llamas Infernales!

Las llamas se condensaron y salieron a chorro formando la figura de un gran dragón con esas llamas formando su cuerpo. El dragón abrió las fauces en el mismo momento en que la chica abrió un escudo mágico. Los colmillos, la boca y el propio dragón hicieron que la esfera mágica se levantara del suelo. Volando, el hechizo se dirigió hacia el suelo con la esfera siendo empujada por él, y al tocar esta el suelo se escuchó como un cristal romperse y un grito desgarrador que se escuchó allá donde estaba la manada de dragones negros.

-¿Eso han sido...? -El rey miró al dragón preocupado. -¿Llamas del infierno?
-Es muy posible... -Rimzet no le miró. -Pero estoy más preocupado por aquel grito. No parecía humano...
-Pero para usar esas llamas... el que haya sido debe haber usado gran parte de su reserva de magia.
-Ha sido el muchacho. -El rey abrió los ojos, y el dragón le miró. -Se necesita estar totalmente cuerdo y tener un gran dominio de ese hechizo para poderlo usar, y la líder de aquellos dragones estaba algo... loca. ¿Recuerdas?

Jadeando y desprovisto ya de las llamas negras, Lirans esperó a que la humareda se disipara manteniendo la guardia. Dio un paso, otro más, y corrió hacia donde había el pequeño cráter donde ahora estaba desmayada su hermana.

-Maldita sea... -El rubio se agachó y levantó un poco a la chica. Esta no reaccionaba. -¿Por qué siempre has de ser tan testaruda...?

Con la otra mano sacó de su bolsillo la piedra lapislázuli de la Señora del Bosque, la Lágrima de Sirena, y la colocó en su frente, dejándola estirada lo máximo posible. La mano de Lirans se iluminó con una tenue luz verdosa, y la aplicó en la gema que se iluminó levemente.

-Maldita sea... No pienso perderte... no ahora...

La luz verde salió con fuerza, y la piedra resplandeció en un chorro de luz azul. Pareció como si de la joya saliera una capa de agua que cubrió la frente de la chica y, lentamente, desapareció como si la piel la absorbiera.

Lentamente, Lirans abrió los ojos de la chica con sus dedos, y después suspiró aliviado.

-Ey... ¿Necesitas ayuda?

Al girarse, se encontró con el hombre que hablaba con Rimzet y a este mismo fuera del cráter.

-Me iría bien encontrar algún lugar donde descansar, Dragmare. -Dijo Lirans sonriendo. El vampiro se golpeó en el pecho.
-Déjame eso a mí.


Capítulo VII

Rimzet aleteaba con tranquilidad por el cielo con Dragmare y Lirans en su espalda, y en los brazos de este último iba la muchacha pelirroja totalmente inconsciente.

-Me sorprendió que usaras las llamas infernales, Lirans. -Dijo el vampiro. -Había oído rumores de que era un hechizo únicamente de los dragones angelicales, pero no creí que lo vería hoy.
-El hechizo lo creó nuestra rama. -Dijo el rubio agarrando fuerte a la muchacha. -Sin embargo, no todos los dragones angelicales pueden usarlo.
-Solo los que tengan como elementos básicos el fuego y la oscuridad. ¿Verdad? -Preguntó Rimzet riendo. -Es irónico que seas un dragón angelical si uno de tus elementos es la oscuridad.
-No es tan raro, al fin y al cabo, la oscuridad en sí no es maligna. -Explicó Lirans encogiéndose de hombros.
-Este tipo cada vez me cae mejor. -Rió Dragmare.

El dragón negro empezó a sobrevolar las casas más cercanas a las montañas, aquellas que, horas antes, Lirans había visto junto a la mujer de la esfera mortal. El rubio y el vampiro hablaban tranquilamente mientras el dragón volaba sin prisa. Cuando Dragmare le explicaba a Lirans que era el rey de Nod, la ciudad estaba varios metros bajo ellos.

Descendiendo, Rizmet se dirigió al gran castillo del reino. Las plataformas preparadas para que descendieran tales seres estaban en las paredes con portales que llevaban a grandes habitaciones o salones. El dragón negro se dirigió a una de las plataformas más altas, plantándose en ella con cuidado. Una muchacha con vestido de doncella se les acercó y, haciendo una reverencia les hizo saber que la habitación estaba preparada.

Dragmare bajó el primero dándole las gracias a la mujer y le dijo que llamara a algún curandero. Rimzet ayudó a Lirans a bajar junto a su hermana y el rubio se dirigió al aposento acompañado del vampiro. La luz de la luna iluminaba la estancia y varias llamas mágicas de un color azulado daban vida al oscuro lugar. La doncella abrió la cama, de tétrico estilo pero con unas buenas sábanas y un mullido colchón. Entre ella y Lirans colocaron a la chica y la taparon.

La muchacha se marchó, y Dragmare se acercó al rubio.

-¿Cuánto tiempo lleva en estas tierras? -Le preguntó el dragón.
-Algo así como cinco años... -Dijo el vampiro en voz baja. -Un día se abrió un portal en el cielo de Nod y apareció ella, dirigiéndose al bosque del norte. Rimzet se dirigió a dialogar pero...
-Le atacó. -concluyó el rubio.
-Rimzet tiene mucha experiencia, y de alguna manera llegaron a unas tablas. -Dragmare miró al dragón negro posado en la plataforma. -Al poco tiempo se juntaron alrededor de tu hermana algunos dragones blancos, los que viste ahí arriba. Dieron varias vueltas entrando y saliendo de los límites de Nod hasta que se posaron en las montañas cerca de la manada de Rimzet.
-Allí donde los encontré. -Repitió Lirans.

El vampiro asintió.

-Por algún motivo, le pedí a Rimzet que los tuviera vigilados. -Explicó Dragmare. -Pero entonces estalló la guerra y muchas veces tenía que estar fuera de aquí.
-Y entonces me puse en contacto contigo.
-Así es. -Metió las manos en sus bolsillos. -Realmente fue una sorpresa. Y un alivio. Un día desapareció una de mis espadas más preciadas. Poco tiempo después me la mandan desde la Torre Negra, y al tiempo llega esa dragona. Y cuando pensé que pronto llegaría la batalla entre mis dragones negros y los dragones blancos, llegas tú buscándola. Como si lloviera sangre. ¿Entiendes lo que quiero decir?
-Puede ser... -Lirans sonrió, pero miró hacia la cama. Un gemido desde ella y un movimiento de ropas se escucharon. -Está... despertando...
-Anda, vete a ver a tu hermana. -Dijo con una sonrisa Dragmare.
Caminó veloz, casi corriendo, viendo como ella se incorporaba frotándose la cara. Cuando se detuvo a su lado se arrodilló a su lado. Ella se apartó un momento la mano de la cara y se la miró como si fuera la primera vez. Sus ojos verdes estaban atónitos, y se movía con lentitud mirando a todas partes, hasta que se detuvo en el rostro de su hermano. Los ojos verdes de ella se volvieron llorosos.

-Bienvenida de nuevo...

La mano de la chica se dirigió hacia el rostro de él, como si estuviera muy lejos. Cuando le tocó, las mejillas se le llenaron de lágrimas.

-Her... mano...

Dragmare dejó a los dos solos en el momento en el que él agarró la mano de la chica, la tiró hacia él y la abrazó. Ella empezó a llorar llamándole por su nombre una y otra vez, y él no dejaba de decirle que ya había terminado, que ya volvían a estar juntos.

Cinco años habían pasado desde que ella perdiera la cordura y se alejara de él. Cinco años buscándola desesperadamente por las esferas mortal, mágica e infernal, removiendo cielo y tierra para encontrarla.

Porque sabía que estaba viva en algún lugar, y él la encontraría.

EL FIN... Y EL COMIENZO DE UNA GRAN AVENTURA.

1 La gente opina...:

Muy mal. Deberías haber separado los capítulos y poner un post por cada capítulo. De la forma que lo has hecho resulta cansino.

Guerrero Gris

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Estudiante de Psicología, escritor en ratos libres, creador de juegos de rol cada tanto, padre de familia, aficionado a los videojuegos, Ásatrù. Bastante por hacer. ¿No?

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